La investigación del femicidio de Érika Álvarez revela vínculos con un entorno narco y encuentros con policías
¿Qué papel jugó el entorno narco en este crimen? Los abogados revelan detalles sobre encuentros con policías y vínculos que podrían cambiar el curso de la investigación.
La investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez continúa sumando elementos y líneas de análisis, aunque por el momento no existen pruebas que permitan afirmar que el crimen haya estado directamente vinculado al narcotráfico. Así lo sostuvo el abogado querellante Carlos Garmendia, representante de la familia de la víctima, quien advirtió que aún no puede determinarse con certeza el móvil del hecho.
El letrado remarcó que, si bien el expediente contiene múltiples referencias al entorno narco, no hay indicios concretos que confirmen esa hipótesis como causa del asesinato. No obstante, consideró imprescindible avanzar en esa línea y solicitó formalmente la intervención de la Justicia Federal para profundizar la investigación.
¿Quién era Carlos Ferreira?
Uno de los ejes centrales del planteo apunta a la relación que la joven mantenía con Carlos “El Mayor” Ferreira, señalado como una figura vinculada al tráfico de drogas. Según explicó Garmendia, existen elementos que indican un vínculo afectivo entre ambos, aunque también deslizó la posibilidad de que ese lazo haya sido utilizado para otros fines.
En ese sentido, el querellante sostuvo que Álvarez podría haber sido parte de encuentros donde se abordaban cuestiones relacionadas con el narcotráfico, reuniones en las que —según indicó— habrían participado incluso efectivos policiales tucumanos involucrados en ese tipo de actividades. Como respaldo, mencionó la existencia de una fotografía que documentaría uno de esos encuentros en una vivienda de El Cadillal.
¿Qué revelan los testigos?
Por su parte, el defensor de Felipe “El Militar” Sosa, Marcelo Cosiansi, también se refirió al contexto en el que se desenvolvía la víctima, señalando que las declaraciones incorporadas al expediente describen un entorno atravesado por el consumo de sustancias, vínculos con personas ligadas al mundo de la droga, relaciones inestables y conflictos frecuentes.
El abogado sostuvo que el relato de los testigos configura un escenario donde el dinero, la nocturnidad y el riesgo formaban parte de la vida cotidiana de la joven. En ese marco, mencionó la presencia de personas vinculadas al suministro y comercialización de estupefacientes, así como situaciones de temor y persecución que la propia Álvarez habría manifestado en sus últimos tiempos, incluso registrando patentes de vehículos que, según creía, la seguían.
Dentro de ese entramado aparece nuevamente la figura de un hombre identificado como “Carlos”, a quien Cosiansi describió como alguien con un rol relevante en la vida de la víctima y no como un elemento circunstancial.
El defensor rechazó que esta línea de análisis responda a una estrategia para desligar responsabilidades y remarcó que el objetivo es reconstruir con precisión lo ocurrido. A su entender, avanzar en la causa requiere abordar todas las aristas del expediente sin descartar hipótesis.
Mientras tanto, la investigación continúa abierta y con múltiples aspectos en evaluación, en un caso que combina violencia, vínculos personales complejos y posibles conexiones con circuitos delictivos que aún no han sido plenamente esclarecidos.
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