El poema de Isabelita, la sierra de Gigli y ocho millones de dólares: la macabra carta que anticipó el robo de las manos de Perón

Un poema de amor partido en tres, una carta con olor a rancio y un rescate de ocho millones de dólares: así empezó el misterio que aún no tiene respuesta. ¿Quién profanó la tumba de Perón y por qué?

Por infotucuman · 02/07/2026 · min de lectura
El poema de Isabelita, la sierra de Gigli y ocho millones de dólares: la macabra carta que anticipó el robo de las manos de Perón

Un sobre con olor a humedad, un poema roto en tres partes y una amenaza escrita a máquina: así comenzó uno de los crímenes políticos más oscuros de la Argentina. El 26 de junio de 1987, tres dirigentes peronistas recibieron una carta que prometía devolver las manos amputadas del general a cambio de ocho millones de dólares. La investigación lleva 39 años abierta y está salpicada de muertes sospechosas.

Los sobres llegaron a Carlos Grosso, Saúl Ubaldini y Vicente Leonides Saadi. Cada uno contenía un fragmento de un poema que, una vez unido, revelaba los versos que María Estela Martínez de Perón había dejado sobre el féretro de su marido en 1974: “Te acuerdas, Juan, / cuando tomados de la mano / recorríamos el jardín…”. La carta que los acompañaba, fechada el 23 de junio, confesaba el macabro hecho: “el grupo al cual represento procedió a retirar o amputar las manos de los restos de quien en vida fuera el Teniente General Juan Domingo Perón”.

La firma era críptica: “Hermes Iai y los 13”. Los investigadores aún debaten si se trataba de una logia esotérica, un grupo de inteligencia o simplemente una broma siniestra.

La noche del 1 de julio: el hallazgo en la Chacarita

Tres días después de las cartas, el sobrino de Perón, Roberto García, encontró la claraboya de la bóveda familiar rota. Faltaban el sable y la gorra del general. El juez Jaime Far Suau ordenó la inspección esa misma noche, al cumplirse el 13° aniversario de la muerte de Perón. Lo que encontraron heló a todos: el ataúd había sido violentado, el vidrio blindado de 8 cm perforado y las muñecas del cadáver estaban seccionadas.

Los peritos determinaron que los profanadores usaron una sierra de Gigli, una maza de medio kilo y una punta de hierro. Habían trabajado al menos dos horas sin ser molestados. Faltaban las manos y el sable; la gorra estaba caída a un costado. Far Suau pidió un minuto de silencio ante el cadáver mutilado.

Muertes, amenazas y expedientes robados

Un año y cuatro meses después, el 22 de noviembre de 1988, Far Suau murió en un extraño accidente automovilístico en Coronel Dorrego. Su auto volcó y se incendió; una carpeta negra con detalles de su entrevista a Isabel Perón desapareció. Su hijastro, Maximiliano Guaita, sobrevivió y años después declaró: “Fue una explosión, como si explotara el calefón de tu casa. Los neumáticos estaban cargados con gas. No fue un accidente”.

El comisario Carlos Zunino, que acompañó a Far Suau en Madrid, recibió un disparo en la cabeza al llegar a su casa, pero sobrevivió. El sereno del cementerio, Luis Paulino Lavagno, apareció muerto con golpes. María del Carmen Melo, una mujer que llevaba flores a la tumba, murió por una hemorragia cerebral tras golpes. Todos los que sabían demasiado callaron para siempre.

En 2008, el juez Alberto Baños, que reabrió la causa, sufrió el robo de tres cuerpos del expediente en su casa de Adrogué. Los ladrones no tocaron dinero ni joyas. Al año siguiente, recibió un pequeño ataúd con una bala y su foto con un punto rojo en la frente.

¿Quién fue el autor intelectual?

El periodista Damián Nabot, en su libro “Perón, la otra muerte”, señaló al mafioso italiano Licio Gelli, jefe de la logia Propaganda Due, como el cerebro del operativo. Gelli había sido condecorado por Perón en 1973. La firma “Hermes Iai” coincidía con sus creencias esotéricas. Sin embargo, Gelli negó todo antes de morir. Otra hipótesis, sostenida por el libro “La profanación”, apunta a los servicios de inteligencia argentinos, que habrían actuado para desestabilizar al gobierno de Alfonsín.

En 2014, el abogado de Isabel Perón, Atilio Neira, afirmó que la CIA tiene archivos clasificados sobre el caso. David Cox, coautor del libro, intentó gestionar su desclasificación, pero hasta ahora no hubo avances.

La causa sigue abierta. Las manos de Perón nunca aparecieron. Y cada 1 de julio, el recuerdo de su última frase resuena con amargura: “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.

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