La misión secreta de un amigo: llevó las cenizas de su compañero ricotero al velatorio del Indio Solari

Un profesor de Avellaneda cumplió la última voluntad de su amigo ricotero: llevar sus cenizas al velatorio del Indio Solari. La emotiva historia de cómo logró que descansen juntos.

Por infotucuman · 11/06/2026 · min de lectura
La misión secreta de un amigo: llevó las cenizas de su compañero ricotero al velatorio del Indio Solari

En medio de la multitud que despidió al Indio Solari, un hombre de 45 años caminaba con un objetivo que iba más allá del duelo personal. Darío Alvarenga, profesor de Educación Especial y fanático de Los Redondos, llevaba consigo las cenizas de su amigo Daniel Cardoso Duarte, fallecido en 2020, para que descansara junto a su ídolo. La historia de cómo logró unir dos pérdidas en un solo homenaje conmueve al Conurbano.

El domingo, mientras cientos de miles de personas se congregaban en el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico para dar el último adiós al cantante, Darío sintió un impulso imparable. “Me desperté y le dije a mi compañera: ‘Quiero llevar los restos del Dani’. Ella me dijo que estaba loco, pero no dejé que eso me frenara”, recuerda.

¿Quién era Daniel, el amigo que nunca pudo despedirse?

Daniel Cardoso Duarte, diez años mayor que Darío, era un personaje inolvidable en el barrio. “Trabajaba en una oficina y caminaba las calles de tierra con el pelo largo, rubio, ojos celestes y un traje impecable. Después pasó a la herrería con su padre, pero su verdadera profesión era ser ricotero”, relata Darío. “Era como un personaje de Capusotto, de cualquier cosa te terminaba hablando de Los Redondos”.

Daniel falleció a los 45 años, víctima de una “enfermedad malvada”, según palabras del propio Indio. La pandemia impidió un velorio tradicional: “No pudimos abrazar a su papá ni a su mamá, no pudimos estar todos juntos para llorarlo y recordarlo. Eso me dejó una deuda emocional”, confiesa Darío.

El momento en que la familia dijo sí

Sin dudarlo, Darío cruzó la calle y tocó el portón de los padres de Daniel. Cuando la madre escuchó la propuesta, rompió en llanto: a ella también se le había cruzado la misma idea. Tras consultar con Daniela, la hija de Daniel, la familia dio su consentimiento. Mientras esperaba la urna, Darío presenció una escena que lo marcó para siempre: “Vi cuando su papá apoyó la urna en la mesa y le hablaba a su hijo. Fue una imagen que no se me borra más”.

El yerno de Daniel lo llevó en moto hasta la fila del velatorio. Allí aparecieron los viejos amigos del barrio. “Volvíamos a ser el mismo grupo de siempre, listos para entrar juntos al último recital”, dice Darío.

La urna al lado del cajón

Tras horas de espera, Darío ingresó a la capilla ardiente con la urna entre sus manos. La organización del evento recibió el pedido y le aseguraron que la urna estaría junto al cajón del Indio. “Después me mandaron un video donde muestran cómo la depositaron al lado. Dani descansa para siempre junto a su ídolo”, cuenta emocionado.

Hoy, las hijas de Daniel le escriben mensajes de agradecimiento, y los vecinos lo felicitan en la calle. Pero lo más importante para Darío es la paz interior: “Pude cerrar un ciclo, me siento bien, en paz”. Y aunque el Conurbano extraña al Indio y a Daniel, sabe que en algún lugar del cielo, ese flaco de traje y remera ricotera está disfrutando el pogo más inolvidable de su vida.

También puede interesarle

Espectáculos
Espectáculos
Espectáculos
Espectáculos
Espectáculos
Espectáculos
Publicidad