La foto sonriente con Bussi que esconde el amanecer más amargo de un gobernador tucumano

Una foto los muestra sonrientes y juntos días antes del golpe. ¿Qué pasó en esa madrugada del 24 de marzo que cambió todo y llevó al gobernador a un encierro de casi tres años? El relato crudo del momento en que el poder se quebró en Tucumán.

Por infotucuman · 23/03/2026 · min de lectura
La foto sonriente con Bussi que esconde el amanecer más amargo de un gobernador tucumano

Una imagen impecable, días antes del golpe, contrasta con la crudeza del relato de su detención y los casi tres años de encierro que siguieron. Amado Juri, el último gobernador constitucional de Tucumán antes de la dictadura, revivió en sus memorias el instante en que el poder democrático fue arrebatado a la fuerza en la madrugada del 24 de marzo de 1976.

La fotografía, tomada el 20 de marzo de 1976, muestra una escena de aparente normalidad. Juri, elegido por los tucumanos en 1973, recorre el Regimiento 19 de Infantería junto al entonces coronel Antonio Domingo Bussi. Sonríen, conversan, pasan revista a las tropas. Nada en esa postal anticipa el quiebre que se avecinaba.

El gobernador mantenía una agenda intensa de obras y gestión en un clima nacional cada vez más tenso. Supervisaba la diagonal a Tafí Viejo, había inaugurado el dique Los Pizarro y viajaba constantemente a Buenos Aires. Sabía que un desenlace violento era inminente.

La madrugada que todo cambió

En la noche del 23 al 24 de marzo, un grupo de militares irrumpió en su casa y lo condujo a Casa de Gobierno. “Eran cerca de las tres de la mañana cuando entré a mi despacho y estaba lleno de militares y policías. Revisaban papeles, abrían muebles, iban de un lado a otro”, recordaría Juri años después.

En medio de esa ocupación total, un gesto lo marcó para siempre. “Antonio Bussi gritaba órdenes pero no me dio ni los buenos días ni me miró. Me ignoró como gobernador elegido y como persona”. El silencio del militar que días antes caminaba a su lado simbolizaba el fin de una era.

El largo encierro en la Cárcel de Encausados

Su destino inmediato fue la prisión. “Después me llevaron a la Cárcel de Encausados donde estuve dos años, nueve meses y siete días. No acepté ningún privilegio para mí o mi familia: debían hacer cola para verme”, relató. Allí, asumió un rol como representante de los detenidos ante las autoridades del penal, discutiendo incluso la mísera paga por el trabajo de fabricar ladrillos.

Su familia vivió la incertidumbre en carne propia. Su hijo Fernando, entonces un niño, recuerda los disparos y la irrupción militar de aquella madrugada. Le prometieron que su padre volvería tras hablar con Bussi, una espera que se extendió por casi tres años.

Las vueltas de la vida y la justicia histórica

Décadas más tarde, la historia daría un giro cargado de simbolismo. A fines de los 90, Amado Juri, ya como diputado nacional, presidió la sesión preparatoria del Congreso que rechazó la incorporación de Antonio Bussi por “inhabilidad moral”.

“¿Quiere que le diga qué pensé cuando me tocó presidir la sesión preparatoria? Que fue un designio de Dios… Son las vueltas de la vida, m’hijo. El que las hace, las paga”, expresó Juri en aquel momento histórico.

Lejos del rencor personal, su postura fue clara y política. “A Bussi no lo odio, tampoco siento nada por él. Me opongo a que sea diputado por lo que le hizo al pueblo tucumano”. Y agregó, con el peso de la memoria: “También me acuerdo de mis compañeros y colaboradores desaparecidos… es muy doloroso para mí. Bussi debe decir dónde están los desaparecidos y aclarar su ilícito enriquecimiento”.

Hasta el final de su trayectoria, Juri mantuvo un compromiso activo con la institución, sin faltar a una sesión desde su llegada al Congreso en 1997. Su vida quedó marcada por aquella foto sonriente y el amanecer que la desmintió para siempre.

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