El misterioso heredero de una fortuna millonaria fallece tras una vida de batallas judiciales
¿Qué secreto guardaba un papelito escondido en una Biblia durante décadas? La increíble historia del hombre que luchó contra todo para reclamar su lugar como heredero de una de las fortunas más grandes del país, en una batalla llena de ADN, juicios y misterios familiares.
Una vida marcada por el secreto y una lucha de décadas por un apellido llegó a su fin. Manuel Maidana, quien pasó más de 30 años en los tribunales para ser reconocido como hijo del terrateniente Juan Feliciano Manubens Calvet, murió en Posadas a los 72 años. Su historia, tejida entre los Esteros del Iberá y una herencia de 400 millones de dólares, es un laberinto de documentos dudosos, pruebas de ADN fallidas y una absolución final que le permitió acceder a una porción de la inmensa fortuna.
Su deceso se produjo debido a complicaciones derivadas de una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y Alzheimer, según confirmó uno de sus hijos. Aunque nunca reveló el monto exacto, se supo que finalmente accedió a cobrar una parte de la herencia del magnate cordobés, que falleció en marzo de 1981 sin descendencia oficial.
¿Un secreto guardado en una Biblia?
Manuel nació en la estancia Santo Domingo, propiedad de la familia Patri Cremonte, un lugar frecuentado por Manubens Calvet. Su madre trabajaba allí como cocinera. “La única constancia que tengo de quién era mi padre es una inscripción en la parte posterior del papelito que el Registro Civil entregaba al momento de registrar los nacimientos. Ese papel siempre estuvo guardado en una Biblia o en un diccionario”, recordó en una entrevista.
Vivió en la estancia hasta los cinco años, pero luego tuvo que irse. “Después tuve que ir a vivir con mi abuela porque los patrones no querían que las empleadas tuvieran a sus hijos”, contó. Cada vez que le preguntaba a su madre sobre el terrateniente, ella le respondía en guaraní: “Con el tiempo vas a saber…”.
El largo camino judicial lleno de obstáculos
La chispa de su búsqueda se encendió escuchando la radio. Un día de junio, oyó que una mujer paraguaya había sido detenida por hacerse pasar por hija de Manubens Calvet. “Ahí relacioné todo”, dijo. Así comenzó su cruzada legal, de la mano de su ex maestro y luego abogado, Argentino Consiglio.
En 1999, presentó ante un juez de San Luis un acta donde Manubens Calvet lo reconocía como hijo, logrando cambiar su apellido. Sin embargo, en 2008, un estudio de ADN descartó cualquier vínculo genético con la familia, algo que Manuel siempre atribuyó a una adulteración de las muestras.
La pelea le costó incluso ir a juicio. En 2011, la Justicia Federal lo condenó a tres años de prisión en suspenso por falsificación de documentos, una sentencia que finalmente fue anulada por la Cámara de Casación, que lo absolvió.
El epílogo y la sombra del terrateniente
La batalla parecía interminable hasta que, en 2020, los sobrinos de Manubens Calvet decidieron incluirlo en el reparto de los bienes. Se estima que habría recibido alrededor de 5 millones de dólares, una cifra que él nunca confirmó.
Juan Feliciano Manubens Calvet, por su parte, fue un hombre descrito como frío, silencioso e implacable, obsesionado con el dinero. Se dice que era estéril, pero tras su muerte aparecieron varios pretendientes a su herencia. Sus últimos días los vivió encadenado a una cama, acusado de reducir a la servidumbre a los peones de su estancia Pinas, en Cruz del Eje, Córdoba.
El reparto de su patrimonio requirió más de 150 audiencias. Los herederos, incluido Manuel, finalmente recibieron un 35% de la fortuna, ya que el resto se destinó a pagar gastos e impuestos. La historia del heredero que reconstruyó su identidad a fuerza de persistencia y paciencia judicial finalmente se cierra.


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