Verano y digestión: por qué los excesos de enero siguen llenando las guardias
El calor, los cambios de horario y los excesos en la alimentación y el alcohol provocan un aumento de consultas médicas por problemas digestivos durante el verano. Un especialista detalla los cinco trastornos más frecuentes y cómo prevenirlos.
Durante el mes de enero, las guardias médicas y consultorios registran un aumento significativo de consultas por molestias gastrointestinales. Este fenómeno se debe a una combinación de factores estacionales como el calor, los cambios de rutina, las comidas copiosas y un mayor consumo de alcohol. “El sistema digestivo no entra en vacaciones. Cuando lo sometemos a excesos repetidos, las consecuencias aparecen rápidamente”, advierte el especialista.
Dinimo Bolívar-Sáenz, gastroenterólogo quirúrgico y clínico, explica que es común recibir pacientes cuyos síntomas comenzaron como una leve molestia y se intensificaron tras varios días de desorden alimentario. A diferencia de lo que se cree, estos problemas no se limitan a las fiestas de fin de año, sino que suelen sostenerse a lo largo de todo el período vacacional.
Los cinco problemas digestivos más frecuentes del verano
El experto detalla cuáles son las afecciones que más se repiten en esta época. En primer lugar, están las intoxicaciones alimentarias, favorecidas por las altas temperaturas que aceleran la descomposición de los alimentos mal conservados. Sus síntomas incluyen vómitos, diarrea, fiebre y deshidratación.
En segundo término, se ubican las crisis de reflujo gastroesofágico. Las comidas abundantes, el alcohol y el hábito de acostarse poco después de comer generan acidez, ardor en el pecho, regurgitación y dolor torácico.
La distensión abdominal y los cólicos conforman el tercer grupo. “El exceso de grasas, azúcares y bebidas alcohólicas aumenta la atracción de agua hacia la luz intestinal y produce mayor cantidad de gases como hidrógeno, metano y dióxido de carbono”, explica Bolívar-Sáenz, lo que deriva en hinchazón, flatulencias y dolor.
El cuarto problema es el distrés postprandial, esa sensación de pesadez extrema y saciedad precoz que aparece tras ingerir comidas muy voluminosas o condimentadas, las cuales enlentecen el vaciamiento gástrico.
Finalmente, la gastritis asociada al consumo de alcohol es la quinta afección común. El alcohol actúa como un potente irritante gástrico, disminuyendo la producción de moco protector y pudiendo provocar, en casos severos, erosiones o sangrados digestivos.
Síntomas de alarma que requieren atención inmediata
Si bien muchas molestias pueden resolverse con medidas simples, el gastroenterólogo hace hincapié en la importancia de no automedicarse. Existen señales que exigen una consulta médica urgente y no deben ser minimizadas bajo ningún concepto.
Entre estos síntomas de alarma se encuentran los vómitos persistentes, la diarrea prolongada, cualquier tipo de sangrado digestivo, anemia, pérdida de peso involuntaria o dificultad para tragar. “Consultar a tiempo es el primer paso y el más importante”, remarca Bolívar-Sáenz.
Consejos clave para una digestión saludable en vacaciones
Para disfrutar del verano sin que el sistema digestivo pase factura, el especialista ofrece una serie de recomendaciones prácticas. Moderar las porciones y evitar las grandes cantidades en una sola comida es fundamental, así como mantener una hidratación adecuada, preferentemente con agua.
También sugiere evitar beber alcohol en ayunas y alternar siempre su consumo con agua. Es aconsejable regular la ingesta de grasas, dulces, picantes y condimentos, y respetar, en la medida de lo posible, los horarios habituales de las comidas. Un consejo final es no acostarse inmediatamente después de comer.
“Disfrutar del verano no implica excederse todos los días. El equilibrio permite cuidar la salud y evitar visitas innecesarias a la guardia”, concluye el gastroenterólogo Bolívar-Sáenz, resumiendo el mensaje central para prevenir estos trastornos tan comunes en enero.
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