Operación Caja de Pandora: El plan delirante para estrellar un avión contra la Casa Blanca

¿Un hombre común podría llegar a planear el asesinato de un presidente? La increíble historia del desempleado que, armado con una bomba casera y una pistola, intentó secuestrar un avión para estrellarlo contra el corazón del poder en Washington. Los detalles que reveló después de su muerte dejaron a todo un país en shock.

Por infotucuman · 22/02/2026 · min de lectura
Operación Caja de Pandora: El plan delirante para estrellar un avión contra la Casa Blanca

Un hombre desempleado y con problemas mentales, al que le negaron un crédito, decidió culpar al presidente de Estados Unidos y urdió un plan de magnicidio que involucraba secuestrar un avión comercial. Samuel Byck, de 44 años, bautizó su misión como “Operación Caja de Pandora” y el 22 de febrero de 1974 intentó llevarla a cabo en el aeropuerto Baltimore-Washington. Su objetivo final era Richard Nixon.

La frustración personal de Byck se transformó en una obsesión homicida. Tras perder su trabajo y ver rechazada una solicitud de préstamo de 20.000 dólares, canalizó toda su ira hacia la figura del entonces mandatario. Convencido de que Nixon era el origen de todos sus males, comenzó a diseñar un plan solitario y descabellado.

¿Cómo planeaba asesinar al presidente?

Su estrategia era tan ambiciosa como improvisada. Byck planeaba secuestrar un avión, obligar a la tripulación a volar hacia Washington D.C. y luego estrellar la aeronave en picada contra la Casa Blanca. Consideraba que la parte más difícil era asegurarse de que Nixon estuviera en la Oficina Oval en el momento del impacto.

En grabaciones que dejó, explicaba que mataría al piloto de un tiro en la nuca mientras el avión descendía y tomaría él mismo los controles para asegurar el blanco. Sin embargo, sus planes carecían de detalles logísticos cruciales y confiaba en gran medida en la improvisación.

Byck provenía de una familia humilde del sur de Filadelfia. Había abandonado la escuela joven, servido en el ejército y tenido una vida marcada por trabajos inestables y problemas mentales, siendo diagnosticado como bipolar. El rechazo bancario fue la gota que colmó el vaso.

La investigación del FBI que subestimó la amenaza

El hombre no era discreto. En reuniones sociales comentaba abiertamente su intención de matar al presidente, lo que llegó a oídos del FBI. La agencia federal inició una investigación pero rápidamente lo descartó como un “desequilibrado inofensivo”.

Los agentes descubrieron que había intentado unirse a las Panteras Negras y enviado cartas largas y confusas a diversas personalidades judías, incluyendo senadores, jueces, el director Leonard Bernstein y el científico Jonas Salk. Byck, por su parte, merodeaba por la Casa Blanca, anotando rutinas presidenciales, e incluso fue encontrado disfrazado de Papá Noel en los jardines en Navidad.

Para ejecutar su plan, necesitaba un arma. Al estar en una lista de prohibidos por sus amenazas públicas, no podía comprarla legalmente. La solución fue robarle un revólver Smith & Wesson a un amigo.

El día del intento de secuestro

La madrugada del 22 de febrero de 1974, Byck se dirigió al aeropuerto Baltimore-Washington. Al intentar colarse por una reja abierta hacia la pista, un guardia de seguridad lo detuvo. Byck respondió sacando el arma y disparándole a quemarropa, matándolo en el acto.

Corrió entonces hacia un DC-9 de Delta Air Lines con destino a Atlanta que estaba a punto de despegar. Subió a la cabina y, blandiendo el arma, amenazó al piloto y al copiloto, exigiéndoles que despegaran de inmediato. Cuando la tripulación intentó calmarlo explicando procedimientos de seguridad, Byck abrió una valija de cuero para mostrar su “ase”: una bomba casera con un bidón de nafta y una mecha.

La situación se tornó caótica. Byck, creyendo que le mentían, disparó y dejó gravemente heridos a ambos pilotos. Luego, aterrorizado, eligió al azar a una pasajera y le ordenó que pilotara el avión, a pesar de que ella no tenía experiencia alguna.

El final sangriento en la pista

Mientras tanto, la policía, ya alertada, se desplegó alrededor del avión. Un agente disparó a las ruedas para impedir el despegue, pero las balas rebotaron y perforaron las alas. Otros oficiales acercaron una manga a una puerta y comenzaron un tiroteo para ingresar.

Byck, dándose cuenta de la imposibilidad de su plan, devolvió el fuego pero cayó herido por dos impactos de bala. Consciente y sangrando, antes de que pudieran abrir la puerta, se disparó a sí mismo en la sien. Cuando lograron ingresar, aún con vida, alcanzó a decir “Ayúdeme, por favor” antes de fallecer.

El saldo final fue trágico: el guardia de seguridad y el copiloto murieron. El piloto sobrevivió y pudo volver a volar. Los periódicos del día siguiente cubrieron el intento de secuestro fallido, pero la verdadera magnitud del plan solo se conoció días después.

La revelación póstuma que conmocionó a EE.UU.

El periodista Jack Anderson publicó en The Washington Post una serie de artículos basados en cuatro casetes que Byck le había enviado por correo antes de su acto. En esas grabaciones, el hombre explicaba con detalle su motivación: asesinar al presidente Richard Nixon.

Byck creía que, una vez consumado el magnicidio y conocidas sus razones, el mundo lo erigiría como un héroe. Su historia quedó como un testimonio escalofriante de cómo la desesperación personal y la enfermedad mental pueden converger en un acto de violencia destinado a cambiar la historia.

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