Un nombre oculto sale a la luz: la clave iraní que el fiscal del caso AMIA asegura que decidió el ataque
El fiscal Basso desgrana la trama: ¿Cómo un viaje secreto a Buenos Aires y un espía instalado en el país terminaron por sellar el destino de la AMIA? Los detalles de una acusación que busca hacer historia con un juicio sin precedentes.
El fiscal Sebastián Basso reveló los motivos por los que acusó a Alí Asghar Hejazi, la mano derecha del líder supremo iraní, y cómo su viaje a Buenos Aires fue crucial para el atentado. En una extensa explicación, el titular de la UFI-AMIA detalló la trama de inteligencia y espionaje que, según su investigación, convirtió a la Argentina en el blanco perfecto para el régimen de Teherán hace más de tres décadas.
En diálogo con Radio Rivadavia, Basso afirmó que, tras más de 30 años, las víctimas y el pueblo argentino “están esperando que haya una verdad judicial sobre el asunto”. El fiscal explicó que el camino se desbloqueó recién el año pasado con un cambio legal que permite los juicios en ausencia, lo que ahora le permite avanzar rápidamente para llevar a cabo el proceso.
¿Quién es el nuevo acusado?
Sebastián Basso describió a Alí Asghar Hejazi como “un personaje que estaba oculto”, un hombre de extrema confianza del ya fallecido líder supremo Alí Khamenei. Según su acusación, Hejazi “viajó a la Argentina meses antes del atentado para decidir cuestiones que hacen a la propaganda del régimen y ver que este lugar sea propicio para el atentado”.
El fiscal sostuvo que la figura de Hejazi se mantenía “bastante en las sombras” y que su viaje a Buenos Aires tuvo un objetivo preciso: encontrarse con otro acusado clave, Mohsen Rabbani, y confirmar que el país era un lugar ideal para ejecutar un ataque terrorista.
Alí Asghar Hejazi, el iraní que se suma a los acusados por el atentado a la AMIA.
La red de espionaje en suelo argentino
Para entender el rol de Hejazi, Basso se remontó a la figura de Mohsen Rabbani, a quien calificó como “una persona importante dentro del régimen que gobierna Irán”. Rabbani fue “enviado a la Argentina y a toda Latinoamérica” en los años 80 con una doble misión: expandir las ideas del régimen y ejercer labores de espionaje.
“Rabbani se instaló en los 80 y vivió en Argentina hasta el 98 cuando fue expulsado. Enviaba la información a Irán. En esa información dio cuenta de que en Argentina había una importante comunidad árabe, pero también una importante comunidad judía que lo transformaba en la segunda Israel”, relató el fiscal. Esta información, según Basso, fue vital para que Teherán tomara su decisión.
Moshen Rabbani fue expulsado de la Argentina en 1998.
Las pruebas que apuntan a Hejazi
Basso fue contundente al afirmar que su acusación “no es una teoría conspirativa ni un invento de la inteligencia”, sino que se basa en “evidencias concretas”. Una fuente crucial fue un movimiento de resistencia iraní que el año pasado contactó a la fiscalía y les proporcionó información interna del propio régimen, sacando a la luz el nombre de Hejazi.
La influencia del acusado era tal que, según la información manejada por la investigación, el propio Khamenei “le encargó que forme a su hijo para ser líder supremo”. En su dictamen, Basso no solo pidió la indagatoria y captura de Hejazi, sino que también solicitó el procesamiento de los demás iraníes y libaneses ya acusados para avanzar hacia el histórico juicio en ausencia.
A más de 30 años, el reclamo de Justicia por el atentado a la AMIA.
El fiscal reconoció las dificultades: los acusados están en Irán y el Líbano, países que no colaboran. “Irán nunca colaboró y el Líbano tiene a Hezbollah, una milicia tan fuerte que no deja al gobierno colaborar”, explicó. Ante esto, el proceso seguirá con un abogado oficial designado para garantizar la defensa de los imputados.
El atentado contra la AMIA en 1994 dejó un saldo de 85 muertos.
Un reconocimiento al trabajo de Nisman
Al final de su exposición, Sebastián Basso dedicó unas palabras a su antecesor, el fiscal Alberto Nisman, fallecido en 2015. Ponderó su labor y valentía, señalando que “mucho de lo que parece natural y se conoce ahora, antes no se sabía”.
“La captura que pido ahora fue pedida hace 20 años. Por lo tanto hay que reconocerle la valentía de salir mediáticamente a avisar que esto era así hace 20 años”, cerró el fiscal, vinculando la investigación actual con los cimientos sentados por Nisman en una causa que, según admitió, ha estado llena de conflictos internos y ha puesto en jaque a expresidentes y servicios de inteligencia.
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