¿El último suspiro del petróleo? La inestabilidad fósil que financia lo que no quiere: la energía solar
La guerra amenaza con enviar el precio del petróleo por las nubes, pero hay un giro sorprendente. ¿Podría esta crisis estar acelerando el fin de la era de los combustibles fósiles? Descubrí por qué analistas globales creen que el camino ya está trazado.
La escalada bélica en Oriente Medio amenaza con disparar los precios del crudo a niveles que podrían paralizar economías, pero paradójicamente, este escenario estaría acelerando la transición hacia una energía que el sector fósil no ve con buenos ojos. Analistas advierten que la crisis podría ser el empujón definitivo para tecnologías como la solar y las baterías, que ya son competitivas.
Según estimaciones de Bloomberg Economics, en un escenario extremo con más ataques a infraestructura energética, el petróleo podría alcanzar los 108 dólares por barril. Este salto impulsaría la inflación global y llevaría al borde de la recesión a algunas economías europeas, reviviendo los fantasmas de crisis pasadas.
Sin embargo, el panorama del siglo XXI es radicalmente distinto. Mientras en el pasado los países dependientes solo podían elegir entre pagar más o consumir menos, hoy existe una tercera vía. “Cuando una tecnología se vuelve competitiva en costos, se alcanza un punto de inflexión en su adopción”, afirmó Antoine Vagneur-Jones, director de comercio y cadenas de suministro de BloombergNEF.
Lecciones de Europa y un giro inesperado en países en desarrollo
Europa es un caso de estudio. Tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, la región pagó precios exorbitantes por el gas natural licuado. Esa crisis, sin embargo, desencadenó un despliegue récord de energía solar y un auge paralelo en la instalación de baterías para almacenamiento.
La situación fue mucho más dramática para naciones en desarrollo con menos recursos. Pakistán, Bangladesh y Sri Lanka sufrieron apagones devastadores porque no podían costear el GNL. A diferencia de China o India, estos países no tenían grandes reservas de carbón como respaldo.

¿Quién domina el suministro de la tecnología limpia?
La respuesta inmediata de Pakistán fue voltear hacia el este. Empresas y hogares con capacidad de pago comenzaron a importar paneles solares de China. La demanda fue tal que en 2024, Pakistán se ubicó como el cuarto mayor importador mundial de paneles, solo detrás de Estados Unidos, India y Brasil. Un año después, siguió el boom de las baterías.
Esta dependencia de la manufactura china genera tensiones geopolíticas. Preocupada por la seguridad nacional, Europa presentó la Ley de Aceleración Industrial para fomentar la fabricación local de tecnologías limpias. Otros países, con relaciones más estrechas con Beijing, han seguido comprando sin reparos.
Cuba es un ejemplo claro. La isla, asfixiada por sanciones estadounidenses y una crónica escasez energética, ha buscado apoyo en China para construir plantas solares y de baterías. La amenaza reciente del presidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles a quienes suministren petróleo a Cuba solo aumenta la urgencia por encontrar alternativas.
Los límites de la transición y un futuro incierto
Los expertos son claros: la solar y las baterías no pueden reemplazar al petróleo en el transporte convencional ni al gas en procesos industriales químicos. Además, en economías como la alemana, un repunte puntual del gas no siempre se traslada inmediatamente a la electricidad, lo que podría diluir el incentivo para cambiar.
No obstante, las barreras financieras que antes impedían a los países en desarrollo invertir en renovables se están derribando. En Pakistán y Cuba, gran parte de la demanda proviene directamente de consumidores finales. A esto se suma la sobrecapacidad masiva de los fabricantes chinos, que buscan nuevos mercados ofreciendo condiciones ventajosas.
El año pasado, las instalaciones solares globales marcaron un récord de 655 gigavatios. Antes del último conflicto, los analistas de BNEF esperaban un crecimiento plano para la solar este año, pero pronosticaban un aumento de más del 50% en el almacenamiento en red, gracias a la continua caída en los precios de las baterías.
Esa proyección podría cambiar si la interrupción en el suministro de fósiles se prolonga. En un informe, BNEF señaló que existe un amplio inventario de tecnologías verdes, por lo que los problemas en la cadena de suministro serían mínimos. “Esto podría impulsar a los clientes hacia tecnologías como la energía solar y las baterías”, concluyeron los analistas, sugiriendo que la inestabilidad de los combustibles fósiles podría estar financiando, sin querer, su propia obsolescencia.
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