Un veterano de Malvinas rompe el silencio: su batalla secreta y la señal que cambió todo
¿Qué pasó realmente en Monte Dos Hermanas durante la Guerra de Malvinas? Un ex combatiente revela detalles nunca antes contados sobre la batalla que marcó su vida, incluyendo una señal celestial que cambió el curso de los acontecimientos.
Oscar Jaimet, un teniente coronel retirado que combatió en las Islas Malvinas, revela detalles inéditos de la guerra que marcó su vida y la de miles de argentinos. Desde su hogar en Tucumán, donde reside con su familia, desgrana recuerdos que mezclan el horror del combate con reflexiones filosóficas y anécdotas sorprendentes, en una crónica escrita por la periodista tucumana Solana Colombres.
Participó en los enfrentamientos en Monte Dos Hermanas durante la madrugada del 11 de junio de 1982. En medio de una ventisca de nieve y bajo un intenso fuego enemigo, Jaimet arengaba a sus hombres, intentando evitar que el pánico los dispersara. “Tenía que lograr que la tropa no se dispersase para empezar el repliegue hacia Tumbledown”, recuerda.
La Fuerza inglesa, al mando del teniente coronel Andrew Whitehead y secundada por 600 hombres, atacaba sin tregua. “No había forma de avanzar, desde el mar, en el lado opuesto a Puerto Argentino, una fragata, el Glanmorgan HMS, nos disparaba sin darnos tregua”, describe.
La señal que esperaba
En el momento más crítico, algo inesperado ocurrió. “Una gran bola de fuego surca el cielo malvinense y un resplandor celeste enciende la noche negra por la fracción de unos minutos”, relata Jaimet. Un misil Exocet Tierra-Mar, disparado desde una posición argentina, había impactado contra el buque inglés. “Es el manto de la Virgen, me dije, son dos señales, una táctica y otra del cielo. Es lo que esperaba para avanzar”, confiesa.
Solo entonces, organizó a sus hombres para emprender el repliegue. Le ordenó al subteniente Aldo Franco que cubriera la retaguardia. Jaimet, quien había llegado a Malvinas el 13 de abril de 1982 al mando de 170 hombres de la Compañía B Piribebuy, enfrentaba su noche más oscura.
¿Cómo era la vida en las trincheras?
Las condiciones eran extremas. “Nosotros teníamos raciones de guerra. Una por día pero también robábamos y faenábamos ovejas para comer. Aún así bajé 15 kilos”, cuenta. Para asearse, había hecho dos agujeros en el hielo: uno para lavarse y otro para tomar agua. Incluso intentó bañarse en un pequeño hotel del pueblo, pero la dueña le respondió: “It’s Sunday”, negándole la ducha por ser domingo.
Para fumar, usaban la yerba gastada del mate que armaban como cigarrillos. El paisaje era rocoso, sin árboles, con noches muy largas y heladas. “Era una factoría colonial. Tenían medidor de luz con monedas y cocinas económicas. Vivían en el Siglo XIX”, describe Jaimet sobre las islas.
El regreso y las cicatrices invisibles
Tras la rendición argentina el 14 de junio de 1982, Jaimet fue tomado prisionero y llevado al barco inglés Saint Edmund. Allí pudo bañarse después de 55 días y comer regularmente. Sin embargo, el regreso no fue fácil. “Volví con el espíritu revuelto, con bronca. Me preguntaba también si podía haber hecho más”, admite.
Diez años después de la guerra, cayó en una depresión. “Mi obsesión era si había hecho lo suficiente, sentía culpa”, confiesa. Los sueños lo atormentaban: “Soñaba con la guerra y me despertaba gritando. Soñaba con esa granada de fuego que me pasó cerca la noche de Dos Hermanas”. Recurrió a la oración, la reflexión y ayuda profesional para superarlo.
Hoy, radicado en Tucumán con su esposa María Victoria Cruz y sus hijas, montó una empresa de servicios para el sector citrícola. Recibió dos condecoraciones: “La Nación Argentina al valor en combate” y la medalla “Valor de los combatientes” otorgada por el Congreso Nacional.
Reflexiones de un soldado
Jaimet, fanático de Rod Stewart y admirador de Aristóteles, sostiene que “la carrera militar requiere un 80% de conocimiento de humanidades, sociología, historia y un 20% de técnicas militares”. Sobre la guerra, afirma: “Malvinas fue la última Guerra de Caballeros”.
“El soldado argentino es el mejor soldado del mundo. Solo pide que lo manden bien y el ciudadano que lo dirijan bien”, reflexiona. Y aunque la terapia le permitió “objetivizar los hechos”, aún planea volver a Malvinas para comprobar si podría haber hecho algo diferente.
Cuando se le pregunta por su canción favorita de Rod Stewart, responde sin dudar: “The rhythm of my heart”. Y comenta: “¿Notó que empieza con una gaita y tiene ritmo militar?”.
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