Llegó a los 17 años desde una isla africana y ahora su corazón se parte en dos: la historia del hincha de Estudiantes que vivirá el partido más difícil de su vida

Nació en Cabo Verde, llegó obligado a los 17 años a la Argentina y hoy, con 62, vive el Mundial con el corazón partido entre dos patrias. ¿A quién alentará el viernes?

Por infotucuman · 01/07/2026 · min de lectura
Llegó a los 17 años desde una isla africana y ahora su corazón se parte en dos: la historia del hincha de Estudiantes que vivirá el partido más difícil de su vida

Víctor Días Monteiro tiene 62 años, nació en Cabo Verde y vive en Berisso desde los 17. Esta semana, su país natal se convirtió en la revelación del Mundial y el viernes se enfrenta a Argentina. Para él, ese partido es mucho más que fútbol: es el choque entre dos patrias.

Una camiseta que cruzó el océano

En la habitación de Víctor no hay fotos de su infancia ni recuerdos de la isla. Solo una camiseta de Estudiantes de La Plata, roja y blanca, cuelga en la pared. “La tengo hasta el cajón”, dice entre risas. Lo curioso es que se hizo hincha del Pincha desde los seis años, cuando aún vivía en África, por influencia de su padre.

“Tenía seis años y mi papá hablaba de Estudiantes todo el tiempo. Todos mis amigos eran del Benfica o del Sporting de Lisboa. Yo era de Estudiantes de La Plata”, recuerda con emoción.

De Porto Novo a Ensenada: un viaje sin retorno

Víctor nació el 12 de abril de 1962 en Porto Novo, en la isla de Santo Antão. Su infancia fue tranquila, entre el mar y la vida sencilla. Todo cambió en noviembre de 1979: con 17 años, abordó un vuelo de Lufthansa rumbo a Argentina. Llegó como turista, pero su padre decidió dejarlo en Ensenada mientras él regresaba a Cabo Verde.

“Era de esa generación que decía que un hombre podía sobrevivir en cualquier parte”, dice Víctor. La decisión de un padre había que acatarla sin opción. El adolescente que quería seguir en su isla quedó solo en un país desconocido. “Siempre quise regresar. Siempre”, repite. Pero la vida empezó a escribir otra historia.

Consiguió trabajo en la construcción, se convirtió en maestro mayor de obras, formó una familia, tuvo tres hijos y cuatro nietos. Los años pasaron y el deseo de volver quedó postergado. “No había recursos. Me dediqué a criar a mis hijos, trabajé toda la vida y después vinieron las crisis. Cuando uno se quiere dar cuenta, ya pasaron décadas”, explica.

Recién pudo volver a Cabo Verde en 1996, luego en 2013 y 2017. Cada viaje fue una mezcla de alegría y descubrimiento. “El país crece muchísimo. Es muy chiquito, pero cada vez que vuelvo encuentro construcciones nuevas. Se administra con mucha responsabilidad y el turismo ayudó mucho”, cuenta.

La morabeza y el orgullo de dos banderas

Mientras el mundo descubre Cabo Verde gracias al fútbol, Víctor sonríe. Hace apenas unas semanas, pocos argentinos podían ubicar ese archipiélago de diez islas frente a la costa occidental de África. Hoy, su selección clasificó al Mundial y se enfrenta a Argentina. Como dijo el cónsul honorario de Cabo Verde, “el mundo ahora sabe que Cabo Verde existe”.

Víctor habla de la morabeza, una palabra que define el alma caboverdiana: hospitalidad, calidez, solidaridad. “Si preguntás por una dirección, no te dicen para dónde tenés que ir. Dejan lo que están haciendo y te acompañan. Si tomás un taxi de noche, el chofer no se va hasta comprobar que entraste a tu casa”, asegura.

Pero también la Argentina se convirtió en su casa. “Ya me di cuenta de que es como la canción de Serrat: ni soy de aquí ni soy de allá. Cuando estoy en la Argentina extraño Cabo Verde, pero cuando estuve dos meses y medio allá, en 2017, extrañaba Ensenada, La Plata, Berisso… Extrañaba la vida que construí acá”, confiesa.

Un partido que parte el corazón

El viernes, cuando el árbitro marque el inicio, Víctor alentará a Cabo Verde. “Cuando empiece el partido el corazón va a latir muy fuerte. Por mí, por mis hijos y por mis nietos”, reflexiona. Sabe que Argentina es el último campeón del mundo. “Cualquier jugador de los más económicos de la Argentina vale más que todo el plantel de Cabo Verde. Lo único que espero es que nuestro equipo haga un buen partido, que termine con una diferencia pequeña y que podamos salir con la frente en alto”, advierte.

Después del partido, gane quien gane, volverá a su casa en Berisso y se encontrará con la camiseta de Estudiantes que heredó de su padre. La misma que, según promete, lo acompañará “hasta el cajón”. Porque hay pasiones que no entienden de fronteras y corazones que pueden amar dos patrias.

Víctor Días Monteiro en la cancha de Estudiantes de La Plata

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