El vínculo con un narco que complica la investigación del femicidio

¿Qué secretos oculta la relación de la víctima con un presunto narco? Los detalles que complican la investigación y dejan preguntas sin respuesta.

Por infotucuman · 09/04/2026 · min de lectura
El vínculo con un narco que complica la investigación del femicidio

La muerte de Érika Antonella Álvarez, ocurrida el 7 de enero en Yerba Buena, está envuelta en un entramado que vincula narcotráfico, clandestinidad y relaciones personales bajo la lupa de la Justicia. La investigación avanza con hipótesis que apuntan a un trasfondo oscuro, donde la víctima mantenía una relación sentimental con un presunto referente del crimen organizado, añadiendo capas de complejidad al caso.

Uno de los aspectos centrales es la identidad del hombre con quien Álvarez tenía un vínculo. Mientras su familia sostiene que se trataba de Luiz Carlos “Cabeza Blanca” da Rocha, conocido como “El Pablo Escobar de Brasil”, sectores de la investigación creen que sería Carlos “El Mayor” Ferreyra, un paraguayo acusado de liderar tráfico aéreo de estupefacientes.

Este hombre llevaba un estilo de vida clandestino: usaba distintas identidades, poseía varios documentos, evitaba dormir siempre en el mismo lugar y no registraba vehículos a su nombre. Sin embargo, testimonios indican que esas precauciones se relajaban con Érika, mostrándose públicamente con ella y llevándola a reuniones con otros actores ligados al narcotráfico.

¿Cómo era la relación entre la víctima y el narco?

Mayra Álvarez, hermana de Érika, declaró que la relación duró cuatro o cinco años y se mantuvo hasta la muerte de la joven. Describió al hombre como atento y familiero, quien confiaba plenamente en ella sin involucrarla en actividades de comercialización de drogas. “Era un hombre muy familiero”, expresó.

Milena Álvarez, otra hermana, aportó más detalles: el hombre organizó un festejo familiar por el cumpleaños de Érika, comprando comida, preparando asado y compartiendo anécdotas sobre su vida. Carlos Garmendia, abogado querellante, señaló que mantenía una actitud protectora hacia la víctima, dándole dinero para gastos personales.

Sin embargo, la adicción de Érika a las drogas fue un obstáculo. Garmendia explicó que el hombre desaprobaba su consumo y le habría prometido pagarle una cirugía estética si lo abandonaba. Incluso, dejó de darle dinero libremente al advertir que parte se usaba para comprar sustancias, limitándose a lo necesario para alimentos.

¿Qué conexión hay con el principal acusado?

Dentro de la investigación figura que este mismo hombre presentó a Érika con Felipe “El Militar” Sosa, el principal acusado por el femicidio. Esta versión fue rechazada por Marcelo Cosiansi, abogado defensor de Sosa. Investigadores con experiencia en causas complejas observan con cautela este punto, considerando difícil que alguien asesine a la pareja de un narcotraficante de alto rango sin algún consentimiento o conocimiento previo.

Interrogantes sobrevuelan la pesquisa: si Sosa conoce más detalles de los declarados, si guarda silencio por temor o si existe una trama más profunda. La causa avanza mientras el femicidio se mantiene como uno de los casos más impactantes en Tucumán, con un oscuro trasfondo donde convergen violencia de género, narcotráfico y secretos por esclarecer.

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