El negocio ilegal de la hoja de coca se industrializa y elige a Tucumán como su centro nacional
El comercio ilegal de hoja de coca se transformó en Tucumán: de práctica marginal a negocio masivo con marketing en redes, logística nacional y ganancias millonarias. La Justicia intenta frenar su expansión.
El comercio clandestino de hoja de coca mutó en Tucumán hacia un mercado masivo con logística propia, marketing en redes y distribución a más de una decena de provincias. Lo que era una práctica marginal hoy mueve miles de millones, desafiando a la Justicia con una estructura sofisticada que aprovecha un vacío legal de décadas.
El comisario Jorge Nacusse, jefe de la Dirección General de Drogas Peligrosas, marcó el contraste. “En los años 90 secuestrar tres kilos era un logro. Hoy hablamos de cargamentos mucho mayores”, señaló el oficial. Su percepción coincide con la de referentes sociales que observan un cambio abrupto en la disponibilidad y presentación del producto.
Un vacío legal que alimenta el negocio
El núcleo del problema es una contradicción normativa que persiste desde 1978. Mientras el consumo personal está permitido desde fines de los 80, un decreto de la última dictadura militar prohíbe la producción, importación, transporte y comercialización. Este vacío legal es el caldo de cultivo perfecto para el circuito ilegal que hoy opera a escala industrial.
Solo durante 2025, en la provincia se secuestraron más de 16.000 kilos de hojas con destino a Tucumán y a otras 13 jurisdicciones del país. Los especialistas estiman que esa cifra de incautaciones podría representar apenas el 30% del total que ingresa por contrabando. El potencial de ganancias de este mercado subterráneo rondaría los $1.500 millones.
De la hoja suelta al producto “gourmet”
El crecimiento modificó radicalmente el perfil cultural del consumo. Luis Martínez, un referente social, lo graficó: “Antes era difícil conseguir y se compraba lo que había; ahora se vende en cualquier lado y hasta se puede elegir”. La práctica, antes asociada a sectores específicos, hoy aparece naturalizada en reuniones sociales y eventos nocturnos.
El mercado respondió con una oferta diversificada. Ahora se ofrecen hojas saborizadas, seleccionadas y presentadas casi como un producto gourmet. Junto a ellas, floreció un “ecosistema” completo de accesorios: bicarbonatos saborizados, yista con bajo sodio, estuches de cuero y recipientes artesanales. Los precios de estos kits pueden superar los $25.000.
Marketing ilegal y logística nacional
Las investigaciones judiciales, en el marco del Operativo Lapacho, detectaron un despliegue comercial inédito. Distribuidores con base en Tucumán utilizan redes sociales para promocionar marcas registradas, exhibir vehículos de alta gama e incluso ofrecer franquicias de venta en todo el país. En algunos casos, se identificó el uso de promotoras en bares y eventos para posicionar el producto.
“Hay una estructura organizada que combina logística, marketing y distribución, todo dentro de un esquema completamente ilegal”, advirtió un funcionario con acceso a la pesquisa. La mercadería ingresa mayoritariamente desde Bolivia, aunque en plataformas digitales también se publicita producto de Perú y Colombia, posiblemente como estrategia para elevar precios.
Tucumán, centro estratégico de acopio
Las autoridades judiciales sostienen que la provincia se está consolidando como un centro estratégico de acopio y distribución a nivel nacional. Los envíos se camuflan en cajas de otros productos para eludir controles y llegar a destinos como Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Corrientes, San Juan, Río Negro y San Luis.
Mientras el consumo continúa creciendo y el mercado se vuelve cada vez más visible, la Justicia enfrenta el desafío de intervenir en un negocio que combina una amplia aceptación social, vacíos legales históricos y una estructura ilegal cada vez más profesionalizada y difícil de desarticular.
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