El secreto que florece en la plaza San Martín: el árbol que nació de un recuerdo personal
En una plaza céntrica de San Miguel de Tucumán, un árbol florece cargado de un significado que va más allá de sus ramas. ¿Qué historia íntima y qué lucha por la preservación del patrimonio verde se esconden detrás de este ejemplar?
En el corazón de la plaza San Martín, un árbol de apenas seis años esconde una historia de vida y memoria que pocos conocen. Plantado en 2019 por una mujer en honor a su hijo, este palo borracho se ha convertido en un símbolo silencioso de lo que significa un “árbol notable” para Tucumán.
Alba Herrera Pesoa comenzó a germinar semillas de palo borracho en 2018. Para ella, este acto fue más que un proceso botánico; fue un camino de elaboración emocional. “Desde hace algunos años planto árboles en memoria de mi hijo”, explicó la mujer, quien también es viverista.
Con los permisos correspondientes, en agosto de 2019 decidió plantar uno de esos retoños en el sector de los merenderos de la plaza. El lugar había perdido un antiguo jacarandá y un intento de reemplazo con una tipa blanca no había prosperado. El ejemplar de Alba, sin embargo, encontró allí su hogar.
¿Qué es un “árbol notable” en Tucumán?
El caso de este palo borracho sintetiza el concepto de los “árboles notables”: ejemplares que se destacan no solo por su porte o belleza, sino por el vínculo afectivo que generan. “Lo que los vuelve especiales es la combinación de belleza, valor ambiental y el significado emocional que despiertan”, señaló Herrera Pesoa.
En San Miguel de Tucumán, esta categoría responde a una ordenanza municipal sancionada en 2002, que instaura la elección anual del ejemplar más significativo. Especies como el ibirá pitá, el lapacho blanco, el eucalipto limón y el churqui suelen integrar este grupo, adaptadas al clima subtropical y vitales para los polinizadores.
Pedro Buiatti, presidente de la Sociedad Amigos del Árbol, fundada en 1956, enfatizó la importancia de estas especies: “El árbol en la ciudad no es sólo un elemento decorativo, sino parte de la calidad de vida”. Esta institución, que recientemente cumplió 70 años, promueve el “reverdecimiento” urbano.
Un patrimonio verde bajo amenaza
La preocupación por la conservación de este patrimonio se intensificó tras un hecho reciente: la caída del histórico gomero del parque Avellaneda. Este incidente reavivó el debate sobre el cuidado del arbolado urbano, que enfrenta amenazas como obras públicas mal planificadas y podas inadecuadas.
“Una mala poda o un manejo incorrecto puede volverlos más vulnerables”, advirtió Buiatti. Ante este panorama, los concejales Gustavo Cobos y José María Canelada impulsan iniciativas para crear un registro público de los árboles notables, relevando su estado sanitario y ubicación.
“Necesitamos saber si están en riesgo o si requieren intervención”, planteó Cobos, reflexionando sobre la conciencia que llega tarde: “Cuando desaparecen, recién tomamos conciencia de lo que significaban”.
Más allá de su valor simbólico, estos árboles cumplen funciones esenciales: regulan la temperatura, mejoran la calidad del aire y sostienen la biodiversidad. Son, en definitiva, parte de la identidad tucumana.
Mientras tanto, en la plaza San Martín, el árbol plantado por Alba sigue creciendo. Ya supera en altura a los juegos infantiles y, en época de floración, se cubre de un llamativo tono rosado. Sus ramas, aún jóvenes, comienzan a ofrecer sombra en un rincón de la ciudad, llevando consigo una memoria personal que ahora es parte de la memoria colectiva.
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