Una carta desde las trincheras y el secreto que guardó por décadas: la confesión de un veterano
Desde las trincheras de Malvinas llegó una carta cargada de esperanza. Lo que sucedió después, y la revelación que guardó por casi cuatro décadas, cambia por completo la historia que creíamos conocer.
Un soldado escribió a su familia desde las Islas Malvinas con un mensaje de esperanza, sin saber que minutos después su vida cambiaría para siempre. Jorge Enrique Juárez, un conscripto de Infantería de Marina, compartió sus recuerdos de la guerra que marcó a toda una generación, revelando detalles impactantes de su cautiverio y una sorprendente deuda de gratitud.
El 28 de mayo de 1982, desde las Islas Malvinas, Jorge envió una carta a su familia en Monteros. En ella escribió: “Querida familia: espero que con estas pocas palabras estén tranquilos y se sientan seguros como lo estoy yo que voy a volver perdonen lo poco y lo improlijo que le estoy escribiendo pero es la situación que no me deja escribirle más tengo fe que se va a terminar pronto esto. Chau Jorge saludos a todos”. Firmó como Soldado Conscripto Clase 63 Infantería de Marina.
Hoy, desde su hogar en el Barrio 34 Viviendas, atesora esa carta junto a otras y a cinco medallas, una otorgada en 1984. La letra de esa misiva muestra incertidumbre, diferente al tono de las demás que conserva. “Hasta el día de hoy me siento en la mesa en posición de alerta, atento, así (explica detalladamente con la silla un poco más alejada de la mesa de su hogar), para ver si tenemos que salir”, confiesa. “Es un tic que llevó desde los 18 años, desde la misma Guerra”.
¿Cómo llegó a las Islas Malvinas?
Jorge realizó el Servicio Militar Obligatorio en la Infantería de Marina de Berisso, La Plata. Tras dos meses de entrenamientos muy duros, sin que nadie sospechara lo que vendría, de repente se encontró en Puerto Argentino y luego en Isla Borbón con sus compañeros del BIM 3. “Teníamos inferioridades tecnológicas y de entrenamientos, pero luchábamos igual”, recuerda con emoción.
“Nos atacaban de día aviones, de noche desde un barco, en esas oscuras jornadas, nosotros en cada lugar que caía una bomba corríamos hacía esa zona para atrincherarnos”, relata mientras las lágrimas le corren por las mejillas. En uno de esos bombardeos, una explosión cercana le produjo una herida grande en una de sus piernas.
¿Quién le salvó la vida en el campo de batalla?
Con crudeza, Jorge revela un dato que guardó por años: “los ingleses me salvaron la pierna y la vida, si no, me moría ahí desangrado”. Al ser preguntado sobre esto, confirma: “¡Si, ellos me ayudaron, moría ahí mismo! ellos me curaron y realizaron los primeros auxilios, después estuve cuatro meses más internado en el Hospital Naval de Bahía Blanca y luego en La Plata”.

Documentos históricos. Las cartas que enviaba a sus familiares.
Durante la charla, este héroe monterizo muestra recortes de diarios de la época: “Acá estoy yo, estas fotos las recuperamos después, todo dejamos en la Isla, cuando las tropas inglesas nos capturaron”.
¿Cómo fue su cautiverio?
“A veces el miedo no te mata, lo que te mata es la incertidumbre de no saber que pasará a los dos minutos, si se terminará o no”, reflexiona. “Nosotros seguíamos luchando y en otros sectores ya se habían rendido, no sabíamos nada”. Así fue capturado y llevado a un campo de concentración.
Describe ese lugar como un sector de tierras con alambres de púas. “Los baños eran tachos estaban tirados por todos lados, y para comer, nos hacían ir a buscar en las campañas abandonadas, si había ahí comíamos, si no, no”. Permanecieron más de 15 días en San Carlos como prisioneros, y para los 593 cautivos, la guerra concluyó el 15 de julio de 1982.

La tapa de Clarín del 14 de Julio. Juarez fue uno de los 593 prisioneros que regresaba a Puerto Madryn.
¿Qué pasó después de la guerra?
Al acercarse cada aniversario, Jorge experimenta sentimientos de nostalgia y también de culpa. “Culpa por haber vuelto”, exclama. “Para mi la guerra tiene más valor para el que quedó ahí luchando como un verdadero héroe, para nosotros acá es una pesadilla”.
Tras reincorporarse a la vida cotidiana y recibir condecoraciones del Senado de la Nación en 1984, comenzó a trabajar en ENTEL, la empresa nacional de telecomunicaciones. Cuando Telecom compró las acciones y lo derivó a Tucumán, su provincia de origen, los nuevos accionistas al enterarse de que había combatido en Malvinas lo despidieron sin razón aparente. “Pensaban que estábamos locos”.
Fueron años difíciles donde muchos de sus compañeros se suicidaron por no poder reinsertarse. “Comencé a trabajar por cuenta propia, y hace pocos años me jubilé gracias a una Ley del Congreso de la Nación”.
¿Qué similitud encuentra con la pandemia?
En una reflexión final, Jorge compara la guerra con la pandemia de 2020: “Por ahí veo como a las personas le cuesta estar en casa, pero aquí hay televisión, hay internet, hay baños y podés cocinar, si es un momento de incertidumbre, como la pasamos nosotros, pero acá con todas las comodidades”.
“Nuestras incertidumbres era que iba a pasar a los cinco minutos, no eran horas, eran minutos, no sabíamos nada, pero en el fondo, sabía que iba a volver a abrazar a mis familiares”, concluye.

Juarez en plena tarea en las Islas Malvinas
También puede interesarle