Un control de tránsito rutinario terminó con la cacería del Destripador de Yorkshire
Hace 45 años, un control rutinario por placas falsas capturó a Peter Sutcliffe, el “Destripador de Yorkshire”. Su caso expuso graves fallas policiales y llevó a reformas en los sistemas de investigación criminal británicos.
La captura de Peter Sutcliffe, uno de los asesinos en serie más notorios de Inglaterra, se produjo por azar hace 45 años. Un control policial por placas falsas, y un descuido durante el procedimiento, desenmascararon al autor de 13 homicidios brutales que había eludido a la justicia durante cinco años.
El 2 de enero de 1981, una patrulla que no buscaba a un criminal de alta peligrosidad cambió el curso de una de las investigaciones más extensas y criticadas de la policía británica. Los agentes Sargento Robert Ring y el Policía Robert Hydes detuvieron un Rover marrón con matrícula falsa en el área de Broomhill, Sheffield. El conductor, Peter William Sutcliffe, un camionero de apariencia común, fue abordado junto a una mujer que lo acompañaba.
El error que casi lo deja escapar
El procedimiento inicial fue deficiente. Los oficiales permitieron que Sutcliffe, ya bajo sospecha por la infracción vehicular, se alejara “detrás de un arbusto” con la excusa de “ir al baño“. Este descuido pudo haber sido fatal, ya que el hombre aprovechó para deshacerse de pruebas cruciales. No fue hasta el día siguiente, cuando el Sargento Ring regresó al sitio y encontró un martillo y un cuchillo, que la verdadera magnitud del detenido comenzó a revelarse bajo la presión del interrogatorio.
Cinco años de terror en el norte de Inglaterra
Entre 1975 y 1980, Sutcliffe, conocido por la prensa como el “Destripador de Yorkshire”, mantuvo en vilo a la población. Su método era de una violencia extrema y sistemática: atacaba a sus víctimas por la espalda con un martillo para luego mutilarlas con cuchillos o destornilladores. El saldo de su crueldad fue de 13 mujeres asesinadas y otros 7 intentos de homicidio documentados.
El pánico social transformó la vida en ciudades como Leeds, Bradford y Manchester. Se instauraron toques de queda informales para las mujeres y el movimiento “Reclaim the Night” (Recuperar la Noche) cobró fuerza como una protesta feminista ante la percepción de que la policía no podía garantizar la seguridad.
La investigación que colapsó por una pista falsa
La gestión del caso es hoy un ejemplo de manual sobre negligencia y sesgo investigativo. La policía de West Yorkshire fue desviada durante años por “las cartas de Wearside Jack“, una serie de mensajes y una cinta de audio enviadas por un bromista que se hacía pasar por el asesino. A pesar de que los peritajes lingüísticos señalaban que el acento de la grabación no coincidía con el de los sospechosos locales, el Detective Superintendente George Oldfield se obsesionó con esta línea falsa. Esta obcecación permitió que Sutcliffe, quien fue interrogado en nueve oportunidades distintas a lo largo de la pesquisa, permaneciera en libertad.
Condena y legado de una falla sistémica
En mayo de 1981, Peter Sutcliffe fue condenado a cadena perpetua. Durante el juicio, intentó alegar responsabilidad disminuida, afirmando que escuchaba “voces de Dios” que le ordenaban limpiar las calles. El jurado rechazó la teoría de una esquizofrenia paranoide, considerándolo un depredador plenamente consciente de sus actos.
A 45 años de aquel arresto fortuito, el caso obligó a una reforma profunda en los sistemas de gestión de datos criminales del Reino Unido. La implementación de bases informatizadas buscó evitar que, en el futuro, un asesino pudiera ser “olvidado” tras múltiples entrevistas policiales. Sutcliffe falleció en prisión en el año 2020.
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