Las excusas más flojas de la historia: el kirchnerismo y los dólares de Insaurralde
¿Dólares de cotillón o un sistema de corrupción? Las excusas del kirchnerismo y los millones que nadie quiere explicar.
Dos días después de que salieran a la luz los videos del placard repleto de dólares de Martín Insaurralde y Jésica Cirio, empezaron a escucharse las excusas más penosas de la historia. Argumentos flojos que ya son un clásico del kirchnerismo.
En la causa Cuadernos dijeron que eran “fotocopias”. Con Lázaro Báez, que era “gente contando plata” en La Rosadita. Los bolsos de José López: “plata de gente de Macri”. A Milagro Sala la perseguían “por negra, coya e india”. Y ahora le dijeron al periodista Diego Cabot, de La Nación, que los dólares del vestidor eran de “cotillón”. Una de las excusas más estúpidas de la historia.
¿Cuánto dinero había en el placard?
El periodista Carlos Pagni estimó que en ese vestidor de lujo podría haber US$10 millones. Para que se entienda: una persona que ahorra $2 millones por mes debería trabajar 625 años para juntar esa cifra. ¿Y encima pretenden tomarnos el pelo?
Insaurralde no llegó allí por casualidad. En los años 90 se casó con Liana Toledo, hija de Hugo Toledo, ministro de Obras y Servicios Públicos de Duhalde, el hombre que manejaba el juego. Allí empezó a entender cómo funcionaba la vida.
Ya con Duhalde presidente, Insaurralde fue chofer, secretario y confidente del intendente de Lomas de Zamora, Jorge Rossi. Cuando Rossi fue promovido a presidente del Instituto Provincial de Lotería y Casinos, Insaurralde recibió su máster en juego.
El vínculo con Cristina y Máximo
Cristina Kirchner vio ese valor agregado para la campaña de 2013. Insaurralde manejaba miles de millones de pesos del juego y lo mandaron a pelear contra Massa. En 2013, el juego legal le recaudaba a la provincia de Buenos Aires $15.694 millones. En 2024, la cifra llegó a $178.629 millones. Todo ese dinero siempre lo manejó la misma persona: Martín Insaurralde.
Cuando pasó a ser jefe de Gabinete de Kicillof en 2021, pidió una sola condición: poner a un hombre de confianza como delegado en el Instituto de Loterías y Casinos. Ese hombre fue Omar Galdurralde. ¿Y quién lo puso ahí? Máximo Kirchner, el hijo de Cristina. Porque siempre fueron socios.
Cuando Kicillof perdió las elecciones de medio término de 2021 contra Diego Santilli, Cristina y Máximo aprovecharon para intervenirle el gobierno y le metieron a Insaurralde como jefe de Gabinete. ¿Por qué? La respuesta está en el vestidor: caja. Kicillof no es inocente: sabía todo.
La indignación selectiva
Por eso resulta penosa la indignación selectiva del kirchnerismo. Con Adorni fueron a la casa del country, hicieron clases públicas, organizaron marchas, pidieron interpelación, renuncia y moción de censura. Con Insaurralde, ni una palabra. Víctor Hugo Morales lo resumió: “Nosotros tenemos algunos chorros. Pero ellos no tienen ninguno honesto.” Insaurralde es “algún chorro”. Un chorro suelto, como José López, Ricardo Jaime o Lázaro Báez. Al final, son un montón de chorros sueltos.
Pero cabe preguntarse: ¿no será que fue un sistema de corrupción? Una estructura delictiva para recaudar dinero, donde cada uno tenía su rol: Jaime del transporte, López de la obra pública, De Vido de Venezuela, Eskenazi de YPF, Schoklender de las Madres, Tombolini de las SIRA, Insaurralde del juego. Y para darle fachada cool y popular a ese sistema, usaron la televisión. Lavado de imagen, blanqueo, legitimar dirigentes oscuros.
Un canuto es dinero guardado en secreto para uso personal. Por lo general, una persona tiene como canuto el 20% de sus ahorros. Si había US$10 millones en el placard, el patrimonio total supera los US$50 millones.
Sería bueno que Jésica Cirio hable y cuente el origen del dinero. Nunca va a suceder. Porque algunas mujeres forman parte de la omertá, un pacto de silencio. Wanda Nara no ve nada, Ileana Calabró no ve nada, Karina Jelinek no ve nada, Sofía Clerici no ve nada, Jésica Cirio no ve nada. Pero todas disfrutaron de las mieles del poder.
La corrupción ya salió del closet. Ahora le toca a la Justicia. Juvenal preguntaba: ¿quién vigila a los vigilantes? La respuesta es que siempre miraron para otro lado.

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