Tiroteos en pleno centro y un dato que preocupa: los homicidios subieron un 16% en Tucumán
Los homicidios subieron un 16% y las armas ya se usan en cualquier conflicto. ¿Qué está pasando en Tucumán?
Las balaceras ya no son excepción en el Gran San Miguel de Tucumán. Los recientes tiroteos en pleno centro, en horarios de alta circulación, encendieron las alarmas sobre una violencia que combina armas de fuego, drogas y conflictos que escalan rápido.
Según estadísticas oficiales, antes de que finalizara el primer semestre del año, los homicidios en la provincia ya habían aumentado un 16% respecto del mismo período de 2025. Además, siete de cada 10 conflictos que llegan a la Justicia terminan con al menos una persona baleada.
¿Qué está cambiando en los homicidios?
Los móviles de las muertes violentas muestran un giro preocupante. Mientras los homicidios durante robos bajaron de cinco a cuatro casos, crecieron los vinculados a conflictos interpersonales: las disputas intravecinales pasaron de seis a siete y los femicidios de tres a cuatro. Pero el dato que más inquieta es que se duplicaron los homicidios relacionados con la comercialización y el consumo de drogas. Fuentes judiciales indican que las sustancias aparecen en más del 90% de las causas penales.
Armas que salen de la casa
Casos recientes como el del automovilista que hirió a un ciclista y el exmilitar que atacó a su expareja y a un cuidacoches ocurrieron en pleno centro, con armas de fuego. Especialistas señalan que el problema no es la demanda de armas, sino la decisión de portarlas siempre. “Antes las pistolas se dejaban en la casa. Ahora muchas personas las portan permanentemente y pueden usarlas en cualquier momento sin estar preparadas mentalmente“, explicó un instructor de tiro.
Una fuente del Ministerio Público Fiscal agregó: “Si un tucumano decidió armarse para protegerse, ¿qué hace suponer que no llevará esa arma a todos lados, incluso cuando sale a pasear por el centro con su familia?“
Justicia por mano propia: el caso de Los Nogales
En Los Nogales, el productor José Javier Fransacena, cansado de los robos de naranjas, mató de un escopetazo a Daniel Juan Gutiérrez, un joven con problemas de adicción. La defensa alega exceso en la defensa de sus bienes; la querella sostiene que Gutiérrez fue ejecutado fuera de la finca y abandonado. “Estamos viviendo una situación similar a la de Río de Janeiro cuando surgieron grupos parapoliciales que ejecutaban a adictos“, advirtió el abogado Gerardo Banegas.
Romina, hermana de la víctima, reconoció los problemas de consumo de Daniel pero lo defendió: “No era un delincuente“. Contó que denunció repetidamente puntos de venta de droga en su barrio sin obtener respuestas.
Barrios bajo fuego
En junio, además del caso Gutiérrez, se registró el femicidio de Cynthia Lazarte y el asesinato de Carlos Romano Hardoy cuando iba a comprar drogas en Villa Carmela. En San Cayetano, un tiroteo vinculado a una disputa territorial por venta de drogas dejó a un joven grave; participaron más de diez personas, muchos menores. “En el barrio estamos cansados de estas banditas que se agarran a tiros todos los días. Los enfrentamientos ya forman parte de nuestra vida y nadie hace nada“, dijo la madre del herido.
La violencia ya no es un hecho aislado: aparece en el tránsito, en disputas familiares, entre vecinos, en robos, en el consumo y en peleas por territorios de venta. El denominador común son las armas cada vez más presentes y una sociedad que naturaliza respuestas violentas. La pregunta es: ¿cuánto más deberán crecer las estadísticas para que se aborde como una emergencia social?
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