El plan secreto del ERP en Tucumán: ¿Buscaban crear un país independiente con apoyo de la ONU?

¿Qué objetivo real perseguía la guerrilla del ERP cuando se instaló en el monte tucumano? La historia secreta de un plan que buscaba mucho más que un enfrentamiento armado y que tenía a la ONU en la mira.

Por infotucuman · 23/03/2026 · min de lectura
El plan secreto del ERP en Tucumán: ¿Buscaban crear un país independiente con apoyo de la ONU?

Durante los años 70, la guerrilla del ERP ejecutó en Tucumán una estrategia que trascendía el combate armado: su objetivo final era separar una porción del territorio, consolidarla como una entidad autónoma y buscar reconocimiento internacional, incluso ante la ONU. Este ambicioso proyecto, que convirtió a la provincia en el laboratorio del llamado “Vietnam argentino”, buscaba replicar modelos insurgentes globales y rediseñar el mapa político desde el monte tucumano.

La elección de Tucumán no fue casual. La conducción del ERP, liderada por Mario Roberto Santucho, identificó en la provincia condiciones ideales: una geografía compleja de monte y selva, una alta conflictividad social y una economía devastada por el cierre de ingenios azucareros, que había generado miles de desocupados. El plan consistía en una guerra prolongada de desgaste, inspirada en la experiencia de Vietnam, para acumular poder territorial, político y social de manera progresiva.

¿Cómo planeaban construir un Estado paralelo?

Para materializar esta visión, el ERP desplegó la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. Sin embargo, la estrategia iba más allá de lo militar. Se trataba de construir un poder alternativo que disputara la autoridad del Estado. Esto implicaba acciones concretas para demostrar un control efectivo del territorio: realizaban exhibiciones públicas armadas, utilizaban símbolos propios, reemplazaban la bandera argentina en algunas zonas e intentaban establecer circuitos económicos paralelos.

Esta lógica respondía a una lectura específica del derecho internacional. La dirigencia guerrillera entendía que, para aspirar al reconocimiento externo como fuerza beligerante o eventual entidad estatal, debía cumplir con ciertos requisitos formales: poseer una fuerza militar organizada, símbolos distintivos y una base económica. El objetivo final era declarar una “zona liberada” y presentar ese hecho consumado ante foros globales.

La búsqueda del aval internacional y la advertencia de Fidel Castro

La ONU era contemplada como el escenario clave para legitimar este planteo. El reconocimiento internacional no era solo simbólico; formaba parte de una estrategia para internacionalizar el conflicto, abriendo la puerta a financiamiento, armamento y apoyo logístico desde otros países. En esta búsqueda, Cuba ocupaba un rol central.

La dirigencia del ERP envió representantes a La Habana para obtener entrenamiento y respaldo político, llegando a presentar el plan ante el propio Fidel Castro. El líder cubano analizó la propuesta con atención, interesándose por la geografía y las condiciones sociales tucumanas. Sin embargo, su respuesta fue de cautela, señalando las dificultades prácticas: la importancia de la movilidad, la necesidad de equipamiento adecuado y el riesgo de ser cercados por fuerzas superiores.

Además, un factor político crucial limitó el apoyo: Cuba mantenía relaciones diplomáticas con la Argentina, lo que imposibilitaba un respaldo directo a un grupo armado que operaba contra el gobierno. A pesar de estas advertencias y limitaciones, el ERP decidió avanzar con su plan en el monte tucumano.

El desenlace: el Operativo Independencia y el fin del proyecto

La proyección del plan era expansiva. La idea era que, una vez consolidada la “zona liberada” en Tucumán, el modelo se replicara en otras provincias del norte argentino, para luego avanzar hacia los centros de poder nacional. No obstante, el desarrollo de los acontecimientos tomó otro rumbo.

La respuesta del Estado fue el Operativo Independencia, lanzado en 1975. El despliegue contundente de las Fuerzas Armadas en la provincia, sumado a la falta de consolidación territorial real de la guerrilla, frustró el proyecto estratégico antes de que alcanzara sus objetivos. La “zona liberada” nunca se consolidó y el reconocimiento internacional quedó en una mera aspiración.

A más de cinco décadas, este episodio histórico revela la dimensión internacional y la ambición geopolítica que tuvo la violencia política en Argentina. El intento de crear un “Vietnam argentino” en Tucumán no fue solo una campaña militar, sino un proyecto que buscó rediseñar fronteras y situar un conflicto local en el escenario mundial, con la mirada puesta en organismos como la ONU para lograr una legitimidad que finalmente nunca llegó.

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