Un oasis de esperanza: el primer barrio argentino construido íntegramente por mujeres
¿Se puede construir un futuro desde cero? En Buenos Aires, un grupo de mujeres está levantando un barrio entero con un método revolucionario. Te contamos los detalles de esta obra que está rompiendo todos los esquemas.
En la provincia de Buenos Aires, un proyecto solidario está cambiando vidas y rompiendo estereotipos. Mujeres en situación de vulnerabilidad están levantando con sus propias manos un barrio completo, utilizando un método de construcción innovador y sostenible. La iniciativa, inspirada en una obra monumental en Madagascar, combina autogestión, capacitación y un profundo sentido comunitario para crear un futuro tangible.
Bajo el nombre Akamasoa Argentina, el proyecto se desarrolla en la localidad bonaerense de Lima, partido de Zárate, a unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Desde 2019, trabajan en un predio de siete hectáreas donde ya han entregado 14 viviendas construidas con el sistema Steel Framing.
¿En qué consiste el método de construcción?
El Steel Framing es un sistema de construcción en seco que utiliza perfiles de acero galvanizado. Estos se combinan con placas de yeso y materiales aislantes, permitiendo montar estructuras resistentes de manera rápida y con menos desperdicio. Gastón Vigo Gasparotti, fundador de Akamasoa Argentina, explica que este método permite construir una casa de 78 m² en solo cuatro meses si se cuenta con todos los recursos.
“Pero no es solo una cuestión de velocidad: este método nos da la posibilidad de capacitar a personas en oficios con proyección. Es una oportunidad concreta de inclusión y movilidad social”, agrega Vigo Gasparotti. La elección de esta técnica no es casual: reduce en un 30% los tiempos de construcción y permite un ahorro energético de hasta el 40% gracias a su eficiente aislamiento.
Un barrio que crece con trabajo comunitario
Las obras avanzan a un ritmo constante. Además de las viviendas, ya se han levantado 11 módulos de acogida temporal, los cimientos de una escuela agrotécnica, espacios de apoyo escolar, una cocina industrial, más de 40 huertas familiares y dos invernaderos hidropónicos. Todo el proyecto se sustenta con materiales de industria nacional, desde los perfiles de acero hasta los tornillos y las placas de yeso.
Las familias que reciben una vivienda en comodato no son beneficiarias pasivas. Por el contrario, se comprometen a seguir colaborando en la construcción de las casas para otras familias, generando un círculo virtuoso de trabajo y solidaridad. Los requisitos para ser parte incluyen que los adultos completen sus estudios secundarios y participen en tareas comunitarias.
¿Por qué es un proyecto sustentable?
El fundador destaca los grandes beneficios medioambientales del Steel Framing. “Casi no requiere cemento, agua ni arena —salvo en los cimientos—, y cada material puede reutilizarse en futuras obras, ya que el desperdicio es ínfimo”, afirma. El acero, material principal, es infinitamente reciclable sin perder calidad, lo que minimiza el impacto ambiental.
Las viviendas resultantes son frescas en verano, cálidas en invierno, resistentes al fuego y requieren muy poco mantenimiento. Este enfoque no solo construye casas, sino que edifica un modelo de vida más consciente y eficiente.
Un cambio de paradigma: mujeres al frente de la obra
Uno de los aspectos más transformadores del proyecto es quién está detrás de cada martillazo. “Este barrio no solo representa un cambio en la forma de construir: representa un cambio en quiénes construyen. Es el primer barrio del país hecho casi por completo por mujeres y por su propia comunidad”, enfatiza Vigo Gasparotti.
Donde antes parecía impensado, hoy se demuestra con hechos que no hay trabajos de hombres o de mujeres, sino trabajos de personas. Esta participación activa empodera a las mujeres, les brinda un oficio con futuro y les devuelve la dignidad a través del esfuerzo propio.
El proyecto continúa en expansión. Actualmente están en marcha la construcción de cuatro nuevas casas y cuatro módulos educativos de 250 m² cada uno, con el objetivo de alcanzar a 750 alumnos. También se proyecta ampliar el área de atención primaria de salud, abierta a toda la comunidad.
En pocos años, Akamasoa Argentina pasó de siete familias y 25 voluntarios a más de 100 familias y 4.000 voluntarios activos. Con apoyo de empresas privadas, se consolida como un faro de desarrollo social sostenible. Como lo define su fundador, es verdaderamente “un oasis de esperanza construido con trabajo, educación y disciplina”.
Fuente: La Nación.
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