La figura del “referente afectivo”: adultos que eligen acompañar a niños y adolescentes en hogares de acogida

Adultos asumen el rol de “referente afectivo” para niños en hogares, ofreciendo acompañamiento emocional sin adopción. Conocé las experiencias y los programas de inscripción.

Por infotucuman · 29/12/2025 · min de lectura
La figura del “referente afectivo”: adultos que eligen acompañar a niños y adolescentes en hogares de acogida

Un creciente número de adultos asume el rol de “referente afectivo” o cuidador familiar, construyendo vínculos sólidos con niños y adolescentes que viven en instituciones. Sin ser adoptantes, ofrecen acompañamiento, estabilidad emocional y la demostración palpable de que existen otros modelos de vida basados en la confianza y el respeto.

Se trata de una figura que gana visibilidad en el ámbito de la protección de derechos de la niñez. Los referentes afectivos, también denominados cuidadores familiares, dedican tiempo y compromiso emocional a acompañar a menores que, por diversas circunstancias, no viven con sus familias de origen y residen en hogares convivenciales. Su labor no conlleva una responsabilidad legal, pero sí un profundo compromiso humano.

Un vínculo que se construye con paciencia: la experiencia de Geraldine

Geraldine Brousse, de 32 años, es referente afectivo de Ana (nombre ficticio), una joven de 17. Su proceso comenzó hace más de un año, tras inscribirse en el Registro de Cuidadores Familiares para chicos de entre 10 y 17 años que mantiene la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Los requisitos incluyen ser mayor de 25 años, vivir en dicha provincia, completar un formulario y asistir a talleres de capacitación.

“Siempre quise ayudar, primero intenté en un hogar. Después empecé a seguir páginas que publican niños que están en adopción. En Instagram vi que una de estas páginas había puesto que convocaba gente que quisiera ser cuidador familiar. Busqué qué significaba y entendí que es un rol que acompaña, que visita y está presente en lo que el chico necesita, pero que no es igual que adoptar”, relató Geraldine.

Tras un período de espera, encontró el camino a través de las Convocatorias Públicas de la Provincia, un mecanismo que se activa cuando no se hallan postulantes compatibles en los registros oficiales. Fue así como llegó al Juzgado de Familia N° 9 de Morón, donde conoció el caso de Ana, quien inicialmente buscaba una familia adoptiva. “Finalmente dijo que sí, que quería”, recuerda Geraldine sobre el momento en que la adolescente aceptó iniciar el vínculo.

“Entendí que legalmente no sos responsable de ese chico, pero esto es una forma de demostrarle que hay otra realidad”, explica. El lazo se fortaleció progresivamente: primero con visitas al hogar, luego con salidas y, actualmente, con estadías en su departamento. Ana, ahora completamente integrada a la vida de su referente, encuentra en ese espacio la constancia y el afecto que necesita.

“Abuela del corazón”: el programa que genera nuevos lazos en la Ciudad

Mónica Caamaño, una docente jubilada de 70 años, participa del programa “Abrazar”, creado en 2017 por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esta iniciativa ofrece referentes afectivos a niñas, niños y adolescentes que viven en hogares porteños. “Leí la gacetilla del programa y me resonó un montón el nombre, Abrazar. Me apareció esto como una oportunidad”, cuenta Mónica, quien hoy es considerada “abuela del corazón” por un adolescente de 14 años.

El Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad aclara que no se requiere una enorme disponibilidad horaria, sino la certeza de ofrecer un espacio valioso y sostenido. Los interesados deben ser mayores de 18 y residir en CABA o el AMBA. Mónica recuerda su primer encuentro con el adolescente, Carlos (nombre ficticio), al que llevó una torta casera. “Las cosas importantes no son las que se compran”, reflexiona. Ese gesto le permitió al chico, por primera vez, tener algo propio para compartir.

“Muchos chicos están a tiempo de conocer que hay otra forma de vincularse”, afirma Mónica, para quien el día de visita es sagrado. A través de salidas, viajes familiares –como la primera vez que Carlos vio el mar– y comunicación constante, el vínculo se afianzó. “Al final del día el rol del referente afectivo es simplemente ese: asegurar que ningún chico vuelva a sentir la herida profunda de estar solo en el mundo”, concluye.

Derribar prejuicios y priorizar el “uno a uno”

Julieta Vegas (42) también es parte del programa “Abrazar”. Tras un curso introductorio obligatorio, presentación de documentación y entrevistas, en 2024 fue vinculada con Juan (nombre ficticio), un niño de 8 años con un leve retraso madurativo, institucionalizado a los 7 sin referencia familiar. “La verdad es que después de conocer la historia de Juan y las de los demás chicos del hogar te das cuenta de que uno a veces parte de prejuicios”, admite Julieta.

Destaca que los adolescentes próximos a egresar de los hogares son quienes más necesitan este acompañamiento. El programa les devuelve la posibilidad del “uno a uno”, permitiéndoles pensarse como individuos con gustos y miedos propios. Juan participa frecuentemente de las actividades familiares de fin de semana de Julieta.

“Es la oportunidad real de cambiarle y mejorarle la vida de alguien”, afirma. “Esto es 100% por otro y es genuino. Es darle amor a alguien que lo necesita”. La inscripción al programa “Abrazar” puede realizarse de manera online a través de la página: https://buenosaires.gob.ar/cdnnya/programa-abrazar.

Estas experiencias individuales delinean un mapa de compromiso social donde el afecto, la constancia y la voluntad de mostrar “otra cara de la vida” se convierten en herramientas transformadoras para la infancia y adolescencia más vulnerable.

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