Una ciudad que cambia su rostro cada 36 horas: el fenómeno que está transformando todo
Cada 36 horas abre un nuevo comercio en una transformación que modifica calles, avenidas y hasta la forma de vivir. Pero, ¿qué precio está pagando la ciudad por este crecimiento acelerado y qué riesgos esconde detrás de las cifras récord?
Una nueva actividad comercial se habilita cada día y medio, en un proceso que está redefiniendo por completo la forma de vivir, trabajar y moverse en esta localidad. El crecimiento acelerado ya es visible en cada esquina, pero también deja al descubierto desafíos urgentes que podrían poner en riesgo su esencia.
El paisaje urbano se modifica a un ritmo vertiginoso. Avenidas principales como Aconquija, Perón y Solano Vera concentran gran parte del movimiento, pero la expansión ya llegó a calles internas. Allí proliferan galerías comerciales y complejos que integran locales, consultorios, oficinas y espacios gastronómicos. La escena es común: personas que combinan compras con reuniones laborales, trabajan desde cafeterías y resuelven trámites a pocas cuadras de sus hogares.
¿Qué impulsó este cambio de época?
La pandemia aceleró transformaciones que ya estaban en marcha. El teletrabajo, la virtualización de gestiones y la búsqueda de mayor calidad de vida impulsaron a muchos profesionales y empresas a instalarse aquí. Así, la localidad dejó de ser únicamente residencial para consolidarse como un polo económico, comercial y laboral.
El fenómeno tiene un impacto directo en el mercado inmobiliario. En zonas como el Casco Viejo, el proceso es evidente: casas tradicionales son vendidas, demolidas y reemplazadas por desarrollos mixtos, con locales comerciales en planta baja y oficinas o consultorios en los niveles superiores. En algunos sectores ya se registran hasta dos galerías por cuadra.
Las cifras que confirman la magnitud
Actualmente existen 2.884 comercios habilitados, con predominio del rubro gastronómico (45%), seguido por indumentaria (25%) y alimentos (17%). Cada año se registran cerca de 250 nuevas habilitaciones, frente a un número muy bajo de cierres, lo que refleja una expansión sostenida del sector.
Pero el avance no se limita al comercio. La ciudad ingresa ahora en una nueva etapa marcada por la construcción en altura, impulsada por la falta de terrenos disponibles. Este proceso abre interrogantes clave sobre la capacidad de la infraestructura urbana para sostener una mayor densidad poblacional.
Los problemas que el crecimiento dejó al descubierto
Uno de los principales desafíos es la movilidad. Históricamente pensada para el automóvil, con un desarrollo urbano disperso, ese modelo hoy muestra sus límites: congestión creciente, falta de estacionamiento y pérdida de fluidez en avenidas clave como Aconquija.
A esto se suma la falta de infraestructura adecuada. Existen déficits en veredas, ciclovías y transporte sustentable, lo que dificulta avanzar hacia un esquema más equilibrado. Aunque se habla del modelo de “ciudad de 15 minutos”, en la práctica todavía funciona, en gran medida, como una ciudad dependiente del automóvil.
Otro punto crítico es la fragmentación urbana. No existe un centro definido, sino que la actividad se organiza en distintos ejes comerciales como Aconquija, Perón y Lobo de la Vega. Esto dispersa la actividad y complica la planificación, al tiempo que concentra la circulación en determinados corredores.
¿Qué piensan los vecinos?
El crecimiento genera opiniones divididas. Mientras algunos valoran la mayor oferta de servicios y la posibilidad de resolver la vida cotidiana cerca de sus hogares, otros advierten sobre el riesgo de perder la identidad de la “Ciudad Jardín”. La expansión comercial, la presión inmobiliaria y la reducción de espacios verdes aparecen como temas recurrentes en el debate local.
¿Qué rol juega el Estado?
Frente a este escenario, el nuevo Código de Planeamiento Urbano busca ordenar el crecimiento, estableciendo límites y regulaciones según el uso del suelo. En sectores como el Casco Viejo, por ejemplo, se intenta preservar el perfil residencial mediante restricciones a la construcción comercial. Actualmente, el 70% de las propiedades en esa zona aún mantiene uso habitacional, aunque bajo presión del mercado.
También se analizan propuestas para mejorar la calidad urbana, como la creación de circuitos semipeatonales que favorezcan la circulación a pie, impulsen el comercio y revaloricen el espacio público. Sin embargo, especialistas advierten que estas medidas deberán acompañarse con inversiones en infraestructura y planificación a largo plazo.
El desafío de fondo es lograr un equilibrio. Esta localidad tiene condiciones para evolucionar hacia un modelo más integrado, donde convivan vivienda, comercio, servicios y espacios públicos. Pero ese proceso requiere planificación, inversión y reglas claras.
El crecimiento ya es un hecho. La incógnita es cómo se gestionará esa expansión para evitar que el desarrollo desordenado termine erosionando aquello que hizo de este lugar uno de los más elegidos para vivir: su identidad, su entorno natural y su calidad de vida.
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