Se negó a separarse del cuerpo de su sobrino de 13 años tras los terremotos en Venezuela

¿Hasta dónde llega el amor de un tío? Víctor Colivert desafió el caos y se negó a abandonar a su sobrino de 13 años entre los escombros de Venezuela.

Por infotucuman · 04/07/2026 · min de lectura
Se negó a separarse del cuerpo de su sobrino de 13 años tras los terremotos en Venezuela

Víctor Colivert pasó horas junto a la bolsa negra que contenía los restos de Oswall, de 13 años, rescatado de entre los escombros. Los terremotos del 24 de junio dejaron cerca de 3000 muertos y un caos forense que aterra a los familiares.

En el lugar donde antes se erguían dos torres de viviendas populares, ahora solo hay concreto roto, hierros retorcidos y objetos personales esparcidos. Allí, Víctor tomó una decisión firme: “Me voy para China, para donde sea, pero no lo dejo solo”. Su sobrino Oswall fue una de las víctimas del sismo que devastó Venezuela.

La tragedia desbordó los servicios forenses. Entre los familiares creció el miedo de que los cuerpos quedaran atrapados en el caos administrativo o demoraran días en ser identificados. Por eso, cuando los peritos intentaron retirar el cuerpo del adolescente, sus seres queridos se negaron a separarse de él.

¿Qué pasó con la familia Colivert?

Grecia, hermana de Víctor; su esposo; y sus dos hijos, Oswall y Greidy, vivían en las torres 26 y 27 de las Obras del Poder Popular (OPP), un complejo de la Misión Vivienda impulsada por Hugo Chávez. Ninguno sobrevivió. La familia quedó prácticamente destruida.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, intentó calmar los ánimos y aseguró que ningún cuerpo será enterrado en una fosa común. Explicó que cada víctima es registrada con huellas dactilares, fotos y un expediente antes de ingresar a las morgues. Pero quienes esperan entre las ruinas dudan: el volumen de víctimas supera toda capacidad.

La búsqueda sin tregua

El operativo de rescate continúa sin descanso. Cientos de voluntarios forman cadenas humanas para retirar escombros. El ruido de los taladros se detiene cuando alguien levanta el puño y pide silencio absoluto. Todos contienen la respiración, esperando un golpe, un grito o cualquier señal de vida.

“Esto es una película de terror. Nos salvamos de la guerra, pero no de la naturaleza”, resume Celida Sequera, voluntaria de 43 años que acompaña a un amigo que perdió a su esposa y a sus tres hijos.

Entre las placas de hormigón asoman un colchón ennegrecido, una bicicleta torcida, un sofá aplastado y juguetes infantiles cubiertos de barro. Sobre una vara improvisada, una bandera de Venezuela embarrada se mueve con el viento del Caribe.

En La Guaira, muchas familias ya no esperan un milagro. Solo quieren recuperar a sus seres queridos para despedirlos con un nombre, un abrazo y un lugar donde llorarlos.

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