El nombre de un narco internacional resurge en una causa local: ¿qué vínculo tendría con el crimen?

Un testimonio clave conecta a un narcotraficante brasileño de alto perfil con un crimen local. ¿Qué papel jugó en la vida de la víctima y qué revela sobre las redes criminales en la zona? Los detalles que cambiaron el rumbo de la causa.

Por infotucuman · 06/04/2026 · min de lectura
El nombre de un narco internacional resurge en una causa local: ¿qué vínculo tendría con el crimen?

La investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez incorporó un elemento sorprendente: la posible vinculación del narcotraficante brasileño Luiz Carlos da Rocha, alias “Cabeza Blanca”, uno de los criminales más buscados de Sudamérica. Este desarrollo podría ampliar significativamente el alcance del expediente, situando a la provincia como un posible refugio para operaciones criminales internacionales.

Da Rocha, cuya detención en Mato Grosso en 2017 estuvo rodeada de misterio, reaparece en escena a través de testimonios familiares. Mayra Álvarez, hermana de la víctima, aportó detalles que coinciden con investigaciones previas sobre el llamado “Pablo Escobar de Brasil”. Según relató, Érika conoció al hombre bajo otra identidad, pero descubrió documentos con distintos nombres y fotografías que correspondían a la misma persona, incluyendo el de Luiz Carlos da Rocha.

¿Qué se sabe sobre las actividades del presunto narco?

El brasileño fue acusado de liderar una organización que traficaba alrededor de 5.000 kilos de cocaína al año hacia Europa y posiblemente Oceanía. También montó estructuras criminales en varios países, especialmente en Paraguay, donde se lo vinculó con complejas maniobras de lavado de activos.

El relato de la familia describe su comportamiento en la clandestinidad: no tenía residencia fija y alternaba entre distintos domicilios, incluyendo una vivienda en El Cadillal, donde se realizaban reuniones y encuentros sociales con adultos. El abogado querellante Carlos Garmendia habría presentado pruebas de estas reuniones ante la Justicia Federal, con fotografías en las que aparecerían incluso funcionarios policiales de Tucumán y Santiago del Estero.

¿Cómo era su relación con la víctima?

El vínculo no habría sido circunstancial. La familia aseguró haber compartido con él un encuentro en junio de 2024, cuando invitó a allegados de Érika a celebrar su cumpleaños en la casa de El Cadillal. Según el testimonio, el hombre participó activamente, realizó compras, organizó un asado y se mostró cercano, aunque mantenía comunicaciones frecuentes en otro idioma, presumiblemente el que se habla en Paraguay.

Mayra sostuvo que “Cabeza Blanca” mantenía económicamente a su hermana, aunque con restricciones cuando detectaba que el dinero se destinaba al consumo de drogas. Afirmó además que, si bien le proporcionaba marihuana para consumo personal, no la utilizaba como intermediaria para el transporte de estupefacientes.

¿Qué revelan las investigaciones sobre su apariencia?

Las investigaciones brasileñas habían determinado que Da Rocha se sometió a múltiples cirugías estéticas para evitar ser identificado. Sin embargo, según el testimonio familiar, su apariencia no evidenciaba signos notorios de intervenciones, aunque sí llamaba la atención su aspecto juvenil para alguien que rondaría los 60 años.

¿Hay conexiones con otras actividades delictivas?

El entorno de la víctima también incluyó conexiones con actividades económicas vinculadas al lavado de activos. Según la declaración, fue presentada al supuesto narco por un hombre llamado Omar, relacionado con operaciones con criptomonedas, quien incluso habría financiado viajes a Buenos Aires. Este dato cobra relevancia en paralelo a una investigación federal encabezada por el fiscal Agustín Chit, en la que se analiza una presunta red de lavado de dinero para el Comando Vermelho, organización criminal brasileña.

Otro testimonio incorporado a la causa menciona que el entorno de la víctima estaría vinculado al traslado de grandes cargamentos de droga mediante vuelos clandestinos, con aterrizajes en campos de Tucumán y Santiago del Estero. Aunque esa versión fue inicialmente relativizada por tratarse de una persona con problemas de adicción, los dichos de la hermana de Érika reforzaron la hipótesis de una estructura delictiva más amplia.

Según su relato, la joven participaba de encuentros donde se concretaban “negocios pesados” y advertía a su pareja sobre posibles traiciones. “Cuando algo le daba mala espina, se lo decía y él le hacía caso”, afirmó. Esa dinámica, sostuvo, habría generado conflictos y enemigos, lo que derivó en que el propio Da Rocha dispusiera medidas de protección para ella.

A casi tres meses del crimen, la investigación avanza sobre múltiples líneas que podrían transformar el caso en un punto de inflexión para el análisis del narcotráfico en el NOA. La eventual presencia de figuras vinculadas a organizaciones criminales internacionales abre interrogantes sobre el alcance real de estas estructuras en la región y el grado de penetración en distintos ámbitos.

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