Jorge Ignacio Heinze: la historia de superación del sobrino del exfutbolista tras perder una pierna

Jorge Ignacio Heinze perdió una pierna en un accidente en Mendoza. Con humor y su emprendimiento de fitness, rehízo su vida en Rosario, entrenando a decenas de personas y ayudando a otros con discapacidad.

Por infotucuman · 04/01/2026 · min de lectura
Jorge Ignacio Heinze: la historia de superación del sobrino del exfutbolista tras perder una pierna

Un joven licenciado en Educación Física enfrentó la amputación de su pierna izquierda tras un grave accidente en Mendoza. Con un humor inquebrantable y su pasión por el entrenamiento, Jorge Ignacio Heinze (29) reconstruyó su vida y hoy ayuda a otros desde su propio centro de fitness.

La vida de Jorge Ignacio Heinze, conocido como ‘Nacho’, dio un vuelco total en la madrugada del 9 de diciembre de 2024. Un violento choque en la ruta 7, a la entrada de Mendoza, donde viajaba de vacaciones con su pareja, derivó en una serie de cirugías y, finalmente, en la amputación de su miembro inferior izquierdo. El joven, oriundo de Entre Ríos, permaneció una semana inconsciente en el Hospital Central de Mendoza, donde los médicos lucharon por salvar su pierna.

La decisión crucial: la vida o la pierna

El accidente comprometió gravemente la circulación sanguínea en su extremidad. “El accidente me apretó tanto la arteria femoral que no tenía circulación sanguínea con esa pierna”, explicó Heinze. Tras múltiples intervenciones, el equipo médico tomó la determinación definitiva. “Deciden llevar a cabo la amputación porque era la vida o la pierna”, relata. Ignacio no estuvo consciente para escuchar esa frase; despertó recién el domingo 15 de diciembre, confundiendo los días y creyendo que solo había pasado una jornada.

Al abrir los ojos, sintió dolor en todo el cuerpo y la extraña sensación del “miembro fantasma”. Fue su padre quien, dos días después, le explicó con detalle lo sucedido. La reacción del joven de 29 años sorprendió a todos. “Lo primero que le dije fue: ‘Papi, no te preocupes que tengo otra. Cuando ví el impacto del auto no podía creer que estuviera acá. Era como decir tranquilo que vamos a poner el pecho'”, contó Heinze, demostrando el temple que lo caracterizaría durante toda su recuperación.

La magia en terapia intensiva y el comienzo de una nueva vida

Ignacio pasó 15 días en terapia intensiva, donde forjó un vínculo especial con el personal de salud. “No me quería ir de terapia”, confesó. Para hacer más llevaderos los momentos difíciles, ponía cuarteto durante su higiene personal. “Cuando pasé a sala común, se escapaban de terapia intensiva y subían dos pisos para ir a verme. Los milagros que me ocurrieron fue encontrarme con esas personas”, afirmó. Un año después, mantiene el contacto a través de videollamadas.

Tras 25 días de internación, recibió el alta y se mudó a Rosario, dependiendo completamente de bastones. Con una determinación férrea, alquiló un departamento cerca de su centro de kinesiología. “Choco un 9 de diciembre y en febrero ya estaba viviendo solo en Rosario. ‘Pará flaco’ me decían. Yo me mando, se me pueden caer los vasos, se romperán pero sigo adelante”, explicó sobre su rápida adaptación. El proceso de rehabilitación fue agotador y le exigió aceptar una nueva realidad. “Tuve que aprender que ya soy una persona discapacitada. Pero lo tomé como soy ante la vida. Una lesión más que me tengo que rehabilitar”, reflexionó.

El dolor de lo perdido y el renacer en el fitness

El golpe más duro no fue físico, sino profesional y emocional. “No puedo jugar más al fútbol. No puedo enseñar a cómo golpear una pelota. Ese Nacho hiperactivo que siempre estaba en todos lados se terminó un poco. Ahí es donde me pegó la falta de la pierna, más que nada en el laburo”, admitió. Sin embargo, encontró su salvación en el emprendimiento de fitness que había creado en 2020, inicialmente con una moto, dos discos y unos conos.

Este espacio se convirtió en su sostén. Aunque al principio le costaba que lo vieran con una pierna, volvió a dar indicaciones “a los gritos” desde un banco del parque. Hoy, entrena a unas 50 personas, ofrece clases a distancia, personalizadas y grupales en el parque Urquiza y en la zona de Oroño y el río, con jornadas que se extienden de 8 a 21 horas. Su filosofía de vida se mantiene intacta: “La misma forma de vivir que tengo ahora con una pierna la tenía antes con dos”.

Un nuevo propósito: entrenar desde la experiencia

Dentro de su grupo de entrenamiento, Heinze incluye a personas que han transitado experiencias similares, como un alumno al que le amputaron ambas piernas. “Hablamos el mismo idioma, pero por más que te falte una pierna no estás apto a entrenar a alguien con discapacidad, fue un desafío y la verdad que venimos re bien”, señaló. Utiliza su sentido del humor, que él define como “humor negro”, para crear un ambiente distendido donde sus alumnos se sienten libres de preguntar cualquier cosa.

Un año después del accidente, su mayor desafío es la burocracia para obtener una prótesis avanzada (Geniun x4 de Ottobock) que le permitiría una mejor calidad de vida. “Me dejaría trotar, subir escaleras, caminar para atrás porque es inteligente en la marcha. Además, me aliviaría la fatiga muscular en la marcha y en la postura”, detalló. Mientras espera la respuesta de su obra social, Italmedica, se moviliza por Rosario en su moto scooter, siendo comparado por algunos niños con Iron Man. “Algunos chicos te miran y se sorprenden. Siempre dije tengo una pierna, en vez de decir que me falta una pierna. Prioricé la vida”, concluyó, resumiendo la esencia de su inspiradora historia.

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