Vecinos de La Cocha viven con el alma en vilo: el temporal dejó un socavón que amenaza con llevarse todo
Un estruendo en la noche cambió todo para un paraje del sur tucumano. Con un socavón de cuatro metros que se trajo el camino y la luz, 23 familias viven aisladas y con miedo de que sus casas caigan al abismo. ¿Escucharon sus reclamos a tiempo?
Un temblor bajo sus pies y un estruendo en la noche marcaron el inicio de una pesadilla para los habitantes de Puesto Nuevo. El temporal que azotó el sur tucumano no solo los dejó incomunicados y sin luz, sino que abrió un abismo de cuatro metros que pone en riesgo sus hogares. Mientras la lluvia persiste, 23 familias resisten en estado de máxima alerta.
La protesta se organizó bajo una llovizna persistente en el kilómetro 693 de la ruta nacional 38. Con carteles y desesperación, los vecinos del paraje rural del departamento San José, en La Cocha, reclamaron asistencia urgente. El paisaje de fincas de tabaco, soja, maíz y caña de azúcar se convirtió en un escenario de aislamiento total.
La noche del terror en Puesto Nuevo
Todo comenzó en la madrugada del miércoles, entre truenos y relámpagos. Un fuerte estruendo sacó a todos de sus casas. Lo que encontraron los heló: el camino vecinal clave para la circulación se había hundido, formando un hueco de cuatro metros de profundidad que rápidamente se llenó de agua y barro.
“Hace días que no dormimos; la lluvia no nos da tregua y nosotros ya no damos más”, confesó Antonia Gutiérrez, mientras bajaba por un improvisado sendero de piedras que ellos mismos armaron. El derrumbe no solo cortó el acceso, sino que se llevó postes y cables, dejando a todas las viviendas sin energía eléctrica.
David Villagra detalló el nivel de desamparo: “Ni siquiera tenemos señal, estamos completamente incomunicados. Hasta hace una hora tampoco teníamos agua potable”. La situación se agravó el viernes, cuando las acequias desbordaron, cubrieron la ruta 38 y avanzaron hacia las casas.
Un problema que viene de lejos y sin solución a la vista
Para los vecinos, el temporal solo destapó una crisis anunciada. Pablo Graneros apuntó a la expansión agrícola como una causa de fondo. “El gran problema es que al haber tantas fincas alrededor está todo desmontado y no hay nada que contenga o frene el paso del agua”, explicó.
Antonia Gutiérrez fue más contundente: “Esto es un problema viejo. Nos cansamos de hacer reclamos sobre el estado de los caminos y la falta de obras y no tuvimos respuesta. Cada vez que llueve es un drama, pero este año estamos viviendo una situación más extrema”.
Si bien personal de Vialidad Provincial llegó para colocar piedras y contener el terreno, los habitantes de Puesto Nuevo ven esto como un parche. “Es lo mismo de siempre, dan una solución temporal, no una a largo plazo”, lamentó Gutiérrez.
El miedo constante a que el suelo ceda
Con el alerta meteorológico aún vigente, la incertidumbre es la dueña del paraje. David Villagra expresó el temor que recorre a la comunidad: “Temblamos cada vez que escuchamos un trueno. El camino no aguanta otra crecida. Corremos el riesgo de que el terreno se siga socavando y que las casas que quedaron al límite se derrumben”.
La peor parte se la llevan al menos cinco familias que quedaron completamente aisladas tras el derrumbe, generando una angustia adicional entre sus vecinos. “No tienen cómo pasar y no sabemos nada de ellas”, advirtió Villagra.
Entre el barro, la lluvia intermitente y la falta de infraestructura, la comunidad de Puesto Nuevo intenta resistir. Su lucha no es solo contra los elementos, sino contra la sensación de abandono, mientras esperan que la ayuda llegue antes de que el próximo aguacero decida el destino de sus hogares.
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