Putin condena la muerte de Khamenei mientras su red de aliados se desmorona: ¿quién será el próximo?

Mientras Putin condena el asesinato de su aliado iraní, su red de poder internacional se desmorona. ¿Logrará el Kremlin detener esta sangría de influencia o está condenado a una dependencia total? Los detalles de una crisis que redefine el equilibrio global.

Por infotucuman · 01/03/2026 · min de lectura
Putin condena la muerte de Khamenei mientras su red de aliados se desmorona: ¿quién será el próximo?

El presidente ruso, Vladimir Putin, denunció este domingo el asesinato del líder supremo iraní, Ali Khamenei, en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel. Sin embargo, más allá de las palabras de condena, la muerte del ayatolá representa un golpe devastador para la estrategia geopolítica de Moscú, que en los últimos meses ha visto cómo su círculo de aliados internacionales se desintegra uno a uno. La desaparición de Khamenei deja a Putin en una situación de extrema vulnerabilidad, con su influencia global en retroceso y su dependencia de China cada vez más acentuada.

Una condena con sabor a hipocresía

En una carta dirigida a su homólogo iraní, Massoud Pezeshkian, Putin calificó el hecho como una “violación cínica de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional”. El Kremlin publicó el comunicado, donde el mandatario ruso expresó sus “más sinceras condolencias por el asesinato” perpetrado, según sus palabras, en un acto que ignora las normas básicas de convivencia.

Analistas internacionales no han dejado de señalar la ironía de esta declaración, proveniente de un líder que en 2022 invadió Ucrania haciendo caso omiso de esos mismos principios que ahora defiende. La postura de Moscú parece más un gesto retórico que una posición de fuerza real, ya que el gobierno ruso no ha anunciado ninguna ayuda concreta para Teherán frente a los continuos ataques.

El triángulo estratégico que se desarma

La pérdida de Khamenei no es un hecho aislado. Para Putin, el guía supremo iraní era uno de los tres pilares que delimitaban un triángulo de alianzas estratégicas crucial para Rusia. Al oeste contaba con Bielorrusia, al este con China y Corea del Norte, y al sur, precisamente, con Irán.

Este revés se suma a una serie de derrotas geopolíticas que Moscú ha sufrido en apenas un año y medio. En diciembre de 2024 cayó Bashar al-Ásad en Siria, otro histórico aliado. El 3 de enero pasado, Estados Unidos capturó al líder venezolano Nicolás Maduro. Ahora, la desaparición del ayatolá completa un trágico panorama para la red de “amigos” del Kremlin.

El geopolitólogo Fréderic Encel describe la situación como “difícil” para Putin. El presidente ruso, enredado en su guerra en Ucrania, ha buscado desde la reelección de Donald Trump complacer al turbulento multimillonario estadounidense. Su objetivo era lograr los favores de Washington en las negociaciones para poner fin al conflicto iniciado en 2022, aspirando a obtener la totalidad de sus objetivos. Sin embargo, esta estrategia de acercamiento a Trump ha tenido un costo altísimo: el debilitamiento de sus aliados tradicionales.

El caso iraní: un laboratorio que se apaga

Para los estrategas rusos, Irán ha jugado un papel que va más allá del de un simple aliado ideológico y proveedor de armas. Según el investigador Nikita Smagin, del instituto Carnegie, Teherán funcionaba como un “laboratorio” para Moscú. Rusia se inspiró ampliamente en la experiencia iraní, uno de los países más sancionados del mundo, para implementar su propio sistema para eludir las sanciones internacionales tras la invasión de Ucrania.

La estrategia de bloqueo de internet que hoy se aplica en Rusia provendría, en gran medida, del ejemplo iraní. “El Kremlin estudió en profundidad la evolución de la situación de su socio para evitar reproducir sus errores”, analiza Smagin. Esta relación de aprendizaje mutuo ahora se ve severamente comprometida.

Teherán ha sido, en todo caso, uno de los apoyos más cercanos de Rusia durante toda la ofensiva lanzada en 2022 contra Ucrania. Kiev y los países occidentales acusan a Irán de haber suministrado a Moscú armas y tecnologías militares clave, como los drones Shahed, de diseño iraní, que Rusia ahora produce masivamente y utiliza diariamente para bombardear territorio ucraniano.

Compromisos incumplidos y un futuro incierto

En 2025, Rusia e Irán firmaron un tratado de asociación estratégica para fortalecer sus vínculos, incluso en el ámbito militar. Los compromisos eran ambiciosos: la entrega a Irán de 48 aviones de combate Su-35 está prevista hasta 2028, y se mencionaba también la entrega de cazas Su-30MK. Además, se proyectaba la construcción, en cooperación con Rusia, de varias centrales nucleares en el sur del país iraní.

Irán también se había comprometido a llevar a cabo la construcción de la línea ferroviaria Rasht-Astara, en las orillas del mar Caspio. Este proyecto es un eslabón esencial del corredor comercial norte-sur, tan alabado por Putin, que debe conectar Rusia con los puertos del océano Índico. El futuro de estas iniciativas conjuntas ahora pende de un hilo.

En las últimas semanas, cuando las manifestaciones ya habían comenzado en Irán, se informó de la llegada a ese país de varios aviones de transporte militar Il-76 procedentes de Rusia y Bielorrusia. Al mismo tiempo, los medios iraníes anunciaban la entrega de helicópteros de ataque M-28 rusos. Estas movilizaciones eran interpretadas como una advertencia del régimen de los mulás sobre los recursos que podrían emplearse si el caos se instalaba.

La contención de Moscú y el fantasma del abandono

Sin embargo, una constante parece marcar la respuesta del Kremlin: la contención. En junio de 2025, durante la “guerra de los Doce Días” entre Israel e Irán, Teherán ya había llamado a Moscú en su ayuda, obteniendo solo palabras amables. Esta misma contención parece repetirse ahora, en un escenario aún más crítico.

Smagin advierte que no hay que sobreestimar la voluntad de Moscú de ayudar al régimen iraní. “El Kremlin ha demostrado muchas veces su propensión a abandonar a sus aliados si la situación llegara a degenerar”, estima el investigador. Para Putin, siempre estuvo claro que no sacrificaría el laborioso acercamiento con los Estados Unidos de Donald Trump en el altar de su relación con Irán.

El análisis es crudo: “En el caso de Khamenei, el asesino es su amigo Trump”, señala Encel. Y agrega: “Dos veces en dos meses, Putin falló en cumplir su papel de salvador”. La muerte del líder iraní ocurrió en una parte del mundo que Rusia considera su “hemisferio”, lo que la hace comparable, para los estrategas rusos, al asesinato del libio Muamar Khadafi en 2011. Aquel evento marcó un giro en la política rusa y fue una de las justificaciones de Putin para romper con Occidente.

El precio del aislamiento y un único amo

Esta mala costumbre de abandonar a los aliados en momentos críticos tiene siempre un alto costo. Además de debilitar estratégicamente a Rusia, alejándola de potenciales socios, la está acorralando cada vez más en manos de quien, por el momento, parece en vías de convertirse en su único amo y señor: su homólogo, el presidente chino, Xi Jinping.

La dependencia de Beijing se acrecienta mientras los otros pilares de la estrategia global de Moscú se resquebrajan. El asesinato de Khamenei no es solo la pérdida de un aliado, sino un símbolo del creciente aislamiento internacional de Putin y de la erosión de su capacidad para proyectar poder y proteger a quienes considera sus socios. El mundo observa cómo se redefine el tablero geopolítico, y Rusia parece estar perdiendo, una a una, sus piezas más valiosas.

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