Quilmes anuncia un ajuste brutal: de 260 empleados a solo 80 en una de sus plantas
La emblemática cervecería toma una decisión extrema para evitar el cierre total. ¿Es este el comienzo de una ola de ajustes que cambiará para siempre el mapa industrial argentino? Los detalles de una negociación al límite.
La emblemática cervecería argentina se ve forzada a un drástico recorte de personal y turnos en su planta de Zárate, una medida que deja al descubierto la profunda crisis que atraviesa el sector industrial. Cervecería y Maltería Quilmes confirmó que avanzará con un plan de retiros voluntarios que reducirá su dotación de 260 trabajadores a apenas 80. Además, la producción pasará de tres turnos diarios a uno solo, en un intento por evitar un cierre total.
¿Qué pasó en la planta de Zárate?
La decisión fue acordada con la comisión interna de la planta ubicada en Zárate. Según los representantes gremiales, la medida responde a una caída del 45% en las ventas respecto de 2025 y a los problemas financieros que la empresa venía arrastrando.
Horacio Romero, referente sindical del establecimiento, explicó que la negociación se dio en un contexto de alta tensión, ante la posibilidad concreta de un freno total de la producción. “La idea es seguir manteniendo el envasado de cerveza con una dotación más acotada”, señaló al referirse al esquema que quedará vigente.
El impacto de las importaciones y la crisis industrial
El comienzo de 2026 encontró a la industria atravesada por una crisis más amplia. En el negocio cervecero, el avance de las importaciones aparece como un factor determinante en el deterioro del mercado interno.
Un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien), basado en estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), revela que las importaciones de cerveza crecieron un 293% en el primer trimestre de 2025. Este salto profundizó la competencia externa en un contexto de consumo debilitado.
La situación de Quilmes no es un caso aislado. La crisis de la empresa de neumáticos FATE puso al discurso aperturista del gobierno ante su test más exigente. Incluso, el propio presidente Javier Milei insinuó un “timing” político en el anuncio del cierre de FATE, vinculándolo al debate sobre la reforma laboral.
Felipe Núñez, uno de los principales asesores del ministro de Economía, Luis Caputo, fue más allá al calificar a Javier Madanes Quintanilla, líder de Aluar, como “el empresaurio que durante años cobró el aluminio el doble en Argentina”. La acusación lleva implícita la advertencia de que lo mismo que le ocurrió al rubro del neumático podría ocurrirle al sector del aluminio.
Una industria al borde del colapso
Lejos de tratarse de casos aislados, las empresas en crisis y con pérdida de empleo son la generalidad. Los números son elocuentes: en la industria se está usando, en promedio, apenas un 53,8% de la capacidad instalada. Hay casos extremos, como el automotor, donde el uso es de sólo el 31%.
El gobierno se defiende con datos como la relativa estabilidad del empleo, pero economistas críticos afirman que esa estadística oculta una realidad preocupante. En dos años se perdieron unos 200.000 puestos de trabajo informales -la mayor parte en el sector industrial-, mientras que los nuevos empleos están, sobre todo, en el cuentapropismo.
Y los economistas críticos recuerdan que no sólo está en crisis la “industria protegida”. También pasaron zozobras empresas del agro y del sector energético, los supuestos “ganadores” del modelo. En la lista hay nombres como Bioceres, Agrofina, Aconcagua y President Petroleum.
La reestructuración en Quilmes es otra señal de alarma en un panorama industrial que parece no encontrar un piso. La pregunta que queda flotando es cuántas empresas más deberán tomar medidas similares antes de que la economía muestre una recuperación genuina.
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