El secreto tucumano para frenar las inundaciones está en los árboles nativos
¿Sabías que la solución a las inundaciones en Tucumán podría estar creciendo en nuestros propios ríos? Un científico local revela cuáles son los árboles nativos que están demostrando ser un escudo natural.
Un científico tucumano del Conicet está liderando una investigación clave que podría cambiar la forma de enfrentar las crecidas de los ríos en la provincia. Edgardo Pero, doctor en Ciencias Biológicas, analiza qué especies de árboles autóctonos son más efectivas para recuperar los bosques ribereños y, de paso, amortiguar el impacto de las inundaciones y la erosión. Su trabajo, que incluyó una estancia en la Universidad de Washington con una beca Fulbright-Conicet, ya muestra resultados prometedores en campos de Simoca.
¿Por qué son tan importantes los bosques de la ribera?
Edgardo Pero explica que los bosques que crecen junto a ríos y arroyos no son un simple adorno paisajístico. Cumplen una función vital: “permiten amortiguar las crecidas y reducir los procesos de erosión en las márgenes”. El investigador aclara que el objetivo no es detener el agua por completo, sino “enlentecerla”, dando tiempo a que los suelos absorban el exceso y se reduzca la fuerza destructiva.
La degradación de estos ecosistemas tiene un costo directo, advierte Pero. “Descuidar este tipo de ecosistemas también implica pérdidas productivas, no solamente biológicas”, remarca, señalando el impacto negativo tanto para la biodiversidad como para las actividades agroindustriales que dependen de un suelo estable.
El desafío de sumar a los dueños de la tierra
Uno de los aprendizajes centrales de su investigación comparativa entre Argentina y Estados Unidos es el factor humano. “Lo que estuvimos estudiando es el factor socioecológico, porque, si no hay un compromiso de los propietarios de la tierra, se vuelve muy difícil avanzar”, sostiene. En Tucumán, muchas tierras ribereñas son privadas, por lo que el equipo trabaja en generar una red de contactos con productores que tengan problemas de erosión y estén dispuestos a probar soluciones basadas en la naturaleza.
Un caso de éxito concreto se desarrolla en Simoca. Allí, un propietario de un campo privado, que sufría la pérdida de terreno productivo por el ingreso del río, aceptó probar la propuesta de forestación después de que otras soluciones fallaran. Tres años después, los árboles han crecido y el nuevo bosque ya está cumpliendo su rol de amortiguación, logrando estabilizar parte del terreno afectado.
¿Qué árboles tucumanos son los más eficaces?
No todas las especies nativas sirven para lo mismo. “Hay una lista de especies autóctonas de la zona, pero no todas crecen de la misma manera y en los mismos contextos”, aclara el científico. Por eso, parte crucial del proyecto es evaluar el desempeño de cada una en distintos sectores de la ribera.
El “sauce criollo” se destaca como el árbol ribereño por excelencia en el centro y norte de Argentina, incluido Tucumán. Otra especie que ha mostrado resultados muy positivos en los sitios de estudio es la “tipa blanca”. El equipo también analiza el comportamiento de especies de transición entre las yungas y el chaco, como el “jacarandá”, el “lapacho rosado”, el “sebil colorado”, el “pacará” y el “seibo”, con la expectativa de que se adapten bien a las condiciones locales.
La investigación de Pero representa una herramienta concreta y basada en evidencia científica para una problemática recurrente en la provincia. La apuesta por recuperar los bosques nativos de la ribera se presenta no solo como una estrategia de conservación, sino como una inversión inteligente para proteger el suelo, la producción y las comunidades frente a eventos climáticos extremos.
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