Migrar al sur: el sueño de progreso que puede convertirse en pesadilla
¿Qué lleva a un tucumano a dejarlo todo por un futuro en el fin del mundo? El cronista Miguel Velárdez lo cuenta en su nuevo libro, y las historias te helarán la sangre.
Migrar al sur: el sueño de progreso que puede convertirse en pesadilla
Dejar el norte, el calor, la familia y aventurarse en la Patagonia austral: una promesa de trabajo que puede transformarse en un martirio. El cronista tucumano Miguel Velárdez lo retrata en su libro Pisar el hielo negro, una obra que explora las historias de migrantes laborales que lo dejan todo por un futuro mejor en el sur del país. Soledad, desarraigo y el fantasma del suicidio atraviesan estos relatos que conmueven.
Velárdez, periodista con 27 años de trayectoria en La Gaceta, obtuvo a principios de 2024 la prestigiosa Beca Michael Jacobs de crónica viajera, otorgada por la Fundación Gabo, el Hay Festival y The Michael Jacobs Foundation for Travel Writing. Su proyecto fue elegido entre 316 propuestas de toda Hispanoamérica. Esa beca fue el motor que impulsó el viaje y la investigación plasmados en el libro.
El destino elegido fue Río Turbio, un pueblo minero de vientos eternos y nieve espesa, donde el aire se respira mezclado con polvo de carbón. Allí, Velárdez se sumergió en el día a día de los migrantes que, como él, dejaron el sol del norte para buscar sustento en las entrañas de una mina subterránea.
“En ese submundo regido por la oscuridad, los mitos y los silencios, el cronista descubre un territorio de contrastes extremos, donde conviven la sombra persistente del suicidio y el temor reverencial al Tío, el ser mitológico que devora vidas en los túneles”, destaca Jon Lee Anderson, reconocido reportero de The New Yorker, en el prólogo del libro.
Anderson también resalta que el libro es “el testimonio de las batallas humanas que desafían la inclemencia”, y que Velárdez rescata las victorias de las primeras mujeres mineras, impulsadas por Carlita, la primera trabajadora trans del yacimiento, y Vanesa Galván, una operadora de maquinaria pesada para quien el trabajo en las profundidades es motivo de orgullo.
¿Qué historias se encontró el cronista?
Velárdez recorrió cuatro puntos clave de Santa Cruz: Río Gallegos, Río Turbio, Caleta Olivia y el Glaciar Perito Moreno. Su objetivo era contar las historias de migrantes que llegaron con la promesa de un buen ingreso, pero sin conocer los obstáculos del clima, el desarraigo y el viento, su principal enemigo.
“Muchos llegaron al sur con la idea de ganar bien, ahorrar y después llevar a su esposa y a sus hijos para vivir todos bajo un mismo techo. Otros no lo lograron porque no soportaban esas condiciones y regresaron a su lugar de origen”, explica el autor.
En Santa Cruz existen categorías informales: los NyC (Nacidos y Criados), los VyQ (Venidos y Quedados) y los TAF (Traídos A la Fuerza). Estos últimos no pasan la prueba y se vuelven. El cronista se topó con tucumanos, salteños, catamarqueños, riojanos, litoraleños, pero también con peruanos, venezolanos, colombianos y paraguayos que llegaron sin saber lo fuerte que es el viento en ese extremo del mapa, y sin ropa adecuada.
Historias que conmueven
Entre los relatos que más lo marcaron, Velárdez menciona a un joven colombiano que dejó la calurosa Barranquilla para soportar 4 grados bajo cero en Río Gallegos y abrir una barbería; una venezolana que se define como extranjera en todos lados; un odontólogo peruano que extraña comer hormigas culonas y que ya no se siente peruano ni argentino; y un tucumano que tocó fondo sin trabajo y partió con las manos vacías a empezar de cero.
“Son historias que conmueven; a veces con algo tan simple como entender el valor de poder cortar una fruta de un árbol; eso es imposible en el sur austral”, reflexiona.
Mujeres mineras: rompiendo mitos
Velárdez también se adentró en el rol de las mujeres en la minería, un entorno históricamente machista. “Las mujeres que trabajan en la mina tienen una fuerza interior inquebrantable. En un entorno machista, ellas lograron su objetivo: trabajar en las profundidades de la mina y derribaron viejas creencias y mitos de que las mujeres eran las provocadoras de las desgracias”, afirma.
Carlita Rodríguez, la primera trabajadora trans del yacimiento, y Vanesa Galván, operadora de maquinaria pesada, son dos de las protagonistas que el libro rescata.
La crónica como antídoto a la infoxicación
En tiempos de redes sociales y formatos audiovisuales, Velárdez defiende el periodismo narrativo. “La crónica es el antídoto frente a la infoxicación. El contenido de las redes sociales es efímero. Dura lo que un video en TikTok y se pasa a otra cosa”, sostiene.
Para el autor, la crónica funciona como una construcción de la memoria histórica de una comunidad. “Todos sabemos que en el sur hay gente de todos lados; esa noticia ya se conoce, pero lo que hace la crónica es el rostro humano de esa noticia”, explica.
Y concluye: “El periodismo bien hecho sí tiene lectores. Cuando alguien está informado, toma mejores decisiones, no se deja manipular y vota mejor”.
El libro Pisar el hielo negro se presentará el viernes 31 de julio a las 17 en el SUM del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT), en el marco del Festival Internacional de Literatura de Tucumán (FILT).


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