Una fábrica que vestía a grandes marcas se desploma: el detalle que revela la crisis del sector
¿Cómo una fábrica que vestía a marcas internacionales terminó al borde del colapso? Los detalles de una crisis que dejó a decenas de trabajadores en la incertidumbre.
Una empresa que confeccionaba para marcas como Reebok, Kappa y Kevingston presentó un concurso preventivo tras perder clientes clave y acumular deudas millonarias. La firma, con sede en Villa Devoto, Buenos Aires, busca reordenar sus pasivos y sostener la producción en medio de una fuerte presión de las importaciones y una caída de la demanda local.
En la documentación judicial, la compañía detalla graves problemas de liquidez: acumula 33 cheques rechazados por un monto total de $44.978.000. Fantome Group, creada en 2017 y operativa desde 2018, llegó a tener alrededor de 120 empleados en sus años más activos, con un circuito completo que iba desde el diseño hasta la venta mayorista.
¿Qué provocó el quiebre estructural?
El golpe central se produjo en 2020, cuando Kevingston decidió reemplazar la producción local por importaciones. Según la empresa, “su salida significó un quiebre estructural”. Tras ese movimiento, otras marcas replicaron la estrategia, generando una caída pronunciada del volumen fabricado y una menor carga de trabajo para los proveedores.
Entre 2022 y 2025, la firma se sostuvo con contratos de Distrinando S.A., pero la ruptura de ese vínculo en 2025 la dejó sin ingresos. Por eso, en febrero solicitó el concurso preventivo, y en marzo se abrió el proceso judicial.
¿Cómo afectó la competencia y las deudas?
La empresa denunció una “competencia diabólica” impulsada por la apertura comercial y la imposibilidad de igualar los precios de importación. También advirtió sobre ventas por debajo del costo, sumadas a subas de insumos, energía, salarios y presión tributaria.
En julio del año pasado, la Justicia trabó embargos por más de $130 millones, lo que profundizó la crisis hasta derivar en cesación de pagos. Como respuesta, Fantome intentó reconvertirse: lanzó una marca propia, abrió un local en Belgrano y fortaleció su unidad de bordado y estampado, que hoy es su principal fuente de ingresos.
El impacto también se reflejó en el empleo: la plantilla cayó de 120 a unos 20 trabajadores. Este caso refleja la situación del sector: la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria indica que 8 de cada 10 empresas señalan la falta de demanda como principal problema, mientras que las ventas cayeron un 8,4% interanual en el primer bimestre.
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