El padre de Paulina Lebbos revela el nombre del asesino y denuncia una red de protección política en Tucumán
¿Sabías que el padre de Paulina Lebbos asegura conocer al asesino desde hace 20 años? Las impactantes acusaciones que vinculan el crimen con una red de protección política en Tucumán y los nombres que nadie se atrevía a decir en voz alta.
Alberto Lebbos asegura que lleva dos décadas sabiendo quién mató a su hija y que el Estado lo protegió. A casi 20 años del crimen que conmocionó a la provincia, el padre de Paulina Lebbos formuló acusaciones directas contra César Soto, a quien señala como el autor material, y contra Sergio Kaleñuk, a quien describe como “el hijo del poder” y cómplice principal. Además, denunció una estructura de protección criminal durante la gestión del entonces gobernador José Alperovich.
La noche que todo cambió
Paulina Lebbos desapareció en la madrugada del 26 de febrero de 2006, luego de salir con amigos en la zona del Abasto de San Miguel de Tucumán. Estudiaba Comunicación Social, escribía poesía y era madre de una niña pequeña. Su cuerpo fue encontrado semanas después en la zona de Tapia, a la vera de la ruta.
Lebbos relató que la última conversación con su hija fue minutos antes de la medianoche. Cuando no regresó, comenzó una búsqueda desesperada. La amiga que la acompañaba declaró que Paulina se había separado del grupo para encontrarse con César Soto, con quien mantenía una relación conflictiva.
Las primeras sospechas y una liberación inexplicable
Al día siguiente de la desaparición, el propio Alberto Lebbos fue a buscar a Soto a su domicilio y lo llevó a la Brigada de Investigaciones. “Le dije al jefe: este es el principal sospechoso”, sostuvo. Sin embargo, el joven fue liberado tras una hora y media de demora.
“Podían haberlo retenido hasta diez días. Yo no entendía nada”, señaló el padre. Con el tiempo, esa decisión se convirtió, a su juicio, en la primera prueba de que no se trataba de errores sino de una estrategia de encubrimiento.
Una escena del crimen alterada
Cuando finalmente apareció el cuerpo en Tapia, la escena reforzó sus sospechas. Lebbos describió que no había cintas, no había preservación y la gente caminaba por todos lados. Dijo que hubo discusiones porque pretendían trasladar el cadáver sin asegurar la recolección de pruebas.
“Querían limpiar la escena”, afirmó con contundencia. Desde entonces, sostiene que existió una estructura estatal destinada a proteger a los responsables.
Acusaciones contundentes contra el poder
En su declaración más fuerte, Lebbos señaló: “El principal sospechoso es César Soto, el asesino de mi hija, pero su cómplice principal es Sergio Kaleñuk”. Según su versión, Kaleñuk ocupaba un cargo relevante dentro de la Gobernación y tenía acceso directo a los despachos donde se tomaban decisiones políticas clave.
“Para que se mueva una estructura tan grande de encubrimiento, se tiene que estar protegiendo a alguien muy poderoso”, sostuvo el padre de la víctima. También vinculó esa presunta red de protección con el poder político de entonces.
La visita de Alperovich y una promesa incómoda
Lebbos recordó que durante el velorio de su hija se presentó el gobernador José Alperovich. Relató que el ex mandatario le manifestó que no se preocupara por su trabajo y que seguiría cobrando su sueldo, lo que interpretó como un gesto improcedente en ese contexto.
Con el paso del tiempo, afirmó que la responsabilidad política del ex gobernador fue central para que el caso no avanzara como debía. “Es el principal responsable de que esta situación esté como está”, aseguró.
Juicios, condenas y una justicia cuestionada
A lo largo de estos años hubo juicios y condenas contra ex funcionarios y policías por delitos vinculados al encubrimiento, abuso de autoridad e incumplimiento de deberes. Sin embargo, el homicidio en sí no tuvo una sentencia firme contra un autor material.
Lebbos cuestionó con dureza los juicios abreviados concedidos a algunos imputados. “Es un escándalo jurídico y un pasaporte a la impunidad”, expresó, al considerar que funcionarios públicos involucrados en el encubrimiento de un crimen de esta magnitud no deberían recibir penas condicionales.
Una lucha de 20 años con “heridas de guerra”
Durante estas dos décadas, Alberto Lebbos afirmó haber recibido amenazas y presiones. “Me quisieron quebrar, pero conmigo no pudieron”, dijo. Aseguró que lo sostuvo la convicción de que detrás del crimen hubo algo más que un hecho aislado.
“La impunidad también mata. Y en Tucumán eso se ve todos los días”, reflexionó. Lebbos atravesó internaciones y problemas de salud que él mismo describió como “heridas de guerra”, pero sostuvo que continuará reclamando hasta el final.
“Yo sigo confiando en la República y en que alguien va a hacer lo que tiene que hacer, no como un favor a mí, sino por toda la comunidad”, afirmó. Al cerrar su testimonio, volvió a dirigirse a su hija: “Que la amo y que nunca voy a dejar de luchar por justicia para vos, Paulina. Nunca”.
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