Un kiosco en el corazón de Barrio Norte desata la polémica: ¿Qué ocupa la vereda de Plaza Urquiza?
Vecinos y peatones estallan contra un conocido kiosco en pleno Barrio Norte. Las imágenes muestran lo que está sucediendo en la vereda de una esquina emblemática y por qué todos exigen una solución urgente.
En una de las esquinas más icónicas de San Miguel de Tucumán, el comercio “McKio” ha generado un fuerte malestar entre peatones y vecinos. La ocupación desmedida de la vereda con heladeras, freezers y una panchuquera obliga a la gente a bajar a la calle, poniendo en jaque la circulación en 25 de Mayo y Santa Fe, frente a Plaza Urquiza.
El local, que combina la venta de productos de kiosco con comida rápida como panchuques, se ha transformado en un punto de alta concentración. Sin embargo, su éxito comercial contrasta con el caos que genera en el espacio público. La imagen urbana de este estratégico sector de Barrio Norte se ve claramente deteriorada.
Máquinas expendedoras y estructuras metálicas invaden el paso, reduciendo el espacio disponible para los transeúntes. Esta situación se agrava en los horarios pico, cuando la afluencia de clientes se suma a los obstáculos fijos instalados en la vereda.
¿Falta de control o un problema que se repite?
La escena plantea serios interrogantes sobre el cumplimiento de las normativas municipales. Vecinos que transitan a diario por la zona advierten que este caso no es aislado, sino que refleja una falta de regulación que se observa en distintos puntos de la capital tucumana.
Reclaman mayor control y un ordenamiento urgente para recuperar la funcionalidad de la vereda. La esquina, al ser un lugar emblemático y de alto tránsito peatonal y vehicular, requiere especial atención por parte de las autoridades.
La preocupación va más allá de lo estético: se trata de seguridad. Obligar a las personas, incluyendo adultos mayores y niños, a caminar por la calle para esquivar un comercio representa un riesgo constante en una avenida tan transitada como 25 de Mayo.
El kiosco “McKio” amplió su oferta comercial más allá de los límites de su local físico. Esta expansión, aunque beneficiosa para el negocio, choca frontalmente con el derecho de los ciudadanos a transitar libre y seguramente por la vía pública.
Mientras los reclamos crecen, la pelota queda en la cancha de los organismos de control. La pregunta que flota en el aire es si se actuará para ordenar este espacio o si la situación seguirá tolerándose, en detrimento del paisaje urbano y la seguridad de todos.



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