La secretaria judicial detenida por el crimen de Érika Álvarez rompe el silencio: revela el terror que vive en la cárcel y un oscuro secreto sobre Sosa
Desde su celda, la secretaria judicial procesada en el caso del asesinato de Érika Álvarez rompió el silencio con un relato estremecedor. ¿Qué confesión hizo sobre las actividades de Felipe “El Militar” Sosa y qué terror vive a diario tras las rejas? Los detalles que cambiaron todo.
La investigación por el asesinato de Érika Antonella Álvarez, ocurrido el 7 de enero, ha tomado un giro inesperado con la declaración de Justina Gordillo, la secretaria judicial procesada por encubrimiento. Ante el fiscal Pedro Gallo, la funcionaria detenida describió una realidad aterradora tras las rejas y soltó una bomba sobre las actividades del principal imputado. Su testimonio no solo expone el drama personal de una mujer separada de sus hijos, sino que también arroja luz sobre un entramado de consumo y presuntos vínculos con el narcomenudeo que rodea a los protagonistas de este caso.
El pánico tras las rejas
Asistida por sus defensores María Florencia Abdala y Camilo Atim, Gordillo confesó vivir su detención con un miedo paralizante. “Todo esto es distinto a mi vida. Estar acá me da pánico. No puedo ver a mis hijos”, afirmó la mujer. Su relato pinta un cuadro desolador dentro del penal, donde asegura ser hostigada por otras internas. “En la cárcel me gritan asesina y me quieren pegar. No puedo salir de la celda”, declaró. La situación también ha impactado gravemente a su familia, sumándole una capa extra de angustia. “Mi familia está muy mal y, como se dijeron cosas de narcotraficantes, me da terror el tema”, completó.
La conexión con las fiestas electrónicas
Uno de los puntos más explosivos de su declaración fue su versión sobre Felipe “El Militar” Sosa, imputado como autor material del homicidio. Gordillo aseguró que desconocía cualquier actividad ilícita por parte de Sosa, pero luego reveló un dato clave que él mismo le habría confesado. “Me dijo que hace más de tres años estaba muy descontrolado y que comercializaba pastillas en fiestas electrónicas”, expresó la secretaria judicial. Esta afirmación conecta directamente con otras líneas de investigación abiertas en la Justicia tucumana.
Según fuentes de la causa, el expediente está atravesado por el consumo de sustancias y por presuntos contactos con personas ligadas al tráfico de drogas. La víctima, Érika Álvarez, era pareja de Carlos “El Paraguayo” Ferreyra, un ciudadano paraguayo detenido en 2021 en Juan Bautista Alberdi en una causa por presunta organización dedicada al traslado de marihuana en vuelos ilegales. Se supo que Ferreyra habría regresado a la provincia en 2023 y, de acuerdo con testimonios incorporados al expediente, habría sido quien presentó a Sosa con la joven asesinada. Gordillo, sin embargo, negó rotundamente haber tenido contacto con Ferreyra.
Otra causa que involucra a Sosa
El nombre de Felipe Sosa no solo resuena en este homicidio. También aparece mencionado en otra investigación instruida por el fiscal José Sanjuan, vinculada a la supuesta comercialización de éxtasis en fiestas electrónicas. En ese expediente fueron procesados César Fernández Fazio y Mariano Valdez, y, según fuentes judiciales, Sosa figura como presunto proveedor. Ninguno de los acusados en esa causa aceptó declarar como testigo protegido.
Además, en 2023 se realizó un procedimiento en una vivienda de la calle Frías Silva al 1.300, en Yerba Buena, donde se hallaron plantas y elementos de cultivo de marihuana. Sosa fue sobreseído en esa causa por el juez federal José Manuel Díaz Vélez, aunque la resolución fue apelada por el fiscal Agustín Chit y aún no quedó firme.
La defensa de “El Militar” sale al cruce
Frente a estas acusaciones, los defensores de Felipe Sosa, Marcelo Cosiansi y Rubén Flores, salieron a rechazar cualquier vínculo de su asistido con la venta de estupefacientes. “Lo que él padece es un grave problema de adicción. Es todo. No hay ningún indicio que corrobore esa versión”, afirmaron los letrados. Su postura busca desvincular a Sosa de las acusaciones de narcotráfico, centrando el foco únicamente en su problemática de consumo.
Con múltiples aristas abiertas y testimonios que se contradicen, la causa por el crimen de Érika Antonella Álvarez continúa avanzando. La Justicia intenta determinar responsabilidades en un caso donde el homicidio y las sospechas de narcotráfico aparecen estrechamente entrelazados, mientras los involucrados enfrentan desde la cárcel las consecuencias de un drama que parece lejos de terminar.
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