Una familia tucumana convierte la nostalgia por la achilata en un negocio que triunfa en Salta

La achilata, el clásico helado tucumano, es hoy el sustento de una familia oriunda de La Loma que la comercializa con éxito en Colonia Santa Rosa, Salta. Vendiendo 50 tachos diarios, convirtieron la nostalgia en un próspero negocio familiar.

Por infotucuman · 05/01/2026 · min de lectura
Una familia tucumana convierte la nostalgia por la achilata en un negocio que triunfa en Salta

Un sabor emblemático de Tucumán, la achilata, se transformó en el sustento principal de una familia oriunda de La Loma que ahora reside en Colonia Santa Rosa, Salta. Lo que comenzó como un antojo por el helado fucsia de la infancia derivó en una próspera actividad comercial que mueve 50 tachos diarios y sostiene el hogar.

De los viajes en camión a la venta ambulante

Patricia Ortiz, tucumana de 52 años criada en la zona detrás del hipódromo, lleva más de dos décadas viviendo en Colonia Santa Rosa, una localidad salteña de unos 17.000 habitantes. Junto a su esposo, Oscar Alejandro Tula, quien trabajaba como camionero, iniciaron el negocio hace casi una década. Los viajes frecuentes a Tucumán les dieron la idea de traer achilata para probar suerte, superando el desafío logístico de más de siete horas de ruta.

Al principio, las ventas se realizaban desde su casa y las cantidades eran pequeñas. Patricia recuerda que debía explicar a los vecinos de qué se trataba el producto, comparándolo con un refresco, hasta que lograban probarlo. El punto de quiebre llegó hace tres años, cuando Oscar perdió su empleo como camionero y la pareja decidió dedicarse por completo a la venta ambulante de achilata.

Un trabajo que no conoce de estaciones

Hoy, el matrimonio recorre las calles de la colonia de lunes a lunes, desde la siesta hasta el anochecer, salvo cuando la lluvia lo impide. Comercializan alrededor de 50 tachos por jornada, y muchas veces Oscar regresa a casa con apenas uno o dos sin vender. También realizan entregas a domicilio, venden en la plaza y participan en fiestas patronales, donde la demanda se multiplica.

Contra todo pronóstico, el negocio no se detiene en invierno. Incluso durante los meses fríos, los vecinos continúan buscando la achilata, abrigados pero fieles a la costumbre. La ofrecen en bochas pequeñas y en potes de un cuarto de kilo, sin realizar ventas mayoristas. Patricia también mantiene una pequeña despensa, pero reconoce que es el helado tucumano el que sostiene la economía familiar durante todo el año.

Raíces que sostienen y conquistan

Madre de tres hijos varones, Patricia Ortiz resume la experiencia con un profundo orgullo. A más de 500 kilómetros de su Tucumán natal, la achilata dejó de ser una rareza para convertirse en un sabor habitual y querido en Colonia Santa Rosa. El producto ya no requiere explicaciones; se ha integrado por completo al paisaje y al paladar local.

Esta historia demuestra cómo un símbolo de la identidad tucumana puede viajar, echar raíces en otra tierra y, al mismo tiempo, mantener vivas las propias. Cada vaso de ese helado simple y colorido que venden Patricia y Oscar cuenta una historia de trabajo, perseverancia y pertenencia que cruzó la frontera provincial para refrescar y sustentar.

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