España conmemora 40 años de su ingreso a la Unión Europea y la consolidación de su estabilidad económica
España conmemora 40 años de su ingreso a la CEE, un hito que coronó su transición democrática y una exitosa lucha contra la inflación, con lecciones vigentes para economías emergentes.
Este 1 de enero se cumplen cuatro décadas de la adhesión de España y Portugal a la entonces Comunidad Económica Europea, un hito histórico que el rey Felipe VI destacó en su mensaje navideño como la culminación de una transición democrática y un ejercicio colectivo de responsabilidad que transformó al país.
La incorporación al bloque precursor de la actual Unión Europea marcó un punto de inflexión para la nación ibérica, que logró sincronizar su proceso de estabilización económica con la integración continental. El camino, sin embargo, estuvo precedido por años de alta inflación y complejas negociaciones políticas internas.
Una transición democrática como requisito
El ingreso al club europeo no fue inmediato. La dictadura de Francisco Franco, que gobernó hasta 1975, había solicitado la membresía en la década de 1960, pero la CEE rechazó la petición al exigir a sus miembros ser democracias. Tras la muerte del dictador y el inicio de la transición, España renovó su solicitud, encontrando un amplio consenso político que iba desde los partidos nacionalistas hasta el comunista. Santiago Carrillo, líder del PC, sintetizaba el sentimiento al afirmar que entrar a la CEE “era ingresar a Europa”.
El rey Felipe VI, en su discurso, reflexionó sobre este período: “La Transición fue, ante todo, un ejercicio colectivo de responsabilidad. Surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo”.
El desafío de domar la inflación
El objetivo de integración coincidió con uno de los momentos económicos más críticos. La inflación se había duplicado en los dos años posteriores a la muerte de Franco, alcanzando un pico de casi el 30% en 1977. Durante más de una década (1973-1984), los españoles vivieron con aumentos de precios constantes por encima del 10% anual, lo que erosionaba rápidamente el poder adquisitivo.
La firma de los Pactos de la Moncloa fue clave, ya que estableció la fijación de los salarios en base a la inflación futura, compatibilizando las expectativas de devaluación. Este marco permitió sentar las bases para la desinflación mientras se avanzaba en la integración europea.
Las duras medidas del gobierno socialista
El triunfo del PSOE con Felipe González en octubre de 1982 dio un nuevo impulso al proceso. El entonces ministro de Economía, Miguel Boyer, tomó decisiones drásticas. Joaquín Almunia, ex ministro de Trabajo, recordó en un artículo en *El País* las palabras de Boyer: “Bueno, la primera decisión que tenemos que adoptar es devaluar la peseta y descongelar los topes que hay en los precios de la energía, porque están creando una distorsión tremenda”.
Así, las primeras medidas fueron subir la gasolina y devaluar la peseta. Estas correcciones, dentro del marco de la fijación salarial pactada, lograron su objetivo. Recién en 1984 España registró una tasa de inflación de un solo dígito, consolidando un camino de estabilidad que allanó la entrada a la CEE en 1986.
Lecciones y paralelismos para otras economías
El proceso español es a menudo analizado como un caso de estudio. Desde Argentina, se ha visto en la gestión de Boyer un paralelismo con “la gran Remes”, refiriéndose al ministro de Economía de Eduardo Duhalde a principios de 2002, quien devaluó el peso un 300% e incrementó las retenciones. El debate sobre el mejor camino para la desinflación sigue vigente.
Carmen Reinhart, economista de Harvard, señala en sus investigaciones que el 60% de los países tardan más de 7 años en alcanzar una inflación de un dígito, y el 40% más de una década, tal como experimentaron muchas economías latinoamericanas entre los 80 y los 90.
Felipe VI cerró su mensaje evaluando el resultado de aquellas decisiones: “España ha experimentado una transformación sin precedentes en estas cinco décadas, que permitió consolidar las libertades democráticas, el pluralismo político, la descentralización, la apertura hacia el exterior y la prosperidad”. Hoy, España es el país europeo que más crece, demostrando que la estabilidad, aunque demande tiempo y consenso, sienta las bases para un desarrollo sostenible.
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