La trama narco que usa a mujeres vulnerables como “capsuleras”: el oscuro viaje desde Bolivia a Tucumán
¿Cómo captan a sus víctimas las redes narco? La impactante modalidad de los “capsuleros” desbaratada en controles tucumanos, donde la droga viaja en el cuerpo de personas obligadas bajo amenaza.
Una peligrosa modalidad del narcotráfico, que obliga a personas a tragar cocaína, se expande por el norte argentino con epicentro en controles tucumanos. Los procedimientos en Molle Yaco y Huacra destaparon una red que explota la necesidad, donde los transportistas, en su mayoría mujeres bolivianas, arriesgan sus vidas por unos pocos dólares mientras las organizaciones criminales multiplican sus ganancias.
El sábado, en un control de rutina en Molle Yaco, gendarmes detuvieron un micro de larga distancia. Durante la inspección, un pasajero comenzó con fuertes dolores abdominales y pidió asistencia médica. Fue trasladado primero al hospital de Trancas y luego al Centro de Salud, donde finalmente evacuó cápsulas que contenían más de un kilo de cocaína.
¿Cómo opera la red de captación?
El caso de tres mujeres detenidas a fines de febrero permitió reconstruir el macabro mecanismo. Melisa (21), Delia (32) y Joana (24), todas bolivianas en situación de precariedad y con hijos, fueron contactadas con la promesa de dinero por transportar supuestas prendas a Argentina. La organización financió su viaje y las hizo cruzar por un paso no habilitado para evitar registros.
Una vez en Villazón, fueron encerradas en una vivienda. Allí, un hombre apareció con cápsulas de droga y, bajo amenazas directas contra sus hijos, las obligó a ingerirlas. “Te vas a llevar todo esto si no querés que le pase algo a tu hijita”, le dijo a Melisa. Las intentaron forzar a tragar cerca de 100 cápsulas, bajo vigilancia constante y sin alimento.
Las tres fueron interceptadas en el control de Molle Yaco. A pesar de sobrevivir al riesgo sanitario, su calvario continuó tras las rejas, donde sufrieron discriminación y malos tratos, e incluso fueron obligadas a realizar tareas de limpieza por otras detenidas.
Un patrón que se repite y crece
Días antes del caso en Molle Yaco, en Huacra —en el límite con Catamarca—, otro operativo sobre un tour de compras derivó en un hallazgo mayor. Una mujer llevaba más de tres kilos de droga adheridos a su cuerpo. En un procedimiento poco habitual, todos los pasajeros fueron sometidos a estudios radiográficos, detectándose cápsulas en cinco personas, con un total de más de 10 kilos de cocaína.
La secuencia de casos es alarmante. Comenzó en enero con una detención en La Rioja y continuó en febrero. En lo que va del año, los secuestros por esta modalidad alcanzaron los 14 kilos, lo que implica un incremento superior al 20% respecto al mismo período anterior. En 2023 y 2024, este tipo de envíos ni siquiera había sido detectado por las fuerzas de seguridad.
Los expedientes judiciales muestran patrones claros: más de la mitad de los detenidos son de nacionalidad boliviana, los traslados parten mayormente desde Jujuy y tienen como destino final Mendoza. El cargamento decomisado tiene un valor estimado de U$S 42.000 en frontera, que puede ascender a U$S 70.000 en destino, pero los “capsuleros” apenas reciben U$S 200.
Un fallo judicial que marca un precedente
La defensa de las tres mujeres, a cargo de los abogados Alejandro López Islas y Nicolás Ramasco Padilla, solicitó desde el inicio que se aplicara la ley de Trata de Personas. Argumentaron que fueron captadas mediante engaños y sometidas bajo amenazas. El fiscal federal Agustín Chit acompañó la hipótesis.
Finalmente, el juez Guillermo Díaz Martínez consideró acreditada esa situación y resolvió el sobreseimiento de las mujeres, ordenando su inmediata liberación. Tras recuperar la libertad, regresaron a Bolivia. “Hasta el último momento fueron obligadas a limpiar los baños. Eso demuestra todo lo que vivieron”, señalaron sus defensores.
El avance de esta modalidad deja al descubierto la sofisticación y crueldad de las redes narco, que encuentran en la extrema vulnerabilidad social un terreno fértil para reclutar eslabones descartables en una cadena delictiva en expansión en toda la región.
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