Esclavos de la corriente: una familia cubana sobrevive con menos de 60 dólares al mes

Una familia cubana de cuatro generaciones sobrevive con menos de 60 dólares al mes en medio de cortes eléctricos de 20 horas. ¿Cómo se las ingenian para comer?

Por infotucuman · 07/07/2026 · min de lectura

En Santiago de Cuba, una familia de cuatro generaciones lucha por sobrevivir con menos de 60 dólares al mes, atrapada en la peor crisis humanitaria que ha vivido la isla en casi siete décadas. La falta de combustible y los cortes eléctricos de hasta 20 horas diarias han paralizado su economía doméstica.

¿Cómo es un día en la vida de los Silva Guerra?

Yunior Silva Guerra, de 32 años, trabaja reparando televisores en su taller, pero la corriente solo llega cuatro horas al día. “Soy esclavo de la corriente”, confiesa, ojeroso y sin haber dormido. Cuando hay luz, su madre, Zucel Guerra Brise, de 52 años, compra 100 panecillos a 7 centavos cada uno para revenderlos a 9 centavos en las calles de la ciudad.

Entre Yunior, su madre y su padre, Luis Silva Aldana, de 64 años y maestro de primaria, apenas juntan 60 dólares al mes para mantener a siete personas: la esposa de Yunior, Analeidis, sus dos hijos pequeños (Alejandro, de 6 años, y Anna Jeline, de 4), y la abuela Zoe Brise, de 73 años, postrada en cama con una fractura de cadera.

El desayuno que no alcanza

Por las mañanas, la familia ya no toma el tradicional chorote (bebida de harina de maíz, azúcar y leche). En su lugar, Yunior rebana pan blanco y mezcla agua con un sobre de polvo sabor a mango. Ese desayuno se comparte con amigos y vecinos: Lázaro Figueroa Tamayo, de 52 años, cocinero de un hospital, dice: “Si no desayuno aquí, no desayuno”. También llegan Rolando Galán Labrada, de 59 años, su hija de 6, y el hijo de 7 años de un vecino.

El apagón que lo cambió todo

Desde principios de año, un bloqueo petrolero de facto de Estados Unidos y nuevas sanciones dejaron a Cuba sin combustible. Las bodegas estatales, que antes garantizaban alimentos básicos, han desaparecido. La familia a veces no recibe arroz, frijoles, huevos ni pollo del Estado; solo un panecillo por persona cada tres días. Los precios en los mercados subieron casi un 20% este año.

Yunior, que antes era el principal sostén, ahora apenas gana dinero: cuando hay luz, trabaja a destajo, pero los cortes lo dejan sin ingresos. “La falta de corriente me atormenta”, dice, y confiesa que ha empezado a tener migrañas por el estrés.

Solidaridad que salva vidas

En el barrio Chicharrones, la comunidad se ayuda. La comida que llega del extranjero (desde Florida y España) se comparte. El gobierno mexicano envía paquetes de arroz y aceite a niños y adultos mayores. “Es lo que mantiene viva a la gente”, dice Walter Mondelo, profesor de derecho de la Universidad de Oriente.

Yunior arregla gratis las herramientas de sus vecinos. Lázaro Figueroa Tamayo cuida a la abuela Zoe: la levanta de la cama y la lleva al baño. Ella bromea: “Lo hace porque quiere casarse conmigo”.

Cuando la luz vuelve… por 57 minutos

A la 1:23 p.m., la corriente regresa. “¡Corriente!”, grita Zucel. Enchufa una placa eléctrica improvisada con un taburete, zinc y la bobina de una olla arrocera, y pone a hervir pollo. Yunior sonríe: puede trabajar. Pero 57 minutos después, la música se apaga. No terminó de arreglar un reproductor de DVD. “Otro día sin ganar nada”, suspira.

Cuando no hay nada para comer

Al día siguiente, los niños no van a la escuela: no hay comida. Yunior pide prestados 80 centavos a un vecino para comprar arroz y puré de tomate. Para cocinar, desmontan la cama plegable de madera de su hija de 3 años y usan las tablas como leña. Analeidis coloca una rejilla del refrigerador roto sobre dos bloques, monta las tablas y enciende el fuego. Ni siquiera en el “periodo especial” de los 90 tuvieron que hacer eso.

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