Un crimen que sacudió a Tucumán: tras 20 años de impunidad, el juicio que puede revelar la verdad
Tras 20 años de silencio y una trama de encubrimiento que involucró a exfuncionarios, comienza el juicio por el femicidio de Paulina Lebbos. ¿Qué revelarán finalmente los testigos y las pruebas sobre una de las noches más oscuras de Tucumán?
Este lunes 9 de marzo comienza un juicio que muchos en Tucumán creían que nunca llegaría. Víctor César Soto, señalado desde el primer día por el padre de la víctima, finalmente se sentará en el banquillo acusado del femicidio de Paulina Lebbos, ocurrido en febrero de 2006. El caso, empañado por una trama de encubrimiento que involucró a exfuncionarios y dejó nueve condenados, representa dos décadas de lucha contra la impunidad.
La última noche de Paulina
Paulina Lebbos tenía 23 años y era estudiante de Comunicación Social. La noche del 26 de febrero de 2006, tras aprobar un final, salió a celebrar al boliche “Gitana” con su amiga Virginia Mercado. Compartieron un remís de regreso, pero Paulina nunca llegó a su destino final: la casa de su ex pareja y padre de su hija, César Soto.
Trece días después, su cuerpo fue hallado en la Ruta 341, a la altura del kilómetro 3, en Tapia. Desde ese momento, la investigación se llenó de mentiras, testimonios que se retractaban y una sospechosa inacción que protegió al principal sospechoso durante años.
Un padre contra el sistema
Alberto Lebbos, el padre de Paulina, se transformó en un símbolo de la búsqueda de justicia. Desde el primer momento apuntó contra Soto, denunciando un vínculo marcado por la violencia. “Cuánto sufrimiento me hubiesen evitado si el lunes 27 de febrero de 2006, cuando llevé a César Soto a la Brigada de Investigaciones, y les dije que era el principal sospechoso, habrían hecho lo que tenían que hacer”, declaró Lebbos con amargura.
Rosa del Carmen Racedo, la madre de Paulina que falleció poco después del crimen, también dejó su testimonio. En una declaración leída en juicio, afirmó sin dudar que el asesino era Soto, y describió el “acoso” y la “persecución” que sufría su hija.
Alberto Lebbos, en 2019.
La trama del encubrimiento
La investigación inicial fue una sucesión de irregularidades. No se secuestró el teléfono de Soto, no se detuvo al sospechoso y hasta se permitió que fuera querellante en la causa, desplazando a la familia de la víctima. El entonces fiscal Carlos Albaca, luego condenado por encubrimiento en 2021, pidió informes telefónicos con números equivocados, frustrando el rastreo.
La punta del ovillo llegó años después con el análisis de los registros de llamadas. El día de la desaparición, Soto mantuvo comunicaciones incesantes con Sergio Kaleñuk, un dirigente de la barra de Atlético Tucumán e hijo del secretario privado del entonces gobernador José Alperovich. Ambos también hablaron con Nicolás Barrera, ex subjefe de Policía condenado por encubrir el crimen.
El abrazo del papá de Paulina con María Luján Rey, mamá de una de las víctimas de la tragedia de Once.
Los “hijos del poder” bajo la lupa
La sospecha de que “los hijos del poder” estaban involucrados fue tan fuerte que Daniel y Gabriel Alperovich, hijos del ex gobernador, declararon en varias oportunidades e incluso aportaron muestras de ADN. Finalmente fueron sobreseídos por falta de pruebas, algo que no ocurrió con Sergio Kaleñuk, quien también será juzgado a partir del 9 de marzo.
Soto, vinculado a la barra de Atlético y al negocio de la reventa de entradas, logró una red de protección que demoró la justicia por 20 años. La pregunta sobre por qué el poder político lo habría protegido sigue flotando en el aire.
Alberto Lebbos y una lucha que lleva dos décadas.
La acusación final
Fue en 2019 cuando los jueces Carlos Caramuti, Dante Ibáñez y Rafael Macoritto ordenaron investigar a Soto y a Kaleñuk como responsables directos. La acusación fiscal es contundente: el crimen ocurrió en la madrugada del 26 de febrero de 2006, en el departamento de Soto en la calle Estados Unidos 1250, en San Miguel de Tucumán.
Según el Ministerio Público, tras una discusión, Soto aprovechó su fuerza física y ahorcó a Paulina “con violencia durante el tiempo necesario para causarle la muerte por asfixia”. Luego, “pidió ayuda para deshacerse del cuerpo” y, con la colaboración de Kaleñuk, trasladó el cadáver hasta la ruta de Tapia.
El fiscal Carlos Sale destacó que la conducta evasiva de Soto y sus contradicciones son incompatibles con la de alguien que desconoce lo ocurrido. Ahora, los jueces Fabián Fradejas, Luis Morales Lezica y Gustavo Romagnoli tienen la responsabilidad de escribir el capítulo final de esta historia.
Paulina Lebbos, el reclamo de justicia.
Dos décadas, cuatro juicios, nueve condenados y una familia destrozada confluyen en una sala de audiencias. La pregunta que resonará durante las próximas semanas es la misma que Alberto Lebbos hace desde 2006: ¿Quién mató a Paulina Lebbos?
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