La Casa Rosada amaneció con paredes vacías: el cuadro de Perón y Evita ya no está
¿Qué encontraron los empleados esta mañana en la antesala presidencial? Las paredes estaban desnudas. Te contamos el destino del emblemático cuadro y el sorprendente nombre que suena para reemplazarlo.
En un movimiento que reactiva la llamada “batalla cultural”, el primer piso de la Casa Rosada presentó un cambio drástico este jueves. Por orden de la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei, se retiró la emblemática réplica del cuadro de Juan Domingo Perón y Eva Duarte, que presidía la antesala del Salón Eva Perón desde hace décadas.
La obra, originalmente pintada por Numa Ayrinhac en 1948, fue derivada al Museo de la Casa Rosada. Desde el entorno presidencial justificaron la medida por razones técnicas, alegando que se detectaron “fallas estructurales” en los soportes y un deterioro causado por las oscilaciones térmicas en los pasillos del edificio gubernamental.
¿Solo una cuestión de mantenimiento?
Sin embargo, la limpieza iconográfica no se detuvo allí. También fue removida una gigantografía del Glaciar Perito Moreno, basada en una obra de Helmut Ditsch, que decoraba el ala noreste de la Casa de Gobierno. El oficialismo planea reemplazarla con una imagen de las Cataratas del Iguazú, manteniendo una temática natural pero con una nueva imagen.
Este retiro de símbolos se enmarca en una política más amplia del Gobierno de Javier Milei, que ya incluyó la remoción de bustos y cambios de nombre en edificios públicos, buscando desmantelar la simbología kirchnerista y peronista.
¿Y quién ocupará el lugar vacante?
La pregunta que ahora recorre los pasillos de Balcarce 50 es qué ocupará el espacio que dejaron Perón y Evita. Si bien en las listas internas figuran próceres liberales como Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento o Julio Argentino Roca, el nombre que más fuerza toma es uno inesperado.
Según fuentes del entorno presidencial, la intención es entronizar una figura de Lionel Messi en la sede del poder político. La decisión responde al deseo de asociar la gestión con “valores indiscutidos” y el éxito global, alejándose de la simbología política tradicional del siglo pasado.
“Se busca una estética que represente la libertad y el mérito, lejos del culto a la personalidad”, deslizaron desde el círculo cercano al Presidente. Con esta maniobra, el Gobierno consolida una nueva identidad visual en el corazón del Estado, marcando una clara distancia con los gobiernos anteriores.
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