Nuevas revelaciones sobre el asesinato de Érika Álvarez: el vínculo narco y la compleja trama en Tucumán
Nuevos datos revelan la compleja trama detrás del asesinato de Érika Álvarez en Tucumán: el vínculo con un narco paraguayo, los antecedentes del imputado “El Militar” y la búsqueda de cómplices en un crimen que conmociona a la provincia.
El crimen de Érika Álvarez, una joven de 25 años cuyo cuerpo fue hallado en un descampado de Manantial Sur, se perfila como uno de los casos más intrincados de la historia policial tucumana. La investigación avanza con nuevos datos sobre el imputado, Felipe “El Militar” Sosa, y su posible conexión con un narcotraficante paraguayo que ya estuvo detenido en la provincia, revelando una trama de violencia, drogas y vínculos de alta complejidad que mantiene en alerta a la Justicia local.
El perfil de la víctima y su entorno
Érika Antonella Álvarez tenía 25 años, estudiaba Enfermería y enfrentaba graves problemas de adicción. Según la investigación, la joven, que no contaba con trabajo ni ingresos fijos, mantenía relaciones con distintos hombres para sostener su consumo de drogas.
Familiares y allegados indicaron que participaba en fiestas privadas donde se facilitaban sustancias y ocurrían encuentros sexuales grupales. Inicialmente, su familia dijo que se desempeñaba como dama de compañía.
El único imputado: Felipe “El Militar” Sosa
El principal sospechoso es Felipe Sosa, un ex integrante del Ejército Argentino y de la Legión Extranjera de Francia, conocido como “El Militar”. Tras dejar la carrera castrense, se dedicó a la seguridad privada, fundando su propia empresa en Tucumán.
Su defensor, Marcelo Cosiansi, afirmó que “no era ningún comando ni una persona entrenada para matar” y que siempre participó en misiones de paz. A pesar de no tener antecedentes penales, Sosa estuvo involucrado en al menos tres procesos judiciales.
Los antecedentes judiciales del acusado
En el fuero federal, Sosa fue investigado por cultivo de marihuana tras un allanamiento en su domicilio. Logró un sobreseimiento al acreditar autorización para uso medicinal, aunque se informó que la cantidad incautada habría superado lo permitido.
También enfrentó una causa por violencia de género en la Justicia ordinaria, donde estuvo detenido y luego cumplió prisión preventiva en su casa. Finalmente fue sobreseído en un fallo que generó controversia. Además, un ex cuñado lo denunció por amenazas de muerte, lo que derivó en una medida de protección.
La conexión con el narcotráfico paraguayo
Un giro crucial en la investigación apunta al vínculo de la víctima con un narcotraficante de peso. Familiares de Érika señalaron que la joven mantenía una relación sentimental con C. F. B., alias “El Mayor”, un paraguayo mencionado en causas por tráfico de grandes cantidades de marihuana por vía aérea.
Este hombre ya había sido detenido en Tucumán en 2021, en una investigación de Interpol, por un pedido de captura de la Justicia Federal de Chaco vinculado al envío de 1.200 kilos de marihuana desde Paraguay en 2010. Fue extraditado y habría regresado a la provincia en 2023, período en el que se vinculó con Álvarez. Los investigadores no descartan que este narco haya sido un nexo entre la víctima y Sosa.
La teoría del crimen y la búsqueda de cómplices
El fiscal Carlos Picón sostiene que, entre el miércoles 7 y el jueves 8 de enero, Sosa habría asesinado a Érika a golpes en una vivienda de Yerba Buena, en Frías Silva al 1.300. La causa de la muerte habría sido una maniobra conocida como “toma de león”, que le provocó lesiones en al menos dos vértebras cervicales.
Según la acusación, el imputado luego ató la cabeza con los pies de la víctima para facilitar el traslado, colocó el cuerpo en una bolsa de residuos y lo arrojó en el descampado de Manantial Sur. Los investigadores consideran que esta acción no pudo realizarse en soledad, por lo que analizan la posible colaboración de terceros.
Las pruebas y la investigación en curso
En allanamientos realizados en oficinas del Grupo Sosa, personal de la División Homicidios secuestró camionetas, armas de fuego, una caja fuerte y dispositivos de almacenamiento con registros de movimientos vehiculares. También se investiga si el acusado recibió información para intentar huir del país, ya que fue detenido en Buenos Aires cuando presuntamente planeaba viajar al exterior.
Recientemente se iniciaron pericias genéticas sobre muestras biológicas recolectadas del cuerpo de Érika. De confirmarse su aptitud, se avanzará con análisis de ADN, cuyos resultados podrían demorar al menos un mes. En paralelo, continúan los estudios sobre los teléfonos celulares secuestrados y la búsqueda del dispositivo de la víctima, que aún no fue hallado.
El jefe de Policía, Joaquín Girvau, aseguró que “el trabajo sigue pese a que hay un detenido. La instrucción es clara: investigar todas las líneas hasta las últimas consecuencias”. Carlos Garmendia, abogado de la familia Álvarez, afirmó que si bien considera a Sosa autor del crimen, “es fundamental seguir reuniendo pruebas y no descartar la línea narco, porque los familiares necesitan saber toda la verdad”.
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