La tragedia que silenció la epopeya: el error que mató a tres cosmonautas cuando volvían a casa
¿Sabías que tres cosmonautas murieron en el espacio por un error que se pudo evitar? La historia de la Soyuz 11, donde un fallo de presión y la falta de trajes espaciales sellaron su destino.
El 29 de junio de 1971, la Soyuz 11 regresó a la Tierra con un aterrizaje perfecto. Pero al abrir la escotilla, los rescatistas se encontraron con los tres cosmonautas muertos. No hubo explosión ni choque: un simple fallo de presión los mató en segundos.
¿Qué salió mal en la misión más ambiciosa de la URSS?
La Soyuz 11 había despegado el 6 de junio de 1971 con la misión de acoplarse a la estación espacial Salyut 1, la primera en orbitar la Tierra. Los tripulantes eran Gueorgui Dobrovolski, comandante novato de 43 años; Vladislav Vólkov, ingeniero de vuelo de 35; y Viktor Patsáyev, de 38. Pero desde el principio, la misión estuvo plagada de problemas técnicos y tensiones humanas.
Para ahorrar espacio y permitir que viajaran tres cosmonautas en lugar de dos, las autoridades soviéticas decidieron que no llevaran los voluminosos trajes espaciales presurizados. En su lugar, usaron trajes de entrenamiento, sin protección ante una eventual pérdida de presión. Varios altos mandos, como Illiá Lavrov y Nikolai Kamanin, advirtieron del peligro, pero fueron ignorados. El jefe del programa, Vasili Mishin, llegó a gritar: “¡No quiero cobardes en mis naves!”.
Los récords que sellaron su destino
A pesar de los contratiempos —humo en la estación, discusiones entre Dobrovolski y Vólkov, y una capacidad pulmonar reducida en un 33%— la misión batió récords de permanencia en el espacio. El 25 de junio cumplieron el plazo máximo, pero los jefes decidieron que regresaran entre el 27 y el 30. Antes de partir, una luz indicó que la escotilla no cerraba bien; Vólkov la forzó diez veces hasta que el sensor se apagó.
A las 21:15 del 29 de junio, la Soyuz 11 se separó de la Salyut 1. Dobrovolski dijo por radio: “Mañana nos reuniremos. Preparen el coñac”. Fue su último mensaje.
Una fuga letal en el vacío
Al separarse del módulo orbital, dos válvulas de equilibrio de presión se abrieron prematuramente, a solo seis centésimas de segundo de diferencia. El aire escapó al espacio. En veinte segundos, la presión cayó tanto que los cosmonautas perdieron el conocimiento. A los 110 segundos, sus corazones se detuvieron.
Los manuales indicaban que una fuga debía sellarse en veinte segundos, pero en los entrenamientos los astronautas tardaban entre treinta y cuarenta. Sin máscaras de oxígeno —que Lavrov había solicitado y les habrían dado dos o tres minutos—, no tuvieron oportunidad. Las autopsias revelaron hemorragias cerebrales y nitrógeno en sangre, signos de despresurización súbita.
La cápsula continuó su descenso automático y aterrizó sin problemas a las 6:16 del 30 de junio. Cuando el equipo de rescate abrió la escotilla, encontró los cuerpos sin vida. Intentaron reanimarlos, pero era demasiado tarde.
Las consecuencias de la arrogancia
La tragedia paralizó el programa espacial soviético durante dos años. Las reglas cambiaron: desde entonces, todos los astronautas deben usar trajes presurizados durante el lanzamiento y el regreso. Las cabinas se rediseñaron para mantener la presión ante fugas, y las tripulaciones se redujeron a dos personas.
Nikolai Kamanin, quien había advertido del peligro, fue destituido por no entrenar a los cosmonautas para emergencias. Los cuerpos de Dobrovolski, Vólkov y Patsáyev fueron enterrados en la Muralla del Kremlin, como héroes. Pero su muerte no fue por una explosión ni un choque: fue por una válvula que se abrió en el momento equivocado y la decisión de viajar sin trajes espaciales.






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