Hija de productor cordobés pide recuperar la alianza que le robaron a su padre tras morir en ruta santiagueña

La hija del productor Rubén Ruatta busca la alianza que le robaron tras su muerte en Santiago del Estero. El anillo, refundido para 29 años de matrimonio, es un pedido desesperado para su madre. Ofrecen recompensa.

Por infotucuman · 22/12/2025 · min de lectura
Hija de productor cordobés pide recuperar la alianza que le robaron a su padre tras morir en ruta santiagueña

La hija de un productor agropecuario que falleció en un accidente en Santiago del Estero lanzó un desesperado pedido para recuperar la alianza de bodas que le fue sustraída. El anillo, recientemente refundido para celebrar 29 años de matrimonio, tiene un valor sentimental incalculable para su familia.

Rubén Ruatta, de 58 años, viajaba el martes pasado con dos socios por una ruta de Santiago del Estero. Iban hacia un campo en Miraval, a 650 kilómetros de su hogar en La Tordilla, Córdoba, para entregar cajas navideñas a sus empleados. Durante el trayecto, el hombre se descompensó al volante de su Toyota Hilux, chocó contra un quebracho y falleció. Se cree que sufrió un infarto antes del impacto.

Un robo que agrava la tragedia

La tragedia se profundizó cuando la familia descubrió que, tras el fatal desenlace, a Rubén le habían robado su alianza de matrimonio. Su hija, Natalí Ruatta (28), periodista, relató con angustia que en la morgue de la capital santiagueña les entregaron “un aro dorado de mujer que le pusieron en el dedo en lugar de la alianza”.

Natalí inició una campaña en redes sociales para recuperar el anillo. “Le robaron la alianza a mi papá en Santiago del Estero, cuando ya estaba muerto”, dijo entre lágrimas en un video. “Hago este video para pedir que me ayuden a encontrarla y a traerla a casa, así como con mi familia lo trajimos a casa a él”.

Un símbolo de 29 años de amor

El anillo robado no era una joya cualquiera. Rubén y su esposa, Rosana Contigiani (57), acababan de renovar sus alianzas en abril, al cumplir 29 años de casados. Como las originales se habían gastado y quedado chicas, fundieron el mismo oro, le agregaron un poco más y recibieron los nuevos anillos el 18 de ese mes.

Un sacerdote del pueblo fue a cenar a su casa en La Tordilla y las bendijo. Rubén, consciente de los riesgos del trabajo rural, no quería usarla todos los días, pero su hija lo convenció de llevarla en el dedo anular derecho. Allí la mantenía sin chistar.

Un llamado a la solidaridad con recompensa

La familia ofrece una recompensa y pide colaboración a través de la cuenta de Facebook de la abogada santiagueña Sandra Zeman o de la propia Natalí. “Por favor, escribirme por mensajes solo si tienen información de la alianza. Hay recompensa”, solicitó.

Su pedido es emotivo y claro: “A quien la tenga: déjenme devolverle la alianza de su gran amor, a mi mamá”. Natalí insistió en que no le interesa el valor económico, sino el sentimental. “Por favor, que vuelva a casa esa alianza. Si alguien la tiene o la vendió o la compró, yo se la compro. Quiero dársela a mi mamá, que se quedó sin su compañero”.

Una historia de vida y trabajo compartido

Rubén y Rosana se conocieron en la juventud agraria y cooperativista, cuando tenían 23 y 22 años. Ambos eran del campo del departamento San Justo, Córdoba; ella de Colonia Las Pichanas y él de La Tordilla. Empezaron como tamberos y luego diversificaron la actividad, siempre juntos.

Eran compañeros inseparables. Rosana contaba que cuando Rubén viajaba por un par de días al campo de Santiago del Estero, “esas noches no podía dormir, no estaba tranquila sin él”. Hace apenas cuatro meses habían terminado de construir su casa nueva en el campo.

Su hija lo describió a Clarín como un hombre de trabajo, sencillo y de perfil bajo. “Era muy callado, muy reservado, pero te quería desde el hacer cosas por nosotros”, dijo Natalí. Era quien juntaba agua de lluvia en el aljibe para el mate de Rosana y siempre tenía una solución a mano.

Las cajas navideñas que Rubén llevaba aún no llegaron a destino. Sus hijos planean enviarlas por encomienda a los ocho empleados de su campo y a los siete de La 86, una estancia vecina. La familia tiene la certeza de que, en las fiestas, el primer brindis será por él.

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