La sala de cine que marcó una época en Tucumán y hoy solo vive en el recuerdo
Filas que ocupaban media cuadra, funciones continuadas y marquesinas que iluminaban el centro: así era la mágica época del cine Candilejas en Tucumán. ¿Recuerdas cuál fue la última película que viste allí?
Hubo un tiempo en que el corazón de San Miguel de Tucumán latía al ritmo de las marquesinas iluminadas y las filas para ver cine. Entre las salas que definieron esa era dorada del entretenimiento, el Candilejas, en plena primera cuadra de 9 de Julio, ocupa un lugar privilegiado en la memoria colectiva de generaciones.
Este cine formaba parte de un circuito que convirtió al microcentro en el principal polo cultural de la provincia. En pocas manzanas, varias salas proyectaban películas desde la tarde hasta la madrugada, haciendo de la salida al cine uno de los planes más populares entre los tucumanos.
Su ubicación era estratégica, en una zona bullente de comercios, bares y teatros. La fachada, con sus grandes letras metálicas y la cartelera siempre encendida, se transformó en una postal icónica del paisaje urbano.
¿Cómo era la experiencia en el Candilejas?
La sala contaba con una capacidad considerable, una pantalla de gran tamaño, proyección en 35 milímetros y un sistema de sonido que para su tiempo era considerado moderno. La disposición en pendiente de las butacas garantizaba una buena visibilidad desde cualquier punto.
Una particularidad muy recordada eran las funciones continuadas. El público podía ingresar a mitad de una película y quedarse a verla desde el principio en la siguiente rotación. Era común también que con una sola entrada se pudieran ver dos films consecutivos, una práctica habitual en los años setenta y ochenta.
Por su pantalla desfilaron grandes producciones de Hollywood, clásicos del cine europeo y numerosas películas argentinas. La programación era variada, incluyendo comedias, policiales, westerns y filmes de aventura, adaptándose luego a los éxitos comerciales que marcaron a la generación de los ochenta.
Un ritual social que ya no existe
Ir al cine era entonces un verdadero ritual. Las funciones se llenaban y, en los estrenos más esperados, las colas podían extenderse por media cuadra. Era un plan familiar, un punto de encuentro para adolescentes y la primera cita para muchas parejas.
La vida nocturna del centro se activaba después de las funciones. Los espectadores salían a caminar por las peatonales, se detenían en los bares o continuaban la noche en otros espectáculos, en un dinamismo muy diferente al actual.
El Candilejas no estaba solo. Formaba parte de una red de salas legendarias como el Cine Plaza, el Cine Rex y el Cine 25 de Mayo, que durante décadas concentraron a miles de espectadores semanalmente.
El ocaso de una era
El declive de estas grandes salas del centro comenzó a gestarse en la década de 1990. La expansión de la televisión por cable, la llegada del VHS y luego del DVD cambiaron radicalmente los hábitos de consumo audiovisual de la gente.
El golpe final lo dieron los modernos complejos multipantalla instalados en shoppings, que redefinieron por completo la experiencia cinematográfica en la ciudad. Uno a uno, los cines históricos cerraron sus puertas o fueron reconvertidos en locales comerciales, templos y otros espacios.
Así se fue apagando, lenta pero inexorablemente, una de las tradiciones urbanas más arraigadas en la provincia. El edificio que albergó al Candilejas y su marquesina luminosa pasaron a ser parte del pasado.
Sin embargo, su recuerdo persiste con fuerza. Para miles de personas, fue el escenario de sus primeras películas en pantalla grande, de salidas familiares inolvidables y de largas tardes de sábado con amigos. Hoy, el Candilejas trasciende su función original para convertirse en un símbolo de una época donde el cine era un espectáculo colectivo y un punto de encuentro fundamental en la vida social tucumana.
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