Las tres damas de hierro que desafían a Milei: Karina ordena, Bullrich se anima y Villarruel espera su momento

Karina ordena, Bullrich se anima y Villarruel espera. Las tres mujeres que marcan el ritmo del poder libertario mientras el escándalo de Adorni lo devora todo. ¿Quién terminará imponiendo su juego?

Por infotucuman · 09/05/2026 · min de lectura
Las tres damas de hierro que desafían a Milei: Karina ordena, Bullrich se anima y Villarruel espera su momento

El escándalo de Manuel Adorni dejó al descubierto que el poder en La Libertad Avanza no es tan vertical como se proyecta. Karina Milei, Patricia Bullrich y Victoria Villarruel juegan fuerte con estrategias distintas ante un Presidente que tuvo que salir a gritar “el presidente soy yo”.

Una de las personas que mejor conoce a Javier Milei analiza la situación: “Milei está cada vez más aislado. Y, claro, ellas aprovechan: las tres damas de hierro se mueven rápido para defender su propio juego”. La metáfora del “jamoncito” no estaría tan errada.

El hermetismo y el miedo a la filtración

Un funcionario de peso aceptó hablar, pero no en su despacho. Buscó una oficina alternativa, pidió dejar teléfonos en un locker bajo custodia de la Policía Federal, y recién entonces soltó: “Adorni es un collar de melones para nosotros y nos está arruinando todo. Tiene que explicar o se tiene que ir. Corta la bocha”.

El hermetismo no es anecdótico: en LLA se vive con miedo permanente a la filtración, un temor “casi stalinista” que marida con una sensación muy extendida: lo que más inquieta no es solo el volumen del problema patrimonial del ministro coordinador, sino la velocidad con que todo lo que pasa por Comodoro Py aparece en los portales antes de que Olivos pueda procesar la información.

Karina Milei: el poder real no se mudó

Mientras Javier Milei se codeaba con la élite financiera global en el Instituto Milken de Estados Unidos, Karina tomó un avión a San Juan para la Expo Minera. La delegación tenía altas dosis de karinismo y una ausencia llamativa: se llevó a Diego Santilli, a Martín “Lule” Menem y a Juan Bautista Mahiques, y dejó a su amigo “Manu” en Buenos Aires.

El movimiento de Karina tiene dos lecturas. Hacia afuera muestra gestión: agenda productiva, federalismo, Congreso. Hacia adentro ratifica que el poder real no se mudó. Por eso, cuando Patricia Bullrich golpea o apura al vocero, la secretaria general lo lee como un golpe al control que ejerce sobre la botonera entera.

Bullrich: la voz que se animó a decir lo que muchos piensan

Bullrich no pidió la renuncia de Adorni, pero hizo algo más peligroso: exigió papeles con detalles, en público y sin avisar. El lunes llamó a Milei por teléfono para anticiparle su posición, y el miércoles explicitó sus pensamientos en un estudio de televisión. Todo sin advertencia previa ni a Karina ni a la Secretaría de Comunicación.

Los integrantes de su riñón político cuentan que en esos minutos el rostro de Milei se desfiguró y la bronca era palpable. “Hasta acá se necesitaron y eso las hizo convivir, pero este affaire terminó de dinamitar ese equilibrio”, conceden. Y completan con una sospecha: “¿Coquetea con sus ex socios justo en este momento?”, en alusión a la sonrisa que Bullrich le dedicó a Mauricio Macri en la cena de la Fundación Libertad.

En los despachos oficiales, un nutrido grupo de funcionarios reconocía en privado que Bullrich se animó a esbozar lo que muchos piensan y no se atreven a decir. “Hicimos lo que había que hacer. A este punto, a Adorni sólo lo defienden Tronco y Lilia”, ironizan en ese sector.

Villarruel: la astilla silenciosa

Victoria Villarruel no necesita declarar la guerra: le alcanza con aparecer en el momento justo. Cuando apareció el contratista de la casa del country Indio Cuá dando detalles de las obras, la vice eligió publicar una chicana: “Una cascada de éxitos”. Más allá del chascarrillo, su postura es clara: “Karina va a terminar destrozando todo”, le escucharon decir algunos dirigentes.

La vicepresidenta lleva meses en modo recorrida: desde su oficina del Senado promete completar en breve su visita a las 24 provincias; le faltan Chaco, La Pampa y San Juan. La relación entre Milei y Villarruel se deterioró desde los primeros meses de gestión. Ella construyó una agenda paralela y subraya que en 2023 la población votó una “fórmula mixta”: “un anarcocapitalista liberal y una nacionalista productivista”. “Javier se la pasa en Estados Unidos y Victoria duerme abrazada a una bandera de Argentina”, comparan a su lado.

En el Círculo Rojo la observan con atención: ven a una rara avis que mira el desgaste del oficialismo con distancia prudencial. “Si ella habla, se pudre todo. Es consciente de lo lábil que es la lógica del Gobierno y prefiere ser respetuosa”, dice alguien que la frecuenta.

Así las cosas, las “damas de hierro” le muestran verdades incómodas a Milei en varios flancos: sectores que quieren ordenar pero no logran controlar, sectores independentistas que marcan diferencias sin romper, y sectores que se imaginan futuros en los que el violeta ya no es el color predominante. En el medio, un jefe de Gabinete presionado que el mandamás libertario no piensa “ejecutar” pero que se transformó en una bomba que nadie termina de desactivar. Demasiado para resolver antes del 2027 electoral.

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