Una supercelda arrasó el sudeste cordobés: el pedido urgente que lanzaron los productores
Una supercelda con granizos gigantes y vientos huracanados dejó una estela de destrucción en el corazón agrícola cordobés. Productores hablan de pérdidas totales y lanzan un pedido desesperado al Estado. ¿Podrán recuperarse de este golpe devastador?
Una tormenta de características extraordinarias, con granizo de gran tamaño y vientos rotativos, impactó en una franja estimada en 150 kilómetros de largo por 50 de ancho, dejando un escenario de destrucción que abarca a Isla Verde, gran parte del departamento Marcos Juárez, sectores del departamento Unión y localidades del sur de Santa Fe. El fenómeno, ocurrido el 18 de febrero, dejó pérdidas millonarias en plena antesala de la cosecha y generó un pedido concreto a las autoridades.
¿Qué fue lo que pasó exactamente?
Los técnicos describieron el fenómeno como una supercelda con corrientes ascendentes y descendentes que generaron granizos de forma hexagonal y ráfagas huracanadas. El área afectada podría alcanzar las 400.000 hectáreas, dentro de una región productiva que abarca unas 600.000 hectáreas. Los daños todavía no han sido cuantificados con precisión, pero se anticipa que son millonarios.
El impacto en los cultivos y la economía regional
El ingeniero agrónomo Esteban Bojanich explicó a TN que hay zonas donde el impacto fue total: “Hay lugares donde se llevó el 100% de los cultivos. Cuando caen piedras en esta época, no hay posibilidad de recuperación”. La soja —aún sin cosechar— y el maíz, que comenzaba a trillarse junto con algo de girasol, fueron los más castigados. “Nos dejó en foja cero”, resumió.
Marcos Juárez es una de las áreas más productivas de Córdoba, aportando cerca del 14% del total provincial. En un contexto de altos costos de producción, el golpe llega en el peor momento. “Es una zona que aporta muchísimo al ingreso agroexportador y este año los US$1400 millones que generaba no van a ser así”, advirtió Bojanich.
Daños que van más allá de los lotes
La tormenta no se limitó a los cultivos. Voló techos, rompió silos, destruyó galpones y provocó la muerte de animales. También afectó viviendas urbanas y rurales: prácticamente todas las casas registraron algún tipo de daño, desde vidrios rotos hasta voladuras parciales de techo. En zonas rurales, la caída de postes dejó sectores sin suministro eléctrico.
El reclamo urgente de los productores
Ante este escenario desolador, el reclamo es concreto: “la declaración urgente de la emergencia agropecuaria”. Productores de la región solicitan tanto a la Provincia como a la Nación que activen los mecanismos legales para aliviar la carga impositiva y habilitar herramientas financieras. “Se nos junta toda la parte impositiva. Es necesario evitar pagar esta cantidad de impuestos y tributos en la situación en la que estamos”, planteó Bojanich.
La prioridad inmediata para muchos será afrontar compromisos como alquileres e insumos. “El productor no tiene de dónde sacar plata”, remarcó. Por eso, además de la emergencia, pidió líneas de crédito blandas que permitan recomponer capital de trabajo y reparar la infraestructura dañada.
¿Qué pasará ahora?
La evaluación definitiva de los daños demandará al menos dos semanas. Productores, técnicos y compañías aseguradoras ya comenzaron a recorrer los lotes. Todo dependerá, además, de qué porcentaje de la superficie estaba asegurado y qué coberturas incluyen las pólizas.
Para las próximas horas está prevista la visita de funcionarios de la Secretaría de Bioagroindustria de Córdoba, en un intento por dimensionar sobre el terreno la magnitud del desastre. Mientras tanto, la región intenta organizarse entre relevamientos, reparaciones de urgencia y gestiones institucionales.
En una zona donde el campo es el principal motor económico, la tormenta no solo arrasó cultivos: también golpeó el entramado productivo, comercial y social. A pocas semanas de una cosecha que prometía oxígeno financiero, el granizo cambió el panorama por completo.
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