Ex narco peruano destapa el método secreto con el que la cocaína inunda el norte argentino

¿Sabías que la cocaína llega con códigos de colores y sellos ocultos? Un ex narco peruano contó cómo operan las redes que mueven toneladas de droga por el norte argentino.

Por infotucuman · 06/07/2026 · min de lectura
Ex narco peruano destapa el método secreto con el que la cocaína inunda el norte argentino

Manuel Mendoza Herrera, alias “Manteco”, era uno de los mayores proveedores de droga para bandas argentinas. Ahora, desde el banquillo, reveló cómo operaban las redes que mueven cocaína por el norte del país.

El testimonio del peruano Manuel Mendoza Herrera, conocido en el hampa como “Manteco”, volvió a poner bajo la lupa el funcionamiento de las organizaciones internacionales dedicadas al tráfico de cocaína y el papel estratégico que ocupa el norte argentino dentro de esa estructura criminal.

Considerado durante años uno de los principales proveedores mayoristas de droga para bandas argentinas, el ex líder narco describió el mecanismo de distribución de cargamentos que ingresaban al país por el norte.

¿Cuál era la clave del negocio?

En su relato, sostuvo que la velocidad con la que se distribuían los cargamentos era una de las claves del negocio. “La vendíamos tal como llegaba. Por eso tenía tanta aceptación. Dejábamos cincuenta kilos en un lugar, cien en otro, treinta en otro. En una semana podían desaparecer quinientos kilos“, describió al explicar la dinámica comercial de la organización.

El ex jefe narco también reveló que dentro de la estructura cada kilogramo de cocaína era denominado “aparato”. Según afirmó, la sustancia era adquirida en origen por aproximadamente 500 dólares el kilo y luego revendida en Argentina a valores que multiplicaban varias veces ese precio, dependiendo del volumen negociado y del comprador.

Los códigos ocultos en los paquetes

Uno de los aspectos que más llamó la atención de sus declaraciones fue la utilización de marcas estampadas sobre los paquetes para identificar el origen y, presuntamente, la calidad o pertenencia de la droga. Entre los sellos mencionó figuras como delfines, arañas, relojes, águilas y búfalos, símbolos que suelen aparecer en distintos procedimientos antidrogas.

Además, explicó que cada cargamento era preparado con varias capas de film plástico y cintas adhesivas de diferentes colores antes de salir de los centros de producción. Según detalló, los envoltorios verdes y amarillos correspondían a cocaína peruana, considerada de mayor calidad; los paquetes grises identificaban droga de origen boliviano, mientras que los negros correspondían a cargamentos provenientes de Colombia.

El dato cobra relevancia porque, de acuerdo con la investigación, en los últimos procedimientos realizados en territorio santiagueño, por ejemplo, los panes de cocaína secuestrados presentaban envoltorios amarillos. Los investigadores sostienen que esos colores permiten identificar rápidamente partidas, procedencias, destinatarios e incluso distintos niveles de pureza dentro de una misma organización criminal.

La ruta que nadie quiere mirar

Las declaraciones de Mendoza Herrera también reavivaron la atención sobre la Ruta Nacional 34, considerada desde hace años uno de los principales corredores utilizados por las organizaciones dedicadas al transporte de cocaína desde la frontera norte hacia los grandes centros urbanos del país.

Ese corredor vial atraviesa distintas provincias del norte argentino y recorre localidades santiagueñas como Nueva Esperanza, Cruz Bajada, Pozo Hondo y Colonia Dora, antes de continuar hacia Santa Fe y finalmente el Área Metropolitana de Buenos Aires.

La importancia estratégica de esa ruta no surge únicamente del testimonio del exjefe narco. Numerosos expedientes judiciales y procedimientos realizados por Gendarmería Nacional, la Policía Federal y la Policía de Santiago del Estero confirmaron durante los últimos años importantes secuestros de cocaína sobre ese mismo trayecto.

Solo en el primer semestre de 2026 fueron detectados varios cargamentos ocultos en automóviles, camionetas y ómnibus de larga distancia que circulaban por la Ruta Nacional 34.

Las investigaciones coinciden en que Santiago del Estero dejó de ser observado únicamente como un punto de consumo para convertirse en un territorio de tránsito estratégico dentro del esquema logístico del narcotráfico, aprovechado por organizaciones criminales que trasladan cocaína desde la frontera norte hacia los principales mercados de consumo del país.

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