Lo acusaron de un crimen que nunca existió, lo torturaron y la víctima apareció viva años después

Lo acusaron de asesinato, lo torturaron durante años y la supuesta víctima apareció viva. ¿Qué pasó con los responsables?

Por infotucuman · 27/06/2026 · min de lectura
Lo acusaron de un crimen que nunca existió, lo torturaron y la víctima apareció viva años después

Nelson Madaf tenía 19 años cuando lo detuvieron por la desaparición de Claudia Díaz, una adolescente de 15. La policía lo torturó hasta hacerlo confesar un asesinato que jamás ocurrió. Nueve años después, Claudia apareció viva en otra provincia. Pero para Nelson, el infierno ya había dejado marcas imborrables.

El 16 de octubre de 1989, Nelson acompañó a Claudia desde la escuela hasta su casa en San Luis. Se despidieron en la puerta y ella nunca volvió a ser vista. Esa misma noche, la adolescente se había escapado de su hogar para huir de los golpes de su padre. Subió a un camión rumbo a Caucete, San Juan, donde empezó de cero.

Pero la policía señaló a Nelson como el principal sospechoso. Lo acusaron de haberla obligado a abortar, asesinarla y ocultar su cuerpo. Nada de eso era cierto.

La noche que cambió todo

La madrugada del allanamiento fue brutal. Los efectivos irrumpieron a los gritos, golpearon a la familia y se llevaron a Nelson esposado y con la cabeza cubierta. Lo subieron a una camioneta, lo llevaron al río, lo metieron en una bolsa negra con un motor atado a los pies y lo sumergieron varias veces hasta casi ahogarlo.

Eso fue solo el comienzo. Durante casi tres años, Nelson fue sometido a torturas sistemáticas: lo colgaban de árboles, lo enterraban dejando solo la cabeza afuera, le hacían simulacros de fusilamiento. Le sacaron dientes con una botella rota y le aplicaron inyecciones con agujas infectadas, contagiándole VIH.

Bajo esa presión, terminó confesando un crimen que no había cometido. Estuvo preso hasta 1995, cuando lo liberaron por falta de pruebas tras la adhesión de Argentina al Pacto de San José de Costa Rica.

“Nunca se investigó a los torturadores”

El abogado Carlos Pereyra, que tomó el caso años después, asegura que el expediente es una muestra de la crueldad del sistema. “Lo que me llamó la atención fue la crueldad sin límites de los sistemas jurídicos”, afirmó. Y denunció: “Nunca se investigó a los responsables de los tormentos. Algunos se jubilaron como comisarios generales y todavía disfrutan de sus jubilaciones”.

Para Pereyra, la investigación se armó para calmar a la opinión pública, en un contexto de casos resonantes como el de María Soledad Morales.

La verdad que llegó tarde

Recién en 1998 se supo la verdad: Claudia Díaz estaba viva en San Juan, con pareja y cuatro hijos. Aquella noche de 1989 se había escapado de su casa, caminó hasta la ruta y subió a un camión. Fue mucama, vivió en la calle y luego formó una familia con Hugo González, con quien también sufrió violencia.

“Para Nelson fue un shock enterarse de que Claudia estaba viva. Quedó claro que todo había sido una mentira. Y nadie pidió disculpas”, dijo Pereyra.

Ayelén Toranzo, docente que acompañó a Nelson en sus últimos años, recuerda que él nunca habló mal de Claudia. “Siempre decía que ella también era una víctima porque sufría violencia en su casa”, afirmó.

Una vida destruida y el abandono final

Nelson nunca pudo recuperarse. La muerte de su madre lo hundió en una depresión profunda. Empezó a tomar alcohol y se recluyó en su habitación. Pasaba largas temporadas internado y dependía de la ayuda de vecinos para sobrevivir. La indemnización que recibió fue mínima y llegó tarde.

“Nunca nadie se preocupó de que pudiera vivir un poquito mejor”, lamentó Ayelén. “Para mí, justicia nunca hubo”.

Federico, uno de sus hermanos, contó que el interés de la gente desapareció apenas Nelson murió. “Desde el momento en que mi hermano murió, nunca más nadie se acercó a preguntar cómo estábamos”.

Nelson Madaf falleció el año pasado, con la salud destruida y una historia que nunca dejó de perseguirlo. “Debe haber muerto con mucha tristeza”, reflexionó Pereyra. “Pero también era un valiente. Nunca se calló”.

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