Murió David Hockney: el genio que pintó piscinas y desafió la censura gay
El icónico pintor británico, famoso por sus piscinas californianas y su lucha contra la censura gay, falleció a los 88 años. ¿Cuál fue su legado más radical?
El mundo del arte está de luto: David Hockney, el pintor británico que revolucionó la figura humana y capturó el sol de California, falleció a los 88 años. Su publicista, Erica Bolton, confirmó la noticia, aunque no se reveló la causa de la muerte. El artista, que nunca dejó de pintar hasta el final, murió nueve meses después de cerrar su gran retrospectiva en París.
Nacido en Bradford, Yorkshire, el 9 de julio de 1937, Hockney creció en una familia de clase trabajadora. Su padre, Kenneth, reparaba cochecitos y era activista antinuclear; su madre, Laura, fue musa recurrente en sus retratos. Desde joven mostró talento, ganó una beca de arte y, para evitar el servicio militar, se declaró objetor de conciencia y trabajó como auxiliar de hospital.
En 1959 ingresó al Royal College of Art de Londres, donde una exposición de Picasso lo marcó para siempre. Un viaje a Nueva York en 1961 lo llevó a reinterpretar La carrera de un libertino de Hogarth en clave homosexual, con escenas de bares gais y amores en Central Park. Con su estilo único —mitad abstracto, mitad realista— y su look excéntrico (trajes a cuadros, gafas de pasta y pelo teñido), se convirtió en una estrella del arte británico.
El amor por Los Ángeles y las piscinas
En 1964 visitó Los Ángeles por primera vez y quedó fascinado. Allí pintó sus icónicas piscinas, que lo consagraron como el cronista visual de la vida ociosa californiana. En 1966, mientras daba clases en la UCLA, conoció a Peter Schlesinger, su alumno, modelo y amante. La relación inspiró innumerables obras y una película, A Bigger Splash (1974), que dramatizó su ruptura.
Hockney fue pionero al mostrar abiertamente el amor homosexual en su arte, en una época de fuerte censura. Se posicionó públicamente contra las leyes antigay y, en 1988, amenazó con retirar sus cuadros de una exposición en la Tate Gallery para protestar contra la legislación homofóbica del gobierno británico. La ley fue rechazada y la muestra siguió adelante.
Más allá de la pintura: fotografía, teatro y tecnología
Hockney nunca dejó de experimentar. Usó la fotografía como herramienta, creando collages cubistas con Polaroids y paisajes panorámicos con una cámara Pentax 110. También incursionó en el teatro: diseñó escenografías y vestuarios para óperas como La carrera del libertino (Glyndebourne, 1975) y Parade (Metropolitan Opera, 1981).
En los años 80, adoptó la tecnología digital: hizo dibujos en iPad, grabados en fotocopiadoras y hasta envió una obra por fax a la Bienal de São Paulo en 1989. Su libro Secret Knowledge (2001) provocó controversia al afirmar que los viejos maestros usaban espejos y lentes para lograr realismo.
Reconocimientos y vida personal
Aunque rechazó el título de caballero en 1990, aceptó la Orden del Mérito en 2012, considerándola un regalo personal de la reina Isabel II. Su obra fue objeto de retrospectivas en los museos más importantes del mundo, desde la Whitechapel Gallery (1970) hasta la Fundación Louis Vuitton (2025), con más de 400 obras.
En sus últimos años, la sordera hereditaria lo aisló, pero encontró compañía en sus perros salchicha. Le sobreviven su pareja, Jean-Pierre Gonçalves de Lima, y sus hermanos Philip y John. Hockney siguió pintando hasta el final, incluso en silla de ruedas. “Simplemente sigo con mi trabajo”, dijo al New York Times en 2025. Y así lo hizo.
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