La devastación que encontró al volver: el cumpleaños más triste de un jubilado en La Madrid

Cumplió 75 años y al volver a su casa en La Madrid se encontró con que el agua se llevó todo. ¿Cómo enfrenta un jubilado tucumano la pérdida total de lo que tenía después de la peor inundación que recuerda?

Por infotucuman · 15/03/2026 · min de lectura
La devastación que encontró al volver: el cumpleaños más triste de un jubilado en La Madrid

Un hombre de 75 años regresó a su hogar en La Madrid después de la inundación y se encontró con una escena de pérdida total. Miguel Ángel Salazar cumplía años el mismo día que descubrió su casa y todas sus pertenencias destruidas por el barro. Su historia refleja la crudeza de la peor creciente que recuerda en el pueblo, donde varias escuelas del sur tucumano ahora funcionan como refugios para decenas de familias evacuadas.

Al ingresar a su vivienda, ubicada a 300 metros de la plaza principal, las palabras se le atragantaron. Muebles, ropa y recuerdos de toda una vida yacían bajo una espesa capa de lodo, formando una alfombra de destrucción en el piso. “No hay palabras”, fue lo único que pudo resumir, sin poder contener las lágrimas ante la magnitud del desastre.

¿Qué perdió todo en el agua?

La fuerza de la corriente no solo arrasó con sus enseres domésticos. También arruinó un proyecto muy personal: los materiales para construir un baño en el fondo de su casa. Ladrillos, cerámicos y bolsas de cemento, comprados con un préstamo que aún paga con su jubilación mínima, quedaron inservibles bajo el barro. “No sirve más”, lamentó con desazón.

Entre las pérdidas también cuenta un televisor que había adquirido en cuotas y que el agua dañó irremediablemente. “¿Cuánto va a salir llamar a un técnico? $200.000, $300.000, seguro”, calculó en voz alta, enfrentando la dura realidad económica que se suma a la emocional.

Salazar, nacido y criado en La Madrid, asegura que vivió otras inundaciones, incluida la de 2017, pero remarca que esta fue distinta. “Nunca vi el río así, inmenso. Esta es la peor. Esta vez ha sido más grande”, afirmó, testificando la magnitud histórica del evento.

¿Cómo impactó a su familia y su sustento?

La tragedia no fue solo suya. El agua también ingresó a la casa de su hermano de 90 años, quien vive solo, y a la vivienda de su hija, quien al momento del relato aún permanecía en la ruta esperando poder regresar. En su propio patio, sus gallinas lograron refugiarse en un árbol, pero varias fueron arrastradas por la corriente y el maíz para alimentarlas quedó embarrado.

Con presión alta y diabetes, y viviendo de esa jubilación ya comprometida con deudas, Salazar enfrenta la abrumadora tarea de recomenzar. Ante la pregunta de cómo hará, solo repite: “¿Cómo? ¿Cómo?”, mientras buscaba una escoba entre los escombros para intentar limpiar lo que el río dejó.

Un pequeño acto de previsión le permitió salvar algo: dos garrafas que ató para que la corriente no se las llevara. “Até dos garrafitas, y acá están”, contó, en un gesto que contrasta con la inmensidad de lo perdido. Su esposa, nietos y otra hija se habían trasladado a Taco Ralo, mientras él decidió quedarse vigilando desde la ruta.

¿Dónde están las familias evacuadas?

Mientras Salazar intenta limpiar su casa, la solidaridad se organiza en otros puntos de la provincia. En el sur tucumano, 27 establecimientos escolares se transformaron en albergues para familias afectadas. En la escuela Nº 99 de Monteagudo, por ejemplo, se alojaban 64 personas, 28 de ellas niños, llegando a albergar cerca de 80 en los momentos críticos.

El trabajo en estos refugios es una red colaborativa. La directora de la escuela, Alejandra Molina, lo definió como “pura solidaridad”, destacando el apoyo de la comuna de Monteagudo, la parroquia San José Obrero, el convento Verbo y Vida, Desarrollo Social, Infraestructura Escolar y el Ministerio de Educación.

Entre quienes ayudan también hay víctimas. Es el caso de la maestra Laura Ovejero, madre de tres hijos, cuya casa también se inundó. A pesar de su propia situación, decidió ir a ayudar a las familias albergadas, muchas de ellas con alumnos de la misma institución. En estos espacios encuentran refugio familias provenientes de La Madrid, Niogasta, Monteagudo, Atahona, Simoca y El Rodeo, quienes, como Miguel Ángel Salazar, lo perdieron casi todo.

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